Concurso Enero – La sombra dorada – Participante 17

Concurso Enero – La sombra dorada – Participante 15

EL ESPÍRITU DE PAPÁ

Estaba rodeado de su mujer, sus dos hijos y el párroco del hospital, ya le habían comunicado que su muerte iba a ser lo más rápido plausible, le habían puesto la cantidad de morfina suficiente para que su muerte fuera lo menos dolorosa viable, acababa de recibir la extremaunción por parte del prior además de recibir su última confesión. No había otra solución el cáncer de pulmón le fue consumiendo poco a poco, hasta que la metástasis que padecía se fue extendiendo cada vez más y más, él siempre quiso morir rodeado de su familia más cercana, y ahí estaban todos.

_Anda José Carlos, acércate –dijo el padre de familia con la voz delicada y débil- me gustaría hablar contigo ahora que vas a ser el jefe de familia.

El chico se acercó a la cama y se sentó junto a su padre.

_Dígame padre ¿qué es lo que quiere?, haré todo lo que me diga.

_Primero me gustaría que cuidaras mucho, mucho a tu madre, ya sabéis que es la primera y única heredera, me entiendes ¿no?

_Claro padre es algo que ya lo tenemos hablado desde hace mucho tiempo, y no la faltara de nada estese tranquilo por eso –José Carlos, desde que cumplió dieciocho años, siempre trataba a su padre de usted, no porque se lo hubieran inculcado, sino porque siempre pensó que era un trato de mucho respeto, y a pesar de que como en todas las familias siempre hay alguna redecilla él siempre lo hacía, el futuro difunto continuo-.

_Igualmente me gustaría que te acordaras que tienes a tu sobrino Pablo, que además es tu ahijado, cuídamele por favor, y quiero pedirte disculpas por…

_Calle, calle padre, que está todo perdonado, yo no me acuerdo de nada malo –dijo el chico, creía que no era momentos de disculpas para nada- Natalia también quiere tiempo para hablar con usted.

Natalia era la hija pequeña, la madre de Pablo y la menos habladora de la familia, se acercó a la cama a la vez que José Carlos se separaba.

_Papá, que te quiero mucho y no me olvidaré nunca de ti.

_Ya lo sé mi niña pequeña, me hiciste muy feliz al hacerme abuelo cariño, es lo más grande que me has dado, cuídale como una gran madre.

_Tranquilo que eso haré, que no te quepa la menor duda –Natalia se separó de la cama, girando un poco la cabeza para que su padre no viera como de sus ojos salían varias lagrimas que recorrían sus mejillas con gran rapidez, y llegó el turno de su querida mujer, la cual no se sentó, sino que se tumbó junto a él.

_Cariño, ¿recuerdas cuando nos conocimos?

_Claro que sí amor, no quisiste bailar la primera vez que te lo pedí, pero me di cuenta de que te estabas haciendo la estrecha e insistí, a la segunda me dijiste que sí.

En ese momento las fuerzas del padre empezaron a flaquear, cuando su mujer en su pecho la cabeza apoyo haciendo notar esa diadema dorada, que el primer día que se conocieron llevaba.

_Correr, correr llamar al médico, que vuestro padre se está yendo.

Eso es lo que los hijos hicieron y rápidamente llego el doctor, mirando al paciente y haciendo un gesto de negación, como si todo se estuviera acabando, se acercó al paciente y dijo.

_Se está terminando –con el sonido del monitor de signos vitales haciendo tic, tic, tic, cada vez más lento, hasta que hizo un ticccccc, continuado, el asunto había terminado, la vida se había acabado.

De repente el padre sintió como si una sombra saliera de él, y efectivamente, era su propio espíritu que divisó su mismo cuerpo tumbado en la cama junto a el doctor cerrándole los ojos con las manos y más separados a su familia agarrándose todos juntos sin dejar de llorar…

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Concurso Enero – La sombra dorada – Participante 14

Cuando desapareció su olor, cuando los armarios dejaron de devolvérselo, cuando la ropa de cama empezó a oler al jabón y a nada más, le odió aún más. Se había ido sin avisar, sin despedirse, sin decir nada. Ahora la desaparición paulatina de su olor venía a recordarle una vez más la sombra de su ausencia.

Y volvió a odiarle. Le odió como odiaba que le hubiera mentido diciéndole que iba al trabajo y que le hubiera hecho creer que su vuelta sería a la hora habitual. Como odiaba el recuerdo de aquella dorada mañana en la que cerró la puerta y no dijo que no volvería a abrirla al atardecer como hacía cada día. Como odiaba aquella voz – que no era su voz – que le confirmó que se había ido para siempre, negándole así despedirse, o enfadarse con él. O gritarle que no se fuera, que no la dejara sola.

Hacía años habían prometido emprender juntos un viaje para toda la vida y en aquel trayecto en coche hacia el trabajo, él  había roto su promesa yendo hacia el único lugar al que ella no podía acompañarle.

Se había ido sin avisar y tan rápido que había dejado olvidado su olor por la casa. Ese olor ahora se estaba marchado también. Y entonces comprendió realmente que la muerte se lo había llevado.

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Concurso Enero – La sombra dorada – Participante 13

Sobrepasó La Medida De Jameson

«¿Jura o promete decir la verdad?»
«Prometo»
«De qué conoce vd. a la acusada?»
«Tenemos una relación de varios meses»
«¿Pero vd. vive en España, y la acusada en Uruguay»
«Cierto, señoría. La relación es a través de nuestros escritos»
«¿O sea, que no la conocía vd.?»
«No diría yo tanto, señoría»
«En fin. Según el atestado de los Carabineros, usted estaba presente en la noche de autos. Confirme o desmienta los siguientes hechos:
La acusada había subido a la jaula donde se halla el disc-jockey, y al grito de «!!funky maricón¡¡» le desalojó de dos contundentes empellones, con muy mala sombra, comenzó a lanzar quince o veinte LP de vinilo a la concurrencia como si fueran un fresbee, y una vez hecho esto, colocó el conocido tema Blitzkrieg Bop de Ramones a la máxima potencia que daba el equipo de sonido de la discoteca, se despojó de la mayor parte de las prendas que llevaba por encima de la cintura, agarró las botellas de cava que se encontraban en la barra, empezó a descorcharlas agitándolas y proyectando el líquido de su interior a la pista de baile, lo que ocasionó que la gente se agolpara en la zona más próxima a la cabina, con la boca abierta, a ver qué eran capaces de pillar. Posteriormente comenzó a lanzar su camiseta dorada, jersey y ropa interior hacia la pista, iniciando sensuales movimientos alrededor de una imaginaria barra vertical, armada de sendos cubitos de hielo con los que iniciaba, digamos una exploración alrededor de su cuello y su torso, para posteriormente sacudir por los pelos a los asistentes varones que se acercaban por encima de la protección de la cabina para acceder a la misma, sustituir a los Ramones por el Numerao de José Luis Rodríguez «El Puma», provocando una coral reacción de los asistentes, que iniciaron sincrónicos movimientos de cadera a modo de coreografía de la canción y arrancando los elementos ornamentales de la discoteca para confeccionar caseras pelucas similares a la cabellera del cantante venezolano, que intentaron colocar a los agentes de los carabineros cuando acudieron a poner orden en tamaño desenfreno, con el fin de que colaborasen en la coreografía, para lo cual procedían a despojarles de sus almas reglamentarias.

«Todo es cierto, señoría, pero tiene una sencilla explicación»
«La espero con ansiedad»
«Señoría, excedió su justa medida de Jameson»

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Concurso Enero – La sombra dorada – Participante 12

¿CULPABLE O INOCENTE? ─Júzgalo tú─

Dorada era la tarde de aquel tenebroso día. Lo vi allí, tirado, y de pronto, parecía un animalito asustado. Los rayos candentes del sol de mediodía caían como dardos hirientes sobre su angustiada cara, y así  como se refleja la luz sobre las aguas, reproducían  en su sudado rostro su sombra dorada. Sus ojos lagarteados, me miraron fríamente, quizás en su último hálito  de vida; pero pude notar en aquellos ojos sin ternura una chispa de agradecimiento por tanto interesarme en sus andanzas.

Allí, tirado, de espada contra el suelo, se veía más pequeño que nunca. Su cuerpo se agitaba entre jadeantes suspiros apenas perceptibles. Su pequeño cuerpo, que no llego a crecer lo necesario, por falta, quizás, de los nutrientes imprescindibles, porque en él solo creció el abandono, la miseria  y el dolor… y quizás, la rebeldía; sí, la rebeldía que lo hizo muchas veces defenderse como fiera, cuando por la indignidad y las injusticias era acosado, o abusado otras veces. Hombre antes de tiempo, pues debía procurarse su sustento y cubrir sus necesidades de la manera que le fuera posible, debido a la falta de la protección paterna y del cuidado materno en la difícil etapa de su niñez.

Consejo, no le falto nunca, pero quizás le falto el consejo más importante ─el consejo de la madre─, ese que llega hondo en cualquier tiempo y siempre llega; más, él jamás lo tuvo. Ella no se ocupó de él, nunca le importo su destino,  aun sabiendo que su apoyo era imprescindible para que creciera como un hombre correcto. ─Es duro de seso─, siempre dijo, y lo abandono a su suerte desde muy chico.

─ ¡Era apenas un niño, Lo mato la inclemencia de la vida!─, comentaba el gentío que se iba aglomerando consternado, alrededor del cadáver.

Con el llanto contenido  y el rostro ensombrecido por la pena, pregunte: ─ ¿Cómo sucedió?─ Alguien del público expectante parado frente a mi  contesto en tono quedo: “Fue sorprendido sustrayendo pan en el supermercado de la esquina y los guardianes lo persiguieron por las calles”.

Alguien más del público comento: “¡Pobre muchacho, corría tan agitado con la boca llena y el resto del pan apretado fuertemente en la mano!”. Entonces,  alguien más del público exclamo con dolor: ¡Oh, que horrible, tenía hambre!

─Sí, contesto el primero, tenía hambre cuando la bala ciega del enfurecido guardián atravesó su corazón. ─ ¡Miren cómo cayo, con el pan en la mano y el bocado atragantado en su garganta!─

─ ¡sah, Pobre chico abandonado!─, exclame con tristeza mientras me volvía a mi interlocutor─ Y ahora, yo te pregunto: ¿Fue culpable o inocente?──Júzgalo tú─

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Concurso Enero – La sombra dorada – Participante 11

El Hombre Vestido de Armani

Desciendo al primer piso con rapidez, tengo el tiempo contado para llegar al trabajo, preparo mi taza con café como de costumbre y enjuago la cucharilla de plata dejando caer un chorro de agua escuálido sobre ella. Veo por la ventana que las primeras camelias plantadas en el jardín tienen algunos retoños nuevos. Me las trajo Gideon, se ven hermosas – me digo y sonrío – Un rayo de luz delgado como un hilo, se escurre a través de ella iluminando la taza dorada que me regalaron días atrás en la oficina.  Se forma una sombra multicolor sobre el mesón por el golpe de luz que se escabulle, sobre esa mancha me reflejo yo también.  Miro el reloj, -todavía estoy a tiempo– pienso.  Procedo a tomar el café y cuando trago el primer sorbo revisando la correspondencia, un olor nauseabundo aparece en el ambiente, es tan fuerte que caigo de rodillas vomitando un líquido verdoso, agrio y salado que sale a bocanadas.

Me siento perdida, no sé qué me pasa, siento que mi cuerpo se desvanece y flota. El tiempo parece detenerse de modo indefinido cargándome y envolviéndome en un túnel frio. Despierto en mi cama, no sé cómo llegué a mi recamara, solo sé que estoy aquí y que sentada frente a mí esta una figura de cabellos blancos y mechones azules, una figura femenina de piernas largas que emite un canturreo penoso.  Sé que estoy en mi apartamento, todo sigue como la noche anterior, mis libros sobre la mesa de noche, mi pijama en el suelo, la pintura en la que estaba trabajando sigue ahí, en su lugar.  Puedo ver que todo, absolutamente todo está en el mismo sitio como cuando desperté en la mañana para ir a trabajar.

Miro con asombro y pánico a esa mujer inmóvil que tararea, hay algo en ella que me parece familiar y me provoca tal pavor que se me eriza la piel.  La mujer   me mira pero, en su rostro no hay   expresiones. Empiezo a temblar, mi cuerpo se sacude de a poco y luego cada vez más fuerte sin poder controlarlo, observo cómo mi vientre crece sin explicación alguna.

Siento un algo dentro de mi cuerpo, ese algo en mis adentros comienza a morderme las entrañas, advierto sus uñas puntiagudas hiriéndome y pateando con fuerza como queriendo romper el cascarón que lo   sofoca. El dolor es insoportable, de mis piernas chorreaba un río gelatinoso y sanguinolento. Yo grito, mis gritos desorientados parecen no tener resonancia o, al menos parecen no perturbar   a la mujer   que sigue inmóvil a mis pies, en la misma posición, sentada con sus ojos clavados en mi cuerpo deforme. Pido ayuda, lloro, me retuerzo en la cama pero mi cuerpo está pegado como un imán, mis caderas se ensanchan, los huesos crujen cric crac, cric crac a medida que ese algo trata de salir al mundo. Sudo, mi sudor es un caudal pesaroso que se invade toda mi piel, mis órganos se descuelgan de a pedazos por el dolor, -eso creo– , de pronto mi respiración se anuda en un solo pujo involuntario expulsando un cuerpo cetrino, de ojos grises que rápidamente se escurre como una babosa. Los    chillidos ensordecedores me aturden, pero bajan su tono cuando ese ser inalterable de piernas largas sentada a mis pies lo envuelve con unas sabanillas que ha sacado del bolsillo de su vestido. Estoy petrificada por el miedo y el cansancio, percibo un vaho a manglar recorre la estancia y las náuseas se apoderan de mí otra vez, sin embargo no puedo expulsar nada, son solo arcadas, son continuas y en intervalos traen consigo otro olor, uno que me recuerda a Gideon, el hombre seductor, de sonrisa blanca, grande, de nariz recta, de manos suaves y piel mediterránea que se viste de Armani y que lleva meses pasando una noche si y otra no conmigo.

 Su olor es ese, olor a dulce y a sal, olor a raíz, a aroma tropical, a nostalgia y a ansiedad.  Pero de dónde viene?, de mis sábanas?, de mis pijamas?  –me pregunto desorientada entre la conmoción de mis pensamientos-

La mujer de cabellos blancos y mechones azules ha dejado a ese algo que salió de mi sobre el sillón de tapiz bizantino al otro lado de la habitación, lentamente   se acerca a mí , se acerca tanto que posa su boca se en mi boca . El sabor de sus labios son los de Gideon, cierro los ojos y lágrimas robustas corren por mis mejillas, trato de respirar calmadamente pero no puedo. He  cerrado  los ojos para comprobar que estoy soñando, lamentablemente cuando vuelvo a abrirlos me miro en la vista de lince amarilla de mi amante ocasional. – Me estoy volviendo loca, es una pesadilla me digo a mi misma – Ella, se pega a mi como una sanguijuela,   siento su aliento hueco y caliente mientras mi corazón se comprime secándose como una uva al sol. No tengo el valor suficiente para separarla de mí,    me doblego ante su fuerza invisible.  M e dejo ir hundiéndome en mis pensamientos, hundiéndome en mi sombra multicolor reflejada en el mesón y mi taza dorada con café humeante.  Los labios extraños se alejan y a medida que me vuelvo más liviana, una voz conocida me susurra – gracias, me has regalado tu alma y un hijo – . En mi último aliento, ya sin fuerzas, observo Gideon vestido de Armani, llevándose a la criatura cetrina y chillona despidiéndose a la distancia con aquella mirada impenetrable y misteriosa que me conquisto.

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Concurso Enero – La sombra dorada – Participante 10

DEBO LLEGAR ANTES

Me acecha, me persigue, sé que está ahí pero no veo a nadie. Voy calle abajo apretando el paso, no puedo permitir que llegue antes, sería un fracaso para mí.
Las calles están muy húmedas al amanecer. Estar al lado del mar hace que la sensación de frío aumente, pero tengo que seguir, debo andar más rápido.
Al cruzar una bocacalle veo un destello, me paro y vuelvo atrás, miro bien y veo a lo lejos lo que parece la cúpula dorada de la Catedral y tomo esta nueva calle, ese es mi objetivo, debo llegar el primero.
Continúo por la calle que ahora sube con algo de pendiente, ya voy corriendo, el corazón se me sale, pero no puedo parar. Presiento algo detrás, una presencia conocida, me siguen. Me paro en un soportal, acalorado, tratando de relajar la respiración, miro atrás y nada, no viene nadie.
Sigo la marcha, comienzo a correr de nuevo, ya está cerca, muy cerca, tengo que llegar
primero. Ya casi sin fuerzas llego a la plaza y creo ver algo en la puerta de la Catedral, ¿será ella?, ¿habrá llegado antes?
Rápidamente me acerco, no hay nadie, subo las escaleras que dan a la gran puerta de entrada, ya casi la toco, estoy a punto de entrar, pero antes me paro, me vuelvo y miro atrás, sigo notando su presencia pero no veo nada ni a nadie, solo al Sol que me deslumbra.
Sin más dilación empujo la gran puerta y entro, la vista es espléndida y otra vez he llegado el primero. En este juego, mi sombra siempre me persigue, pero siempre llego antes que ella.

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Concurso Enero – La sombra dorada – Participante 9

Locos

Entre tu risa y tu locura puedo encontrar al menos mil quinientas formas de perder la cabeza. Me es tan fácil perderme frente al halago impredecible de un loco. Me es tan fácil perderme cuando los ojos de un loco se posan y se arraigan por algunos segundos a mis ojos propios. Me es tan fácil quedarme inmóvil al momento exacto en que un loco pronuncia mi nombre.
Puedo pasar siglos mirándote a la cara, esperando que alguna causa provoque en tu ánimo las ganas de reír. Alguna causa ajena, pues mi cordura no es digna de tu risa. Y en esos momentos, mientras estás riendo, alguna fuerza que no me pertenece rompe con violencia el paso del tiempo, y ahí me quedo yo, en un tiempo muerto, fuera de todo contexto, contando tus dientes uno a uno, buscando tus pupilas asomadas tras tus párpados casi cerrados, escuchando tu risa salir por cada uno de tus poros. Y yo, inmóvil, fría, oscura, insípida. Yo, tapada acaso por mi propia sombra, inundada de esa risa dorada que empapa el aire y que no dejo que me toque por no contaminarla.
No es cualquier loco. Se trata de vos. No podría nunca hablar de cualquiera. Sos vos ese loco y nadie más, mi loco, tan poco mío en realidad, y tan loco. Sos imposible de atrapar porque volás en tu locura por un aire tan limpio que sólo vos podes tocar. Sos imposible de tocar, mi loco, tu cuerpo no soporta materia tan pesada como la humana. Vos no sos humano, no. Vos sos tanto más… porque estás loco.
No puedo entender cómo esa locura, que es tan perfecta, que es tan del cielo y el infierno a la vez, que es tan hermosa, tan loca, no entiendo cómo esa locura te permite pararte frente a mí y dejar que me mires y que a mí me llames loca. Y que esperes a verme reír, para contar mis dientes uno a uno, para buscar mis pupilas tras mis párpados casi cerrados, para escuchar mi risa salir por cada uno de mis poros.

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Concurso Enero – La sombra dorada – Participante 8

En la sombra jadeaba la mujer,
escudriñó la noche, aguzó el oído,
todo permanecía sereno, más tranquila
la guerrera siguió andando buscando
la oscuridad de la noche.
Lleva a fuego marcadas todas las batallas,
la sangre derramada defendiendo
a los suyos.
Mujer de luna, de armadura dorada,
había sido capaz de vengar la caída de
Fezzan su pueblo. Jamás volvería a ocurrir,
ella era «La Guerrera«.

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