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CONCURSO: ALMAS Y BRUJA – PARTICIPANTE 9

¿Fatalidad o destino?

Sin querer me llevé un almanaque aniversario de la panadería donde suelo comprar una o dos veces por semana. El pan, la verdura y el almanaque hecho un rollo todo junto lo metí en la bolsa de compras. No había reparado en la gran imagen de una bruja que venía en la portada del almanaque. La panadería se llama “La Enelda” y fue cuando preguntando, me enteré que ése era el nombre de una bruja que vivió en el pueblo. Era una foto como antigua, a propósito en sepia y algo en blanco y negro.
La Enelda no había sido una bruja cualquiera por lo que me contaron los pocos que la recuerdan en Viejánima..
Bajé del auto con mi bolso, y apurada caminé calle arriba por el empedrado de calles estrechas.

Una viejita que estaba sentada en la vereda de enfrente vendiendo sus cositas, sus artesanías, su mamitas de paño, me hizo señas, llamándome.
-Señora, señora ¿me muestra la foto que tiene en el bolso? Esa es La Enelda me dijo… cuando por un instante un taxi que pasaba me tapó la vista.

La mujer que hace segundos me llamaba comenzó a sentirse mal y cuando yo alcancé a cruzar corriendo en diagonal, ya estaba muerta. Mientras algunas personas se acercaban pensé ¿con que las brujas no existen? Tiré el bolso con todo lo que había comprado y salí corriendo… Ya su alma pagará mi pecado.


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Concurso: Almas y Bruja – Participante 8

Muchas almas muchas vidas

Cuántas almas habré perdido en muchas vidas
Me he rodeado de muchas brujas
Para llenarme de amor
Cuánta paz inmerecida en tan poco tiempo
Sin resolver quedé
He venido por estos lugares
Suplicando
La vida no es difícil pero me las has complicado
Soy tu Diosa, tu sacerdotisa
Tu Ángel, que llueve a cuentagotas
Qué problema cuando mi alma se sosiega sólo con verte
Estoy triste, si, mi alma
Me quedé sin amarte en esta vida
Cuánto amor había para ti
No te preocupes
-Son elegías de alguien que intenta escribir-
Viviré mucho tiempo lamentando tu partida
Eres tú cariño mío
Hasta la saciedad lloro por verte


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Concurso: Almas y Bruja – Participante 7

En las selvas de un lugar desolador en America del Norte (como el estado de Ohio) hubo brujas y brujos que robaban almas. Ellos vivian en la Carretera Estaral 93 y se reunieron en una casa de fantasma donde hubo muebles del Siglo XIX.
Cada noche, ellos salian para buscar almas antes del amanecer. Ellos buscaron a los seres infelices y lo chuparon el alma con el motivo de regresar lleno a su casa.
La cosa seguia hasta que una noche enfrentaron a un ser individuo cuyo nombre es Caka East. Caka East era rapero que estudiaba los caminos de los brujos y brujas de cerca conociendo sus comportamientos.
Los brujos y brujas salieron durante su rito habitual nocturno para devorar almas. Durante el camino, vieron a Caka East con la intencion en devorar su alma.
Antes de comenzar los brujos y brujas a chupar al rapero, el saco varias flechas y los hirio en el culo. Al instante, los brujos y brujas tiraron peos en sinfonia con las notas de una cancion de Katy Perry.
Caka East aprovecho de la herida mortal y saco una aspiradora gigantesco para absorber a los creyentes de Wiccan. Ya dentro de la aspiradora, el rapero envio el receptaculo hacia el planeta Uranus mediante el metano que salio de sus glúteos.
Caka East tiró otro acto de flatulencia dejando inhabitable ese rincon en America del Norte y se fue a vivir como un rico en las mansiones de Hollywood. Las brujas y brujos llegaron al planeta Urano (nombre oficial Estado PluriPOTENCIALES de Urano) y fueron recibido por su jefe Gasalini con su vice Huevalini donde tenian que oler el metano por toda su eternidad.

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Concurso: Almas y Bruja – Participante 6

LAS ALMAS DE TALA

En el oscuro callejón no llegaba ni la luminosidad de la luna,
un ser pequeño estaba encima de una persona, comía con fruición, sonreía a la noche satisfecha.
Susurros en el viento le llegaron: vuelve a casa, ¡Vuelve ya!
La criatura echa a andar, cuando salió a la luz de una farola
asomaron unos cabellos dorados, una niña de unos cinco años,
con unos ojos azules como el mar en calma, saltaba contenta.
Un precioso vestido negro con una cinta alrededor de la cintura,
la hacían parecer una mujer pequeña.
Llegó a una casa con la puerta oscura, las paredes algo desconchadas, descuidadas macetas y árboles torcidos.
Una mujer le abrió la puerta, mayor con el pelo negro andrino,
los ojos azabache sin luz, parecieran mirar las profundidades
más tenebrosas, pero la niña no sintió miedo, la siguió, entraron
a una habitación con las ventanas tapadas por grandes cortinas de terciopelo negro, se sentaron en una enorme mesa, se oyeron
pasos silenciosos, alguien colocó una bandeja con trozos de carne.
—Te dije Tala que no comieras fuera, hoy teníamos un menú especial.
—Mamá, no me regañes, tengo que salir o me moriré aquí dentro.
La madre miró a la niña, le sirvió el plato y la niña lo miró complacida, esta cocinera limpia bien la piel, no deja ni un pelo,
no es descuidada como la otra le decía a la madre mientras mordía aquel trozo de brazo.
Tala tienes que ir a dormir, a esas horas no es bueno que estés aquí, puede venir la bruja y ella sí que nos castigaría.
La niña subió lentamente las escaleras para ir hacía su dormitorio, miraba fascinada la barandilla de madera oscura,
en ella caras de terror, de agonía y miedo se movían atrapadas,
ella les metía el dedo y pequeñas gotas de sangre corrían por la madera. La madre le gritó: -¡Tala, deja a las almas del infierno!
Pero mama solo jugaba con ellas y la sonrisa de Tala ponía los pelos de punta.
Las gotas de sangre cayeron al suelo, caras llenas de sufrimiento y terror se dibujaban en el carmesí, Manite limpió la sangre, pensó en que haría con Tala, ella no tenía la culpa de ser así, pero nadie la aceptaría, ella era su madre y todo lo que fuese lo haría por su hija, pero le quedaba poco tiempo, tendría que arreglarlo todo para protegerla.
Sentada en el gran salón esperó.
Oyó los pasos fuertes enérgicos, su cuerpo se tensó, no entregaría a su hija, eso es lo único claro que tenía.
—Hola, Manite, ¿Cómo estás? Te veo tensa, relájate, solo es una visita cortés. Los ojos negros insondables miraron a la bruja, sabía que no era así.
—Siéntate entonces Meray, dime: ¿Qué puedo hacer por ti?
—Hoy ha vuelto a salir de caza Tala, sabes que no puede comer humanos, pero no escuchas, quería advertirte que si lo hace de nuevo no nos quedará más remedio que quitártela y sabes las consecuencias que eso tendrá. No volverás a verla jamás y será una de las nuestras, la madre tierra así lo quiere.
—Es mi hija Meray, no dejaré que os la llevéis.
Unos golpes fuertes sacudieron la ventana, un sobresalto las sacudió a las dos, solo era lluvia, una lluvia intensa que golpeaba la casa.
Y ella aprovechó el descuido y se abalanzó encima de la bruja, la mordió con fuerza
la sangre salió a borbotones, Meray miró con temor, se había descuidado y ahora estaba en un gran peligro.
Manite fijo sus pupilas esas tan negras que daban pánico y
absorbió la mirada de la bruja, un halo blanco fue saliendo de la boca de la bruja, ella abrió la boca y fue tragando el alma, un último suspiro desesperado salió del pecho de Meray, ahora solo era una muñeca vacía, rota.
La madre llamó a su hija a gritos, la niña bajo asustada, allí en el suelo estaba el cuerpo de la que tanto temía.
—Madre ¿qué ha pasado?
—¡Calla! ¡Abre la boca! La niña le hizo caso y la madre volcó en ella el alma de la bruja, los ojos le cambiaron, sus facciones se suavizaron, ahora no tendría jamás el deseo de comer carne y coleccionar almas en la barandilla.
Ven, ahora estaremos siempre juntas hija mía. Chispas de dolor salieron de los ojos de Tala, la niña sonrió, sintió el dolor de la bruja, ya no necesitaría comer, ahora la tenía a ella dentro.
En ese momento las rosas del cementerio se pudrieron y jamás volvieron a nacer. Ya no había vida solo la muerte paseaba por el lugar.


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Concurso: Almas y Bruja – Participante 5

“¡Bella sin alma!”, me decía a gritos.

Bruja…”, me susurraba cada vez que se cruzaba conmigo.

Bella, no sé, eso deben juzgarlos los demás; sin alma por supuesto que no, y lo de bruja, bueno, eso sí que sí, y me molesta que sea siempre un insulto.

Lo dijo y lo repitió: en el puente de piedra, al pie del castillo, en lo alto del torreón, en la fría mazmorra, en el patio de armas, y seguro que en algún rincón más que ahora no recuerdo, porque el humo empaña un poco mi visión y los recuerdos.

Solo por su despecho estoy aquí, maniatada e indefensa.

No pudo soportar mi desdén, sentirse despreciado a pesar de ser el hijo del noble más importante de la comarca.

Quemada en la hoguera por bruja, qué típico, qué poco original, qué aburrido además de previsible. Qué sabrá el pobre infeliz de las otras ciento cincuenta y dos veces que escapé viva de entre las llamas en mis casi mil años de vida.

Por supuesto que soy una bruja y a mucha honra. Si no lo fuera no podría mantenerme joven siempre, ni atraer con mis filtros de amor a los caballeros que merecen la pena. Pero a él no, a él no quise atraerlo y aun así bebía los vientos por mí. Él no es digno ni de anudar los cordones de mis botas.

Ahora lo veo ahí a través de las llamas: su pánfila cara llena de satisfacción, creyendo que me ha vencido, que si no soy suya no seré de otro.

Qué pena las demás mujeres que van a quemar hoy junto a mí y que no podrán salvarse, es lo único que ensombrece este día dichoso.

Porque poco sospecha él que me embarga la felicidad tan solo de pensar que cuando él pestañee dos veces seguidas, desapareceré de su vista, dejando un par de mechones de mi cabello y un montoncito de cenizas por disimular, y solo volveré el día de su muerte para reírme de su crueldad inútil, para decirle con una enorme sonrisa de triunfo:

“Ahora tu alma me pertenece a mí, a tu bruja, a tu dueña eterna, y estás condenado a vagar por el mundo de las sombras junto a todos los que llamáis brujas a cualquier mujer, creyendo estar por encima de nosotras, envenenados por el odio de no poder poseer una libertad que no les pertenece: la libertad de las hechiceras de almas.”


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Concurso: Almas y Bruja – Participante 4

Seguro que fue fruto de una nefasta confabulación del destino, que ambas llegaran en el breve lapso de una mañana, Alma apareció escondida detrás de la cámara disfrazada de feliz coincidencia a primeras horas de una mañana de Domingo.

El momento preferido para capturar insólitas imágenes de una ciudad aburrida y somnolienta, dos aficionados a la fotografía que se sorprenden al encontrar a su alma gemela con veinte años de diferencia.

Confieso que me deslumbro el brillo de la salida del sol alrededor de su espesa y ensortijada melena pelirroja sobre el traslucido verde de su mirada y sus labios formando un corazón carmesí entre dos millares de pecas.

Pero tuvo que ser que no, la bruja de mi alma en el interior de mi conciencia advirtiendo el peligro que planeaba sobre su existencia, ante la permanente presencia de esa otra Alma, avivó el hielo de la prudencia.

Y supe que iba a ser que no cuando desde sus ojos expectantes se despidió de mí alma, con un brusco acelerón del motor.

Ahora sé que tengo un alma, bruja y taimada, que sólo se complace cuando me tiene por completo a su merced y se regodea mientras me contempla encerrado a través de los barrotes de la celda que ha construido con los momentos de mí propia soledad.


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Concurso: Almas y Bruja – Participante 3

VIAJE ASTRAL
Mi abuela solía entrelazar una punta de la sábana en los dedos de mi pie izquierdo. Decía que al dormir mi alma se separaba del cuerpo y esa era una forma de mantenerla anclada a mí.
Yo no comprendía del todo lo que mi abuela decía, pero de algo estaba segura, algo sucedía mientras yo dormía.
Una noche me vi caminando descalza entre calles pavimentadas, edificios grandes y luces iluminando el camino. Frente a mi, justo al final de la calle un edificio muy alto y bastante peculiar, como si los pisos hubiesen girado levemente, las esquinas del de arriba se encontraban con las laterales del de abajo y así sucesivamente; yo admiraba las luces que emanaban de él, caminando despacio intentando llegar hasta ahí. Parecía una noche tranquila hasta que una sombra apareció a mis espaldas, fría y amenazante. Yo corro a toda prisa sintiendo temor, sé que esa presencia es mala así que me esfuerzo por correr a toda prisa.
Algo en mi interior me dice que yo soy más fuerte, puedo volar, doy un salto que me lleva hasta lo alto de aquel edificio y muevo las piernas para avanzar en la dirección que deseo. Vuelo tan alto y vuelo por un largo rato, hasta que veo a lo lejos la casa de la abuela a las faldas del cerro, pero unos metros antes de llegar aquella presencia me lanza algo que golpea con mi brazo derecho y me hace caer.
Me pongo de pie y sacudo mi ropa, corro a toda prisa y me escondo detrás de un árbol, su tronco es grueso y su copa frondosa, recargo mi espalda totalmente al tronco e intento calmarme. A lo lejos veo aquella presencia obscura buscándome. Siento el árbol cubrir mi espalda, respiro despacio y guardo el mayor silencio posible. Se acerca como si pudiera olerme, siento pánico y cierro los ojos rogando por que no me encuentre; intento pegarme lo más que puedo al árbol e inhalo profundamente. Algo extraño sucede, mi piel se adhiere al árbol y de pronto ya no siento el tronco rígido en mi espalda, es un aire suave que me absorbe, ¡estoy dentro del árbol, soy parte del árbol!
Intento mover mi mano para verla, y como si un leve viento nos tocará, las ramas se mueven en la misma dirección. Somos uno.
Un respiro profundo y siento la fuerza de la tierra entrar por mis pies… ¿o mis raíces? Entro en confusión. Siento un aire fresco recorrer todo mi cuerpo, la tierra tiembla por un instante. Un rayo de Luna ilumina el sendero y cientos de sapos comienzan a saltar al rededor de aquella presencia, un par de rayos intensifican el brillo blanco de la luna y una fuerte ventisca empuja a la presencia obscura. Huye aterrada y la tranquilidad vuelve al cerro.
«Eres una bruja, y la naturaleza te protege» una voz femenina se escucha retumbar en mi interior, sale del cielo, de la tierra, de los árboles y del aire. Siento una tranquilidad infinita y doy un paso al frente. Levantó la mirada y aquel imponente árbol parece inclinar su copa en una reverencia. Inclinó mi cabeza y mis palmas tocan su tronco. Estoy agradecida.
Corro hacia la casa y entro por la puerta principal. Está obscuro, todos duermen. Entro despacio a mi habitación pero ¡yo ya estoy ahí! Me veo a mi misma acostada en la cama y un escalofrío me recorre el cuerpo. Mi pie izquierdo sale de entre las sábanas, está descubierto con la punta enredada entre mis dedos. Mi cabello cubre una parte de mi rostro y puedo escuchar mi propia respiración. Me acerco con cautela y estiro mi dedo índice; despacio, muy despacio intento tocar mi tobillo descubierto. Justo en el momento en que mi dedo toca mi piel siento un vuelco en el estómago, un torbellino se desata en mi pecho y despierto. Ahí tumbada en mi cama, con el cabello en la cara y el aroma madera fresca en mi piel.


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