Concurso “Mis historias y otros devaneos” – Participante 13

POP
Disparado el tapón de corcho —POP— rasga el aire destino la Luna. Y —FSSSH— babea la botella mechones de espuma.
CRASH —pulveriza el corcho una bombilla de la araña, rebotando resabiado, y alcanzando al tío Ramón en su ojo sano. Ahora al péndulo del reloj —DONG—, como si fuese hora de… —CLOCK—, contra el cráneo de la tía Clo. Ojalá remueva el interior: fin de tantos devaneos, santos, bizcochos, dolores de fuera y de dentro, las mustias historias de su universo.
PUM, PAM, CRACK— adiós gafas del primo Felipe. Y Fígaro —MIAU— que no se libre.
Tampoco el abuelo Anacleto, en paz en el otro mundo, pero en éste: ZONK, la urna con sus cenizas abatida por el tapón. Un difunto en la alfombra, esperando al aspirador.
Más allá no va —GLUG— y entra el misil en la boca de papá. Enrojece, menudo trance, NGNGNG. ¡No puede respirar!
— Al final no celebramos nada —tanto cataclismo me hace rabiar.
PFFF —calcula mamá, a éste lo mata un mal tapón… Y, como estaría feo, celebrarlo no, pero igual no se espanta, ni le viene ni le va.
Como para abrir, por sed más que por vicio, otra botella de champán.

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Concurso “Mis historias y otros devaneos” – Participante 12

Venezuela.

Fuiste Digna  tierra acogedora y protectora de costumbres,

Fuiste la que me enseño un mundo multicolor ante tanto gris,

Impregnaste con efluvios tu mágica esencia en mí,

La  del café,  la arepita matutina y el pabellón,

Que ironía que ahora no podamos darnos ese gusto, ya  hasta eso acabó,

Que jugadas da la vida que tus hijos son los verdugos de sus propios hermanos,

Que jugadas da la vida que una vez fuiste el mejor camino y ahora estás  llena de abandono y de desvíos,

 Ya no eres ese oasis ahora eres una cárcel gigante,

Que tristeza que tus hijos ya no pueden caminar por tus hermosas tierras, y es que volver al hogar se convirtió en una meta,

Que indignante ha de ser, ver un hijo matar a otro por no pensar igual,

Que historias tan tristes las que ahora has de contar,

Entre tantos devaneos ya no puedes más,

Ojala algún día nuestros hijos puedan conocerte en todo tu esplendor, reinando en paz y acabado el terror,

Trayendo de nuevo a esos hermanos que por sobrevivir  tomaron un avión,

No sin antes compartir con el mundo nuestro clamor,

Dueles Venezuela pero la lucha por tu libertad ¡Ya Comenzó!

 

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Concurso “Mis historias y otros devaneos” – Participante 11

Delirios

Mis historias son reales. Aunque sea imposible creerlo, viajo en el
tiempo. Sé que no pertenezco a este lugar ni momento, sino que
provengo de un instante en el que esto es parte del pasado.

A veces me las ingenio para conducirte a la playa que tanto te gusta,
aquella en la cual le encomendaste al mar que llevase la noticia al
mundo de que seríamos padres. Atesoro ese momento en el que tu sonrisa
era más intensa que el sol.

Otros días como hoy, simplemente aparezco en nuestra casa. Siempre que
me manifiesto en este instante, encuentro en mi bolsillo derecho esta
sortija que ahora ves. Mi anhelo es esperar tu respuesta para luego
besarte. Porque sí, extraño como tus labios acarician los míos al
compás de la melódica razón de vivir: el amor. Quiero recordar esa
sensación antes de que todo se vuelva oscuro… Ya es demasiado tarde,
he vuelto a mi habitación. El sol anuncia el comienzo de otro día.
Hace un año del accidente en el que debí morir yo en lugar de mi
esposa… Espero volver a otro de mis devaneos inmediatamente, para
intentar recordar tus besos aunque sea una última vez.

 

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Concurso “Mis historias y otros devaneos” – Participante 10

La imagen

Manuel andaba despacio, ayudado por su bastón. Cada mañana iba a la plaza del pueblo en busca de sus amigos de siempre, con los que compartía sucesos e historias de tiempos atrás en las que ellos eran los protagonistas.

Generalmente, daban un paseo y acababan cerca de alguna imagen que les hacía pararse, relajarse y les motivaba a hablar y contar sus citas, romances y también andanzas de juventud, obviamente exagerados hasta el punto necesario para provocar la risa, cuando no carcajada, de todos los presentes.

Un buen día, cuando Manuel iba a la reunión, descubrió en la calle Mayor una imagen que no debían perderse, y nada más llegar a la plaza explicó a sus amigos lo que había visto. Todos coincidieron en que ese sería el lugar donde podrían estar muy a gusto. Y allí se fueron.

La visión era impresionante: una fantástica excavadora amarilla marca Michigan estaba haciendo una zanja en un terreno sin construir, presumiblemente para los cimientos de una futura casa, ¿o sería para plantar unos árboles? ¿O quizás para canalizaciones de agua? ¿O a lo mejor para…?

El escenario ya estaba elegido, ahora cada uno a contar sus antiguos devaneos.

 

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Concurso “Mis historias y otros devaneos” – Participante 9

Suerte de analfabetos

Devaneos, devaneos.

—¿Pero quién utiliza esa palabra? No la he oído jamás. El colegio no sirve para nada.

— Le voy a decir a mi padre que no quiero volver a clase. No aprendemos nada que merezca la pena.

—Dejad de quejaros y escribid. Y no copies entre vosotros, que esto es un examen.

—¡Cómo vamos a copiar si ninguno ha oído antes esa palabra! Como no le preguntemos al empollón…

—Vejiga, vejiga.

—Jajaja. Ha dicho una palabrota. ¡Ya verás cuando se lo diga a mi padre! Le van a poner de patitas en la calle.

—No es ninguna palabrota, imbécil. Ahí es dónde las mamás guardan los bebés hasta que les toca salir, como en un microondas.

—Dejaos de historias y escribid, que esto no es un bar. Seguimos. Analfabeto, analfabeto.

—¿Pero eso qué es? Nunca lo he escuchado.

—Yo sí, son esos niños que no tienen que ir a la escuela y que siempre están de recreo por la calle.

—¡Vaya morro! Y nosotros tenemos que estar en clase y encima con examen. No es justo.

—Sí, yo de mayor quiero ser analfabeto y jugar al fútbol sin tener que hacer los deberes.

 

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Concurso “Mis historias y otros devaneos” – Participante 8

El intento de París de estandarizar el amor había tenido resultados horrendos. Las historias de romances fluían como el Sena, y la habitual peste de las calles había continuado pero ahora con el dejo del pegajoso producto de los devaneos ostentosos de los enamorados.

Sin embargo, esa tarde la galbana había relajado el placer que se extendía por las principales avenidas y dio un respiro a las autoridades para reorganizarse y replantear sus decisiones con respecto a su principal atractivo turístico: el romance. Picoteaban ideas, accedían a rechazarlas y con un celo demente surgían otras.

De la iniciativa se podía visualizar tan solo un pequeño pecio a flote de un mar de placer desmedido, lujuria gulosa, en la que hasta los que andaban vestidos andrajosamente (en especial ellos, a decir verdad) de vez en cuando y como mínimo dejaban salir una caricia pubiana, un recuesto desnudo o orgasmos abolsados.

El gobierno no tuvo opción más que archivar su intento de apaciguar el amor, poniendo a funcionar apresuradamente las grapadoras para hacerse los ciegos y olvidar el asunto lo más pronto posible.

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Concurso “Mis historias y otros devaneos” – Participante 7

Creaciones

Ella se ganaba la vida creando historias, vivía por y para ellas. Cortas, largas, tristes, risueñas, melancólicas. De cualquier estilo. Lo que le viniese a la mente, ella lo plasmaba en el papel.

Sus personajes, ya que siempre escribía en tercera persona, eran de lo más variados y sus vidas eran muy diferentes entre sí. Su imaginación siempre podía más, siempre creaba algo nuevo, original. La única constante en la mayoría de sus relatos eran los finales, los cuales solían terminar bien. No podía evitarlo, era superior a ella, como el crear una relación seria, sólida, entre los protagonistas. Los devaneos no iban con ella en la vida real, por lo que eso no sería una excepción en su ficción.

Una tarde, mientras escribía acerca de los sueños de una mujer por recorrer el mundo, realizó que vivía a través de sus personajes. A ellos les inventaba viajes, diálogos, pasatiempos, una variedad de cosas que ella siempre había deseado hacer y no pudo, por una causa u otra. O tal vez, por cobardía. O quizás, una mezcla de ambos.

Dudando, soltó el lápiz y una sonrisa cruzó su rostro. Tomó una decisión. De una vez por todas, saldría a vivir.

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Concurso “Mis historias y otros devaneos” – Participante 6

Imposible e irresoluble, estás historias son siempre una trampa, jaulas diseñadas por Paula para atrapar incautas. Además rima

-Doscientas palabras en tres actos. No es divisible.

-Lo que quiere la ingeniera es darnos de lado, sabe que tenemos el libro y pensará: La parejita no va a participar. ¡Va lista!

-Afina la neurona niña que Lidia se merece el mejor de los relatos.

-¿Y por dónde empiezo?

-Prueba con aquello que decía Abuela. Erase una vez que se era…

En la era, era de noche, noche de Luna Nueva, Pasó toda la jornada aventando trigo, sobre el improvisado colchón de paja y arropada bajo una gruesa manta atisbaba en busca de una estrella. -Para pedir su deseo.

Anhelaba descubrir cientos de secretos ocultos en el pasado y explicar porque el mundo era como era a todos los niños del planeta. Cuando Lucecita dejaba una brillante estela, su tránsito fue saludado por decenas de estridentes rebuznos que llamarón su atención, desde lo alto contemplo su propia imagen reflejada en los ojos de aquella niña y por eso atendió su petición.

-Oye ¿Qué son devaneos?

-¡Tú sí que eres burra. Es cuando se dehacen los ovillos de lana para tejer!

 

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Concurso “Mis historias y otros devaneos” – Participante 5

Un día cualquiera en la calurosa Perla del Pacífico, el Brayan un vendedor callejero de agua construye historias de supervivencia diaria, en la mañana temprano se levanta a preparar una agüita de hierbas, porque no hay más para desayunar, y sin devaneos sale de la pequeña choza que le sirve de vivienda a él y su familia.

Mientras la Britanny se queda en casa con sus dos hijos menores, mientras aún permanece tendida en la cama pensando cómo va a cocinar alguna cosa para pasar el hambre de sus hijos hasta las 10 de la noche en que el Brayan finalmente regresé con algo de comer.

Las calles son duras, los vendedores informales se multiplican y la competencia es dura, cada centavo se lo pelea hasta con las garras. Los comerciantes autónomos tienen sus propias historias, pero que al final tienen los mismos denominadores hambre, pobreza y necesidad.

El Brayan llega al centro de la urbe, y sin devaneos comienza el sube y baja en los buses de transporte masivo donde se bate ante la mirada indiferente de los pasajeros, pero aprieta el pulmón promocionando su producto hasta que por fin caen los primeros centavos, y la esperanza comienza a brillar…

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