Libro – Retorcida

No los traía a cuento, claro que no, o bueno… un poco sí, pero ya basta; basta de esconderme detrás de la pantalla, basta de esconderme detrás del sarcasmo y su cómplice ironía.

Lo que están a punto de leer el próximo 14 de setiembre (sí, sin «p») es a Paula al desnudo pero vestida (no se hagan ilusiones).

Sinopsis:

Paula es una loca plagada de voces reprimidas, que a sus veinte y largos años decide vomitar sus historias o las historias de quien sea, en un blog que se vuelve cuasifamoso.

Una mujer que habita entre sombras cómodamente, que refleja todo su cinismo escondido detrás de los vestigios de su sarcasmo, siempre aportando un toque irónico, el cual le ayuda a mantener la inocencia mientras suma seguidores.

Su inaparente equilibro mental se ve perturbado por la presencia binaria de un hombre, quien la desafía dentro de su propio juego. Una simbiosis inesperada la dejará desprevenida ante este perfecto extraño, quien utilizará el más vil de los recursos para llamar su atención y volver su propio ego en un gran enemigo.

La historia de una loca retorcida, indudablemente.

Datos:

  • Título: Retorcida
  • Autora: Paula De Grei
  • Género: Ficción/Humor/»Romance»
  • Editorial: Autopublicado
  • Páginas: 219
  • Formato: Electrónico y en Amazon
  • Web: www.pauladegrei.com

 

Radiografía:

Lo negativo

  • Maquetación. Pudo haber quedado mejor.
  • Portada. Necesito un curso urgente de Illustrator y Photoshop, y como si fuera poco, soy daltónica diagnosticada de una fuente poco confiable, así que cabe la posibilidad de que la mezcla de colores luzca desagradable.
  • Argumentos. Siento que me quedé corta de palabras para explicar ciertos delirios mentales que suelo tener.
  • Jerga. Se me complica hacer humor en idioma neutral; con la experiencia y el rechazo vendrá el aprendizaje.
  • Cansador. Ni yo me tengo tanta paciencia.

Lo positivo

  • Prólogo. Lo compraría solo para leerlo.
  • Ágil. Me leí fluido, y dentro de mi cabeza sonó bárbaro; fuera de ella no tengo idea.
  • Mamushka. No es tan lineal, ni tampoco tan enredada. Espero haber sido clara.
  • Crítica. Admito, recibo, aplaudo y no resiento crítica mala o buena de seguidor o no, sin pedir o no, ¿por qué? Porque van a pagar por mi libro, lo mínimo que puedo hacer es no ofenderme si además se toman la molestia de escribir sobre él.

Opinión:

Corregirme fue un verdadero suplicio, nunca me sentí tan bien y tan mal conmigo al mismo tiempo.

Debo advertirles que soy una caradura, no tengo idea de qué hago yo en el mundo literario, pero sí sé lo que quiero. ¿Y qué quiero?

Quiero un auto, ¿para qué les voy a mentir? Lo necesito, y como nadie me lo va a regalar, pienso comprármelo vendiendo este ejemplar a todo aquel extraño que se aventure a adquirir este libro por ingenuo, a cualquier conocido que se sienta en la necesidad de aportar un grano de arena para mi causa, o a aquellos que estén cansados de leerme como me leen, ¿por qué? Les explico abajo.

Mi fuente de inspiración se divide en dos espacios físicos: uno es el baño, y el otro el autobús. Entonces, la única manera de que yo no vuelva a publicar, es erradicando el problema, ¿y cuál es la solución?

Pues bien, hay dos formas: no yendo más al baño (irremediable) o comprándome un auto.

Así que tienen dos opciones: o no compran el ejemplar, originando así que yo siga publicando barbaries de cualquier género y hasta precuelas o secuelas de esta infamia que les estoy presentando, o lo compran y yo me compro un auto, ahorrándose así la vergüenza de tener que volver a leerme en otras oportunidades.

¿Qué dicen?

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Retorcida – Paula De Grei [ACTUALIZADO]

Sinopsis:

Paula es una loca plagada de voces reprimidas, que a sus veinte y largos años decide vomitar sus historias o las historias de quien sea, en un blog que se vuelve cuasi-famoso.

Una mujer que habita entre sombras cómodamente, que refleja todo su cinismo escondido detrás de los vestigios de su sarcasmo, siempre aportando un toque irónico, el cual le ayuda a mantener la inocencia mientras suma seguidores.

Su inaparente equilibro mental se ve perturbado por la presencia binaria de un hombre, quien la desafía dentro de su propio juego. Una simbiosis inesperada la dejará desprevenida ante este perfecto extraño, quien utilizará el más vil de los recursos para llamar su atención y volver su propio ego en un gran enemigo.

La historia de una loca retorcida, indudablemente.

¿Ustedes, lo leerían?

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Una noche como cualquiera (microrrelato)

Ya era tarde y estaba cansada de montar guardia durante todo el día.

—Che, ¿te molesta si descanso un rato? —le pregunté ya un poco adormecida.

—No, para nada Pao, descansá que yo me encargo —dijo con firmeza y determinación.

Cerré los ojos y Julia quedó despierta; una vez más, ella se haría cargo de la limpieza del lugar, mientras que yo dormía plácidamente dentro de los confines de su imaginación.

Finalmente, sonó el despertador a todo trapo, y sin tomarme el tiempo para despedirla, la mandé a dormir… como tantas otras veces lo había hecho durante toda mi vida.

Este microrrelato va dirigido a todos los inconscientes encargados de cuidarnos mientras dormimos. ¡Buen trabajo!

Sam

Sam había nacido con el fin de la dictadura, acunada entre una familia terriblemente dura.

Sam creció en silencio, en un barrio desierto de juventud, condenada a la soledad.

A Sam nadie le había enseñado a ser bella, aunque había desarrollado múltiples talentos gracias a su reflejo en el espejo, pero había aprendido a ocultados, a engañar a la sombra de sus ancestros, a esconderse de sí por el bien de ella misma.

A Sam no le importaba ser especial, ya no.

La multitud que antes anhelaba, ahora era un estorbo. Estaba cómoda en su mundo cuando estaba sola, y cuando no, trancaba su palacio y salía en cuclillas, con las medias sucias y la cara enardecida.

Le dijeron, por su bien, que al salir debía apagar las luces, y aunque Sam tenía miedo… aceptó. La oscuridad, de a poco fue invadiendo su palacio, su mente, sus ganas.

Sam se ocultó detrás de sus monstruos, que ni siquiera eran de ella, y Sam se durmió.

Tu mochila es mía

24/03/14: Hoy el dolor es fuerte. Me gustaría desaparecer. No quiero hablar con nadie. No quiero sentir nada.

16/05/14: Ya no duele tanto pero igual me pesa. Siento que nunca voy a poder salir adelante. Me siento tan estúpida.

12/12/14: Me anima que lleguen las fiestas. Aún sigo pensando en ello diariamente, pero al menos me siento viva.

23/04/15: Estuve a punto de cometer un error. Si no encuentro las fuerzas en mí, tengo que buscarlas en algún lado. Me siento sola.

14/12/15: Creo que por fin estoy empezando a sentirme mejor. Me parece mentira.

13/11/16: Querido diario, hoy puedo decir que me siento bien. No olvidé, pero el peso se hace más ligero. ¡Al fin estoy haciendo cosas nuevas! Fue buena idea apuntar esto.

No importa cuánto te tome, hacelo a tu tiempo.

 

Una elección madura

Estaba desahuciada, quería irme. Tomé mi almohada para tener en donde apoyar mi cabeza y un muñeco para hacerme compañía, y salí. Salí por la puerta a la que apenas llegaba a abrir. Me fui dando zapatazos, pateando tierra y mirando al frente. A pocos metros me encontré con una esquina, era el momento de elegir. Amargada me senté en el cordón, abracé mi muñeco con fuerza y apoyé la cabeza en la almohada. No pasó mucho rato hasta que comprendí que no estaba preparada para semejante decisión, así que cansada esperé. Al otro día, desperté en mi cama.

Si yo muero

Si yo muero, me gustaría decirte que fui feliz, cuando en realidad querría seguir siéndolo. Te aconsejaría que me olvidaras, aunque sé que sería en vano.

Si yo muero, conmigo mueren todos tus sueños, porque no conoces otros que no sean los nuestros. Te diría que no pierdas tu tiempo, que no empezaras de nuevo.

Por eso, si yo muero, me gustaría recordarte todas las veces que te dije «lo siento», todas las veces que discutí porque quise, todos mis berrinches y mis actitudes, mis errores. Te recordaría que de nada me arrepiento, y no por eso dejó de doler menos.

Si yo muero, quisiera que sepas que te hubiese hecho feliz como te hice hasta ahora, con mis gritos y mis lasagnas. Te dejo una gran carga.

Siempre me gustaron los rincones, tu música y mi buen humor.

Ádh mór

El primer día no me animé a preguntarle la sandez que estaba pensando, y es que me sentía una tonta por confiar en ella luego de todas las estupideces que había leído y que yo misma creía.

Al otro día la incógnita me carcomía, hice de todo para ignorarla, hasta cociné una especie de receta gourmet que encontré en internet (quedó bastante bien) tratando de evitar cualquier arrebato errático que me llevara a la cercanía de su presencia…

Pero a la noche de ese mismo día, luego de 400 lagartijas, 3 películas, un paquete de lays y 2 litros de helado mezclado con uno de agua, fui hasta su lugar, me posé frente a ella y con un arrebato de locura la tomé por sus curvas, la sacudí vigorosamente y le pregunté con voz firme:

—¿Voy a tener suerte?

Y la maldita cayó de canto.

Ah… las bolas mágicas están llenas de carácter.

El alquimista

¿Saben qué? Tengo tanto dinero que me puedo dar el gusto de cambiar los muebles de mi casa a cada rato, y como si eso fuera poco 3 propiedades: un piso para mi sola en el centro de la ciudad, una casa en las afueras para cuando no me apetece ver a nadie, y un garaje donde guardo autos clásicos, hobby que dicho sea de paso, heredé de mi abuelo. Nunca me falta qué ponerme, para cada fiesta me veo diferente. Encima, el otro día compré un hangar por el precio de 30 mil dólares, una ganga, allí guardo la avioneta que me costó tan solo 150 mil, pero lo mejor es que aprendí el oficio de alquimista, puedo convertir 50 dólares en 500 mil. Definitivamente esto de jugar on-line sí que es lo mío.

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—Tuve un día de mierda —su tono evidenció frustración, así que tomé el teléfono y abrí el bloc de notas, esto se iba a poner bueno. Así comenzó.

—¿Qué te pasó? —la observé de reojo esperando a que de su boca fluyera todo su enojo y volví a mi pantalla.

—Lo de siempre, que estoy rodeada de un montón de imberbes que me dan más trabajo de lo que valen; es más, te aseguro que yo podría hacer el trabajo de ellos tres si tan solo me pagaran lo que merezco, lo que corresponde. Pero no claro, es preferible contratar a un montón de eunucos que lo mejor que saben hacer es pasarse 15 minutos en el baño cada vez que van, cómo si una no se diera cuenta que lo hacen para usar el celular… ¡A quién se le ocurre pasar más de 5 minutos en un baño que no es el suyo! —acentúo con la cabeza, no quería olvidarme de nada—.

—“…baño que no es el suyo!”—murmuré sin darme cuenta.

—Que dejes ese celular de mierda —me gritó, pero por fin me había puesto a tiro—. ¡Te dije que dejes ese celular! —ahora podía ver sus pies—. ¡Dejá esa porquermklasnfmcjkvsdnm.v/x,c;.’dfxc