Archivos en la Categoría: Almas y Bruja (Junio 2018)

Resultados del Concurso: Almas y Bruja

Señoras, señores y ciudadanos del mundo, con la madrugada de este comienzo de mes, doy por finalizado el 8º concurso que se celebró en este blog, ¡Viva! Concurso que superó las 5300 impresiones de retina por todo Internet y del cual 14 talentos@s escritor@s enriqueciendo los días de este blog con sus relatos.

Por último y una vez más, quiero agradecerle a las autoras: Sara de Miguel y Lídia Castro Navàspor hacer grande este concurso con sus obras, como también a todas las generosas personas que ayudaron a propagar esta iniciativa por la redes habiendo o no participado.

🔶 Único relato ganador🔶

PARTICIPANTE 1  con 33 votos.

Autor: torpeyvago de https://historiasmalditas.wordpress.com/

Si alguna de las personas involucradas en la convocatoria desea revelar su autoría en los relatos, solo tienen que hacérmelo saber.

Resultados generales:

Bases del concurso aquí.

Concurso: Almas y Bruja – Participante 14

Giro de tuerca

Sonó el timbre. Extrañado, dirigió su mirada al reloj colgado en la pared y pensó quién podría ser a esta hora, ya que era razonablemente tarde. El timbre volvió a sonar por segunda vez, sacándolo de su ensimismamiento. Fue hacia la puerta y la abrió.

Ella entró con tanta velocidad y lo abrazó con tal fuerza que lo tomó desprevenido. No llegaba a entender qué era lo que estaba ocurriendo, sólo notaba su camisa un poco húmeda, allí en el lugar donde ella escondía su cara. La abrazó con uno de sus brazos y, con la otra mano, intentó cerrar la puerta. Lo logró al segundo intento.

Callado, no se atrevía a preguntar. Dejó pasar los minutos, hasta que ella se separó un poco de él y lo miró, con los ojos llorosos.

-Soy una estúpida..-Murmuró débilmente- No pude ayudarla.

Él frunció el ceño, comprendiéndolo todo.- ¿Qué decís? Por favor, no me hagas enojar.

Ella, volvió a insistir.- Sí, porque lo peor es que sabía que esto iba a terminar sucediendo, y soy estúpida al no poder impedirlo -Bufó- Hay veces en las que siento que soy bruja, porque termino adivinándolo todo, sabiéndolo de alguna manera. Y, sin embargo, eso no sirve de nada.

-Hay cosas que van más allá de nosotros, lo sabés -Suspiró- Hicieses lo que hicieses, dijeras lo que dijeras, la decisión fue de ella y no tenés la culpa por eso, hiciste todo lo que pudiste. No te castigues. Ella fue la que se decidió por las malas compañías.

Ella comenzó a negar con la cabeza, negándose a creerle, mientras algunas lágrimas escapaban de sus ojos, una vez más.- Siento que podría haber hecho algo más, me siento una persona horrible.-Susurró, limpiándose las mejillas con la manga de su sweater.

Se le encogió el corazón el verla así. Sin embargo, no pudo evitar sentir una ternura infinita por ella, al ver ese gesto. -No, eso no es verdad -La miró serio, con intensidad- Sos una persona increíble, en todas tus formas. No se me ocurre una palabra mejor para describirte, sos como esas almas puras de las cuales la gente habla y que nunca nadie encuentra, porque son muy pocas. Sos perfecta.

-Sabés bien que eso no es verdad..-Murmuró, rodando sus ojos como para quitarle importancia al asunto- Soy despistada, charlatana, y, cuando me lo propongo, curiosa e insistente -Comenzó a enumerar con sus dedos- Entre muchos otros defectos.

-Sos perfecta para mí -Susurró él, acercándose a ella.

Ella abrió mucho los ojos, sorprendida, y se sonrojó.- ¿Qué? -Bajó la mirada, escondiéndose de él.

-No te hagas la distraída -Murmuró, llevando su mano izquierda a la barbilla de ella, para que sus miradas se encontrasen. La miró a los ojos y se acercó un poco más.- Que me escuchaste muy bien -Y, suavemente, terminó de acortar la distancia entre ellos, besándola. Sus labios estaban salados debido a las lágrimas, pero no le importaba. Él estaba feliz.

Juntaron sus frentes, al separarse. Ella se animó a hablar.- Bueno.. ¿Quién iba a decir que iba a salir algo tan lindo de algo tan feo? Creeme que esta no era mi idea al venir a tu casa -Soltó una risita- ¡El día definitivamente mejoró con creces! -Sonrió, tímidamente.

Él no pudo contagiarse de su sonrisa, al escucharla.- Sí, creo que no nos podemos quejar..-Y, antes de que ella le respondiese, la volvió a besar.

Concurso: Almas y Bruja – Participante 13

El día en que mataron a las ninfas 

Desde se lejos se olía

Quemar el final

De una era,

Cansadoras piedras

Sin pintar

Saben dónde llegar.

 

De la lluvia

Nada preocupaba

Ya el frío con su rosa espesor

Garugaba desde hacía un mes.

 

Nadie lo creía

Ninguno cerró los ojos

Todos corazón una arteria trizó

Algunos se fueron a preparar la bienvenida.

 

Cuantas fueron

Todas mentían,

Regalaron desgracias

A cada quien las llamó.

 

Horribles presagios

Entre líneas tejieron,

En los abrigos los galardones

En sus espíritus una bella venganza.

 

Sussie esa noche no llegó

Ni siquiera se excusó

Mi inquietud no le importó

Su porfía al paredón se la llevó.

 

Su cuerpo en tanto la penetraba

Como rayos de luz las letras

Me empapaba la inspiración de su entrega

Sus orgasmos de magia palpitan todavía en mi entrepierna.

 

El under era lo nuestro

Una jarra de cerveza y el ruido del local

Nos hicieron bailar,

Bruja hermosa complementaba mi mal andar.

 

Todo poeta disfrutó de sus cuerpos,

Yo le fui fiel,

De ella aprendí

En su palabra confié.

 

El escepticismo

Se fue a dar una vuelta

Y me entregue a sus órdenes

Ahora entiendo cada acto.

 

Caducaron al mismo tiempo

Como el amor eterno,

Mirándose a los ojos

La promesa al unísono

Como serpiente se arrastró.

 

Tenía que ser hoy,

Tenía que ser ahora,

Tenían que cobrarnos la cuenta a todos,

Es injusto

Hay unos que están recién empezando,

Teníamos que converger en la única ruta,

Tuvieron que golpearse los que desenmascararon a sus putas,

Tuvo que escribirse el primero ya sin su mano.

 

El épico ser

De las fuentes perfumadas

Por el atardecer

En medio del bosque

Enciende la hoguera.

 

Por ella callé,

Por ella reí,

Insurrecta dama con los tacones deshechos

Cansada buscaba mis besos.

Con una lupa me enseño

Cada centímetro de su piel

El sol cicatrices cauterizó

Eran adelantos de lo que tendría que ver.

 

Cada uno se drogaba por su lado

Antes del encuentro,

Era el mejor ejercicio para escribir

Me decía.

 

Sus perfumes con el humo

Se mezclaban,

Cada poeta lloraba iracundo

En tanto reconocía el de su ninfa.

 

Fue una larga procesión

Una generación debía morir,

Casta de inútiles crédulos

De no haberlas enamorado

Todas vivirían.

 

Se escuchaban hachas

Aún las estaban descuartizando

Allá en lo alto se suponía el secreto

¡No lo lograron!

¡No lo lograron!

El día en que mataron a las ninfas

El fulgor de sus fuegos

Iluminaban el cielo

Con los auras de sus almas.

 

Ahora nos toca solos volver a empezar,

Porque nuestras inspiradoras embaucadoras

¡No lo lograron!

¡No lo lograron!

Concurso: Almas y Bruja – Participante 12

Babula, la catadora de almas

Las arrugadas y raquíticas manos se hundían una y otra vez en los calderos a rebosar, llenos de hilos formados de recuerdos de vidas jóvenes, a veces de viejas. La boca de Babula salivaba con el contacto de los filamentos, que se deshacían al entrar en ella, y ponía los ojos en blanco mientras disfrutaba en su interior de los recuerdos de la pobre victima que había tenido la mala suerte de acabar en las ancas de sus sapos secuaces, que siempre vigilaban los caminos del bosque para encontrarle alimento a su señora. Tanto daba que los recuerdos con los que se deleitara fueran malos o buenos, la bruja siempre los disfrutaba con el mismo entusiasmo; lloraba cuando un recuerdo era triste o tierno, reía si era divertido, sufría e incluso se enfadaba con ellos.

Los calderos se vaciaron en tan solo unos minutos y la gigantesca bruja empezó a golpear el suelo con los pies, rabiosa al no encontrar más alimento con el que disfrutar.

– ¡Traedme más almas, necesito más recuerdos! – gritó con voz chillona mientras se limpiaba la boca de la saliva que no paraba de salir de ella, mojando el suelo alrededor del sillón donde reposaba su enorme cuerpo. – ¡Y traédmelas antes de que me olvide de como insultaros, seres repugnantes!

Los sapos se dispersaron con rapidez, eran eficientes y no molestaban mucho, por eso Babula los había adiestrarlos como siervos a ellos en vez de a los cerdos. Los sapos no hacían tanto ruido como los chillones puercos. Movió sus enormes y grises ojos de un lado a otro, viendo cómo iban y venían los anfibios que se encargaban de limpiar la desastrosa casa de la bruja. Algunos incluso le peinaban los cuatro pelos blancos que tenía en la cabeza, quitándole la suciedad que se le incrustaba entre ellos, y otros trajinaban en la cocina para hacer las extrañas pociones que les pedía su ama pues ella estaba demasiado ocupada zampando como para encargarse de ello. Molesta, movió la cabeza de un lado a otro haciendo que los sapos que la acicalaban salieran volando, y se puso en pie con mucho esfuerzo.

  • ¡Donde estáis, malditos! — cada vez estaba más hambrienta de recuerdos a pesar de que no hacia ni cinco minutos que había acabado dos calderos de medio metro cada uno. — ¡Necesito más almas y recuerdos!

Una chispa iluminó la vieja chimenea llena de cenizas y Babula giró la cabeza hacia ella, crispada. Poco a poco fue creciendo una llama verde con una cara sonriente que parecía burlarse de la vieja bruja. Le salieron dos brazos finos como alfileres y se estiró a la vez que bostezaba sin cambiar un ápice su sonrisa maliciosa.

  • ¿Todavía con hambre, vieja? — la llama hizo algunos estiramientos más.
  • Metete en tus asuntos Honö. — la bruja se arremangó las mangas del abultado vestido intentando parecer amenazante.

La llama ladeó la cabeza.

  • Yo solo me preocupo por ti, bruja loca. — miró a los sapos que se habían escondido todos al aparecer y sonrío todavía más. — Si sigues así, acabaras con todas las gentes  de la región y entonces te quedaras sin suculentas almas de las que extraer bellos recuerdos. Y no es eso lo que quieres ¿verdad?

Babula arrugó su nariz picuda, molesta. No le caía bien aquel estúpido feérico del fuego, que siempre aparecía para importunarle.

  • Déjame en paz, yo sé lo que debo hacer.
  • No, no lo sabes. — el rostro sonriente se trasformó en uno de tristeza. — Si lo supieras, sabrías que no puedes recuperar los recuerdos de una forma tan estúpida. La magia negra no funciona, Babula, eso es de primero de brujería.
  • ¡Calla, calla! — empezó a chillar la bruja mientras golpeaba el suelo de forma rabiosa con un pie. Era tal su fuerza que toda la casa temblaba en cada pisotón que daba. Botellas, libros y otros muchos cachivaches cayeron por todos lados. Babula miró hacia la puerta de la casa, por donde habían salido los sapos, con todos los pocos pelos de punta. — ¡¿Dónde están mis almas?!
  • Sabes que van a pasar horas hasta que puedan encontrar a algún pobre desgraciado que no sepa de tu existencia y se atreva a pasar por aquí. — puso cara de fastidio. — Todo el mundo sabe que por estas tierras existe una bruja loca come almas.
  • ¡Calla! Mis sapos son imbéciles, pero saben que si no vuelven con algo con lo que alimentarme ¡me los comeré a ellos! — bramó, cada vez más enfadada.

La llama negó con la cabeza abrió la boca y cogió aire, muchísimo, hasta hincharse y hacerse igual de grande que la bruja, que reculó sorprendida.

  • ¡Babula, por todos los infiernos llevas viva cientos de años, tienes que entender que con tu edad la cabeza no te funciona igual! — alargó sus brazos llameantes hasta sus hombros. — ¡Y da igual cuanta magia utilices, que no conseguirás nada!

La bruja se tapó los oídos y se apartó de la llama verde que la dejó sin oponer resistencia. Con una señal los sapos salieron de sus escondites y mientras Babula lloraba y balbuceaba que necesitaba más almas y recuerdos, los siervos la acercaron de nuevo en el sillón para acomodarla.

  • Mis recuerdos… mis recuerdos… — balbuceaba mientras unos cuantos sapos la arropaban en una mantita calentita y otros le peinaban con calma para relajarle.

Honö miró todo el proceso con el rostro entristecido y cuando vio que la bruja por fin se había quedado dormida, poco a poco fue apagándose hasta desaparecer entre las cenizas. Al día siguiente sería otra jornada para intentar hacerle entrar en razón, aunque el feérico sabía que solo cuando la muerte se la llevara conseguiría la paz.

 

Concurso: Almas y Bruja – Participante 11

Érebo
Una ventana que batía, el crujir de las maderas en el piso, el intermitente correteo de las ratas entre las vigas sobre mi cabeza, el sonido del viento silbando al colarse por algún agujero. Reconocía todos los ruidos nocturnos pero cuando la noche traía algunos nuevos tenía miedo sobre todo cuando lo único que se escuchaba parecían ser los lamentos de las almas en pena que tan bien describían los antiguos cuentos de brujas.
Cuando al fin reuní el valor para abrir los ojos pude ver el pábilo flotante de la vela derretida frente a mi cama que se inclinaba hacia la ventana para dar un último y gran resplandor antes de apagarse entre las sombras por una ráfaga de viento. Me levanté sobresaltado en la penumbra  y al llegar a la ventana entreabierta para cerrar el postigo batiente dirigí la vista hacia los desolados páramos que rodeaban la casa y tan sólo puede alcanzar a ver una misteriosa neblina oscura que se movía como si pudiera pensar. En ese instante el miedo tornado en terror invadió todo mi cuerpo y noté como aquella oscuridad me rodeaba. Una extraña sombra se acercaba como deslizándose hacia mi y aquel extraño lamento que me había desvelado se hacía más fuerte hasta estar lo suficientemente cerca como para distinguir un susurro que no alcanzaba a comprender. La sombra estaba tan cerca que pude ver dos manchas brillantes como unos ojos de fuego fijos en mi. Sentí un dolor intenso en la palma de mis manos como si metal incandescente estuviera en contacto con mi piel. El dolor pudo más que el miedo y al abrir las manos puede ver algo dos manchas brillantes como los ojos de la forma que seguía detenida entre la bruma mientras susurraba, ahora sí ya claramente: “dos monedas para el viaje”. 
Desperté sobresaltado, esta vez iluminado por el alba que clareaba la estancia. Tardé un tiempo en calmarme lo suficiente como para levantarme y convencerme de que sólo había sido un mal sueño. Cuando me apoyé en el alféizar de la ventana buscando el aire de la mañana  sentí de nuevo, atenuado, aquel dolor en las palmas de las manos y pude ver con horror como dos pequeñas manchas desaparecían ante mí.

Concurso: Almas y Bruja – Participante 10

900 DIAS

─No encuentro lógica que quieras hablar de mi Mariana. Mi historia tiene un principio y un final como toda historia, le digo a Mariana con voz firme.

Ella me sonríe con una sonrisa de labios finos, bien dibujados, una sonrisa que llega hasta sus ojos verde agua, como el agua de los mares de Brasil y que sube por sus cabellos largos y lisos. Mariana me toma del brazo fuerte y dice: ─Petra vamos cuéntame tu historia, ─ tú sabes que necesito tu ayuda para mi tesis. ─Franco dice que no tienen hijos porque se te quedo la pena prensada en el vientre.

La miro con ojos cansados que se esconden en lentes grandes de colores exagerados .Me gusta ser extravagante, es un gusto que me he dado siempre.

─Bueno y de que se trata tu tesis ?─ Le pregunto un poco curiosa y preocupada ─No quiero ser la burla de algún estudiante de tu facultad. Ella, me habla con voz melosa apoyando su cabeza en mi hombro, ─! No como crees, jamás lo permitiría!

Vamos caminando por la avenida Córdoba , hablamos del tiempo, del café Pin que está en la esquina que hemos dejado atrás y que me gusta porque es colorido y está a una puerta del centro cultural Borges y , que además tiene mozos de cuerpo tallado que visten jeans estrechos con hablado cantado de Medellín . Nos reímos sobre el comentario.  Vemos el edificio naval, imponente, elegante, eterno, a nuestra derecha.

Nuestras risas se mezclan con el olor del puesto de flores y del corredor largo y angosto al girar en Florida, huele a café, a miel, a manteca, a nuevo, a ciudad poblada en domingo. El corredor esta abarrotado de gente que camina a la galería Pacífico. Caminamos y escuchamos música de los músicos jóvenes y viejos que cantan canciones de mi época, de su época y que no reciben la atención de nadie. ─Una pena, tienen talento y tienen hambre. Este país está en la mierda, todavía no levanta ─comento─

Ella asienta con un movimiento ligero de cabeza y sus cabellos verdes y azules desprenden un soplo cítrico y fresco que huele a naturaleza.  Después de un suspiro que se lo lleva la mañana, con voz nostálgica y reflexiva empiezo. ─ Me quede aquí por un hombre, luego insisto, ─más bien por dos.  Mariana me mira con intriga y asombro, me toma del brazo más fuerte. Adhiero a la frase, ─también porque me gusta Palermo, San Telmo, Boca, Corrientes, el mate de vez en cuando y el choripán… y reímos otra vez está vez con risas sonoras, de esas, que salen desde el fondo de la panza.

Caminamos un tramo en silencio mirando  los árboles sobre las veredas , las mujeres jóvenes con sus mallas de ejercicios entalladas , de culos grandes y respingados , de pantorrillas de ciclistas profesionales , mirando  a las otras gentes que visitan la ciudad y que andan  sin prisa, también a los que pasean a sus perros de pedigrí .

─Creo que ya es hora de dejar ir todo lo que representa la pena, han pasado muchos años, ha corrido demasiada agua bajo el puente ─comento─

─Empecé a   morir cuando (Él) se fue. Me convertí en una solitaria, en un compendio de emociones marchitas, en una sombra.  Fueron tiempos duros Mariana , fueron 900 días envueltos en llanto, todos con sus noches interminablemente agotadoras , lentas, mudas, llenas de frio, de lunas, de estrellas, de miedo , en donde el sentimiento de sentirme vulnerable llenaba todos mis espacios.

Fue mi deseo de supervivencia el que me forzó a respirar de nuevo o, fue Dios.  Creo que fue Dios pero, no estoy segura. Quiero creer que fue Dios que se arrepintió del castigo que yo no merecía por su sola equivocación. Eso creo, creo fervientemente que Dios se quedó conmigo hasta que quise vivir. Sin embargo deje de creer en su divinidad a la muerte de mi hijo… ya no hubieron más hijos, solo libros y música.

─Todo fue muy difícil─ reitero─ y se me corta la voz.

Hago una pausa, saco mi pañuelo, limpio mis lentes y continuo caminando, más bien continuamos caminando largo por Florida, sin rumbo exacto, solo caminamos disfrutando el día que se abre al mundo con sol y brisa tenue.

─No he hablado de esto desde que conocí a Franco. No me gusta hablar del pasado que duele. Más bien ya no duele, pero el recuerdo es incómodo. ─No quiero llorar, sé que esta historia me revuelve el estómago, me deja triste.─ No me agrada la tristeza, la tristeza drena hasta que mata. No quiero morir, ya morí una vez ─finalizo─

Mariana escucha, yo continuo.  ─Nadie más que quien lo vive en carne propia sabe el dolor extremo que produce el abandono de una manera abrupta y repentina, sin explicaciones o sin excusas. Cualquier abandono duele…hay un infierno que te atrapa. Cuando es así , te quedas flotando en una nube de preguntas donde la duda te ataca implacablemente taladrando tu autoestima ─En Esos 900 días sin( Él) no hubo  más vida , no hubieron más cantos, ni lluvias, ni risas , no se puso el sol, ( Él )se fue cuando supo que traería un hijo al mundo ….se fue por qué le iba a dar un hijo, ─ Sabes ? ─le agradezco que no hubiera gritos ni reclamos. ─Se fue en la madrugada después de darme un beso largo, y un abrazo que me dejó temblando. Supe en ese instante que me dejaría, pero no lo quise advertir a plena consciencia. ─Viví por muchos tiempo en un mundo anhedonio, pedía en las noches que (Él) apareciera y me abrazara con sus brazos fuertes de hombre de ejército, quise que volvieran sus besos sus caricias…pero nunca más regresó…Perdí al bebé a los pocos días…

Mariana no hace preguntas, escucha atenta.  ─Te aclaro que  ya (Él) no tiene nombre, es decir, lo bautizaron con uno y yo lo pronuncie hasta desgastarlo, lo repetí tantas veces que se diluyó. ─Ya no lo recuerdo, no sé con qué letra del abecedario empezaba… no lo sé.

─Sola, sin ayuda de nadie, sin consejo, sin una mano que me levante recuerdo que empecé a escribir, no sé bien porque, solo sé que cogí un cuaderno y otro y otro y la tinta se fundía con las lágrimas y las letras daban vida a un cuento de horror recrudecido. Luego erradiqué poco a poco la tristeza, la depresión, el miedo a morir de amor un día a la vez, un libro a la vez, un café cortado a la vez, un tango a la vez y muchas veces, largas caminatas por Puerto Madero   justo al caer la tarde.

─Déjame aclararte que me agrada en demasía los atardeceres…me agradan las pinceladas en violeta, rojo y amarillo, convierten al cielo en un canvas sazonado de ondas cortas y largas de luz que cambian de color y se transforman en arte apacible. ─Me agrada también que los ruidos crónicos de la cuidad van decayendo y uno, se transforma poco a poco.

Mariana interrumpió, ─Petra, como superaste tanta angustia?

─Buena voluntad y orgullo, creo… y Dios en ese momento ─ dije. ─Poco a poco, fui llenando mis días de esfuerzos largos y constantes para diluir todos sus recuerdos. Peleaba una guerra entre dos mundos. ─El de los vivos y el de los muertos. ─Yo quería morir a gritos por su ausencia en esos tiempos.

Escribí para poder liberarme de ese amor maligno que rondaba en mi cabeza, para arrancar su mirada penetrante y recurrente que me perseguía desde el amanecer, escribí para desaparecer su olor cautivante y adictivo, para olvidar su voz grave, vibrante e insistente, para no sentir su piel tibia e invisible que todavía se colgaba de la mía en las noches en la que su inesperado olvido me castigaba. Escribí hasta obtener callos en las falanges de mis dedos, llenando cuadernos con sentimientos de incuria, negligencia, descuido, desidia y dejadez.

─Me purgue con la escritura, hice de ella, mi terapia.

Mucho tiempo  después ,un día como hoy , soleado , ruidoso, apetecible al cuerpo , decidí que estaba preparada para vestirme de nuevas ilusiones , entonces salí a la calle arropada  de esperanza y aspirando independencia de ese fantasma fatigante en un hermoso vestido rojo , iba camino a una presentación de Tango , al cruzar la calle  , esta misma , esta que nace llamándose Florida y termina cambiando el nombre a Perú , ese día que ahora en el tiempo es tan lejano pero que conserva su luz propia la mejor de las coincidencias me encontró . Franco Estaba sentado en el café London City, ese, que cruza en la esquina de Perú y avenida Mayo donde venden las mejores medias lunas de chocolate. ─Era un hombre cautivante, ─ todavía lo es, aún con sus años a mi Franco, la vida lo mantiene bien.

Sonrío con picardía y me acuerdo de sus manos, de las que a esta hora estarán preparando el té para cuando vuelva, grandes, de dedos largos, fuertes al apretar, nerviosas cuando acarician, me gusta recordar sus manos…

Mariana y yo nos sentamos en una banqueta acomodando nuestras nalgas contra el respaldo de fierro, ella escribe y yo hablo. Desde pequeña fue muy atenta y respetuosa de las historias de otros .Siempre ha sabido escuchar.  Me gusta su prudencia, me gusta su compañía. Mariana me escuchaba atenta, abre los ojos y luego los dejaba caer suave y sus largas pestañas se juntaban infinitas como un abanico, sus expresiones eran calmas. Sentadas en la banqueta ella tomaba nota con la letra corrida, de vocales redondas y bien formadas, de rasgos elegantes, como los que forjan las pluma fuente. Me agradó su escritura, sus A, sus C, sus V que nacían suaves y luego giraban en una punta queriendo alcanzar el cielo, ─ escribe bonito me dije ─, escribe como le enseñe cuando empezaba a ir a la escuela y también sonreí hacia adentro. La recuerdo, blanca, redonda, de pasos suaves de bailarina, de gestos precisos y amables. Ha crecido y me ha buscado a mí, una vieja que se ha encerrado entre libros y música, con sus gatos, su perro, su hombre y sus historias.

***

─Rompí el silencio diciendo, ─Ahora estoy aquí─, estoy completamente diferente. Renovada  y viva en todos los sentidos , no estoy con el hombre que me hundió en una laguna de deseos oscuros sino con el hombre que ha hecho que los momentos más álgidos sean los menos preocupantes con palabras dulces e instantes  cálidos. Cuando definitivamente perdí por completo de mis memorias eternas aquel rostro antiguo y aquellos ojos que me perseguían sin piedad, el amor encontró una oportunidad y nuevas alas. Termine la frase y deje escapar otro suspiro ─! Así tenía que ser, no de otra manera!

El amor lo cura todo, el amor lo destruye todo, el amor llega a sanar los espíritus solitarios, une a los espíritus inquietos. El amor existe y aparece con un cartel que te invita a vivirlo intensamente aunque no sea para siempre , o aunque a veces sí .

─Déjame contarte que el ser humano es un laberinto y es  siempre el producto de sus voluntades  .─ Somos almas errantes , con palabras a veces propias ,  a veces prestadas, a veces vacías.  A veces somos lagos de aguas tranquilas que aburren , a veces somos almas que se convierten en peces  y emigramos Muchas veces somos esto, somos hechizos de brujas y eso lo agradezco , porque  las pócimas de esos seres de vestidos ligeros y alhajas sonoras que ya nadie encuentra, que ya nadie cree que existen, de cabellos largos , de gorros  triangulares , de miradas profundas , que han cambiado su nombre a “experiencias” , que caminan y que ya no vuelan en escoba,   han hecho que  mi historia se pinte de colores nuevos y eleve su vuelo como el de un ave fénix para poder contarte porque me hice escritora.

Mariana limpia sus lentes, se seca la boca con el dorso de la mano, me mira incrédula, luego dice con su voz grave ─En esos 900 días aprendiste a   perdonar al pecador, perdonar es un trabajo de temple.

─Alejaste tus demonios, te permitiste fallar y resurgiste Petra.

Se acurruca bajo mi abrazo y nos quedamos escuchando el viaje del aire que acaricia los ficus de la avenida mayor. Acompañadas de gente, de brujas, de duendes, de peces, de agua, de letras, de historias, de almas que se permiten ver en la vasta distancia, enterramos una pena.


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CONCURSO: ALMAS Y BRUJA – PARTICIPANTE 9

¿Fatalidad o destino?

Sin querer me llevé un almanaque aniversario de la panadería donde suelo comprar una o dos veces por semana. El pan, la verdura y el almanaque hecho un rollo todo junto lo metí en la bolsa de compras. No había reparado en la gran imagen de una bruja que venía en la portada del almanaque. La panadería se llama “La Enelda” y fue cuando preguntando, me enteré que ése era el nombre de una bruja que vivió en el pueblo. Era una foto como antigua, a propósito en sepia y algo en blanco y negro.
La Enelda no había sido una bruja cualquiera por lo que me contaron los pocos que la recuerdan en Viejánima..
Bajé del auto con mi bolso, y apurada caminé calle arriba por el empedrado de calles estrechas.

Una viejita que estaba sentada en la vereda de enfrente vendiendo sus cositas, sus artesanías, su mamitas de paño, me hizo señas, llamándome.
-Señora, señora ¿me muestra la foto que tiene en el bolso? Esa es La Enelda me dijo… cuando por un instante un taxi que pasaba me tapó la vista.

La mujer que hace segundos me llamaba comenzó a sentirse mal y cuando yo alcancé a cruzar corriendo en diagonal, ya estaba muerta. Mientras algunas personas se acercaban pensé ¿con que las brujas no existen? Tiré el bolso con todo lo que había comprado y salí corriendo… Ya su alma pagará mi pecado.


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