Hello? Is there anybody in there?

Nunca fui de tener el sueño muy liviano, al menos no tanto como para que los propios ruidos de la casa me despertaran. A decir verdad el único sonido que era capaz de reconocer entre letargos, era el tic tac del reloj, ese sonido cíclico que obviamos durante el día y que en la noche se nos hace horriblemente frecuente.

La primera vez que sucedió admito que no me simpatizó la sensación, aunque también reconozco no tener recuerdos vívidos de lo ocurrido, y que mi imaginación, podría estar haciendo algún que otro estrago por simple pretensión; que a pesar de abrir los ojos en la oscuridad, y de observar la puerta a través de mi inconsciente, todas las noches, desde esa noche, su voz me dice: “Hola, hola, hola”.

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Pink Floyd – Comfortably numb

God Save The Bus

Sé que la gran mayoría no va a concordar conmigo, pero bueno… es lógico, ¿a quién mierda le puede parecer bueno tomarse el autobús? ¡Y a diario! Para ser sincera, creo que a varios, hay mucho masoquista suelto.

Pero en serio me gusta y no lo digo deliberadamente, tengo mis razones y ninguna de ellas es la envidia. No, no los envidio por sus autos cinco puertas… birrodados, monociclos u etc. Ahora, tampoco les tengo lástima porque no anden en autobús durante tres horas de lunes a viernes, en pleno verano cuando sube la horda de hippies que rechaza el desodorante o durante el invierno cuando las ventanas permanecen herméticas en presencia de cincuenta y nueve personas fermentando calor dentro del ecosistema cerrado. ¡Oh yeah!

Lo que quiero decir primero que nada, es que espero que nadie me culpe por haber vendido su automóvil y volver a viajar en autobús luego de la siguiente desorbitante opinión.

Volviendo al tema. Tengo dos argumentos por los cuales me declaro a favor del uso del transporte público: el primero es que sirve como termómetro social, y el segundo es que refuerza el sistema inmunológico. ¡Eureka!

Argumentando desde el final. Pruebas empíricas han dictaminado que me enfermo el doble de veces que cuando no lo usaba, aunque considerando factores como: el período de exposición a los gérmenes y la diversidad de bacterias presentes en un mismo ambiente… estadísticamente hablando, si antes me enfermaba una vez por año y hoy en día dos, eso quiere decir que tengo un sistema inmunológico ciertamente envidiable, alcanzado técnicamente, por las largas horas de exposición sobre el transporte público.

Pero el mayor provecho a este padecimiento placentero se ve reflejado en lo que yo llamo termómetro social y que me sirve como estudio antropológico para los artículos de este blog. Por ejemplo, existe una relación directa entre el cobro de haberes y el humor de los usuarios; si la gente está agresiva y despotrican los unos contra otros, seguro estemos a fin de mes y los billetes escaseen; si la gente está feliz, lo más probable es que acaben de cobrar el sueldo y ahí es cuando les importa un carajo qué aliento o posible flatulencia pulule a su alrededor; si están indiferentes, seguro hayan subido el precio del boleto y estén tratando de hacer un esfuerzo para ignorarlo (al boleto y a todo el mundo); y por último, si están sumamente condescendientes, en el peor de los casos sea porque perdimos en el mundial o algo por el estilo… o al menos así pasa en mi país.

¡Ah! Y además la mayoría de las entradas nacen allí, en la segunda hilera de asientos laterales, el mejor lugar para estar de frente al problema (la gente) y el peor para viajar alcoholizado.

 

Más que nunca

Estuve sufriendo tanto dolor, durante tantos años; acostumbrada, resignada, consumida, sumergida en tu odio, presa de tus prejuicios, tus caprichos.

Eterna y joven.

Me hiciste víctima de tus debilidades, creyendo que me salvarías de tu abismo cuando en realidad me lo heredabas.

Hoy, aún en cadenas, me alejo, me arrastro y sangro, sin culpa pero con pena. Buscando raíces, desenterrando pasados que quedaron en el olvido, pero que siempre fueron míos.

Consciente, sola y más muerta que nunca.

Comerse los mocos: una solución monetaria

La última vez que llevé a mi hijo a control, el pediatra me rezongó delante de él por no permitirle que se hurgara la nariz y se llevara los mocos a la boca.

Resulta que el médico terminó dándome cátedra sobre lo saludable de que el niño adquiriera esa desagradable costumbre que tanto tiempo me había empeñado en corregir, alegando que los mocos previenen las caries, refuerzan el sistema inmunológico y sirven como asistente contra las úlceras… ¡Cómo si yo tuviera que saberlo! Inaudito…

Ahora no solo he perdido toda autoridad de decirle a mi hijo que no se saque los mocos, sino que también tengo que incitar a que se los coma… Es que tampoco quiero tener que gastar una fortuna en el dentista.

 

Sam

Sam había nacido con el fin de la dictadura, acunada entre una familia terriblemente dura.

Sam creció en silencio, en un barrio desierto de juventud, condenada a la soledad.

A Sam nadie le había enseñado a ser bella, aunque había desarrollado múltiples talentos gracias a su reflejo en el espejo, pero había aprendido a ocultados, a engañar a la sombra de sus ancestros, a esconderse de sí por el bien de ella misma.

A Sam no le importaba ser especial, ya no.

La multitud que antes anhelaba, ahora era un estorbo. Estaba cómoda en su mundo cuando estaba sola, y cuando no, trancaba su palacio y salía en cuclillas, con las medias sucias y la cara enardecida.

Le dijeron, por su bien, que al salir debía apagar las luces, y aunque Sam tenía miedo… aceptó. La oscuridad, de a poco fue invadiendo su palacio, su mente, sus ganas.

Sam se ocultó detrás de sus monstruos, que ni siquiera eran de ella, y Sam se durmió.

Tu mochila es mía

24/03/14: Hoy el dolor es fuerte. Me gustaría desaparecer. No quiero hablar con nadie. No quiero sentir nada.

16/05/14: Ya no duele tanto pero igual me pesa. Siento que nunca voy a poder salir adelante. Me siento tan estúpida.

12/12/14: Me anima que lleguen las fiestas. Aún sigo pensando en ello diariamente, pero al menos me siento viva.

23/04/15: Estuve a punto de cometer un error. Si no encuentro las fuerzas en mí, tengo que buscarlas en algún lado. Me siento sola.

14/12/15: Creo que por fin estoy empezando a sentirme mejor. Me parece mentira.

13/11/16: Querido diario, hoy puedo decir que me siento bien. No olvidé, pero el peso se hace más ligero. ¡Al fin estoy haciendo cosas nuevas! Fue buena idea apuntar esto.

No importa cuánto te tome, hacelo a tu tiempo.

 

Una elección madura

Estaba desahuciada, quería irme. Tomé mi almohada para tener en donde apoyar mi cabeza y un muñeco para hacerme compañía, y salí. Salí por la puerta a la que apenas llegaba a abrir. Me fui dando zapatazos, pateando tierra y mirando al frente. A pocos metros me encontré con una esquina, era el momento de elegir. Amargada me senté en el cordón, abracé mi muñeco con fuerza y apoyé la cabeza en la almohada. No pasó mucho rato hasta que comprendí que no estaba preparada para semejante decisión, así que cansada esperé. Al otro día, desperté en mi cama.

Si yo muero

Si yo muero, me gustaría decirte que fui feliz, cuando en realidad querría seguir siéndolo. Te aconsejaría que me olvidaras, aunque sé que sería en vano.

Si yo muero, conmigo mueren todos tus sueños, porque no conoces otros que no sean los nuestros. Te diría que no pierdas tu tiempo, que no empezaras de nuevo.

Por eso, si yo muero, me gustaría recordarte todas las veces que te dije «lo siento», todas las veces que discutí porque quise, todos mis berrinches y mis actitudes, mis errores. Te recordaría que de nada me arrepiento, y no por eso dejó de doler menos.

Si yo muero, quisiera que sepas que te hubiese hecho feliz como te hice hasta ahora, con mis gritos y mis lasagnas. Te dejo una gran carga.

Siempre me gustaron los rincones, tu música y mi buen humor.

Ádh mór

El primer día no me animé a preguntarle la sandez que estaba pensando, y es que me sentía una tonta por confiar en ella luego de todas las estupideces que había leído y que yo misma creía.

Al otro día la incógnita me carcomía, hice de todo para ignorarla, hasta cociné una especie de receta gourmet que encontré en internet (quedó bastante bien) tratando de evitar cualquier arrebato errático que me llevara a la cercanía de su presencia…

Pero a la noche de ese mismo día, luego de 400 lagartijas, 3 películas, un paquete de lays y 2 litros de helado mezclado con uno de agua, fui hasta su lugar, me posé frente a ella y con un arrebato de locura la tomé por sus curvas, la sacudí vigorosamente y le pregunté con voz firme:

—¿Voy a tener suerte?

Y la maldita cayó de canto.

Ah… las bolas mágicas están llenas de carácter.

El alquimista

¿Saben qué? Tengo tanto dinero que me puedo dar el gusto de cambiar los muebles de mi casa a cada rato, y como si eso fuera poco 3 propiedades: un piso para mi sola en el centro de la ciudad, una casa en las afueras para cuando no me apetece ver a nadie, y un garaje donde guardo autos clásicos, hobby que dicho sea de paso, heredé de mi abuelo. Nunca me falta qué ponerme, para cada fiesta me veo diferente. Encima, el otro día compré un hangar por el precio de 30 mil dólares, una ganga, allí guardo la avioneta que me costó tan solo 150 mil, pero lo mejor es que aprendí el oficio de alquimista, puedo convertir 50 dólares en 500 mil. Definitivamente esto de jugar on-line sí que es lo mío.