Archivos en la Categoría: Concursos

Concurso Independiente – Participante 13

Déjenme ser yo

Quiero salir
Volar del nido
Atrapar los sueños
Con lo que soy
Sin preguntas obvias
Simplemente siendo
Una identidad
Independiente 
De las normas puestas
Por los que someten.

Quiero caminar
Por cada sendero
Y respirar
Sin pensar en géneros
Sentir en mi ser
El olor a humanos
Y los corazones
Latiendo.

Usar el color de la libertad
Saborear el gusto
Del respeto
Tomarnos las manos
Sin mirar la piel
Quiero ser yo
Es mi decisión
Déjenme ser
Simplemente siendo.


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Concurso Independiente – Participante 12

DIFÍCIL DECISIÓN

Una gota de sudor se desliza desde mi frente mientras observo el panel de mandos de la condenada máquina. No estoy seguro de haber elegido la opción adecuada, y un error podría ser funesto. Me palpitan las sienes y por encima del ruido del fuerte latido de mi corazón escucho , desde dentro de mi cabeza, a mi madre rogándome que no lo haga, que piense con la cabeza, sea un buen hijo y me quede a su lado. No le hice caso. Ni sus lágrimas me detuvieron; fui capaz de mirarla a los ojos y decirle que la decisión estaba tomada y nada me detendría.

Y ahora estoy aquí, indeciso, tembloroso, amedrentado. Quisiera dejar de ser un hombre de cuarenta y cinco años y volver a ser un niño y estar junto a ella, que me siente en su regazo, me abrace y me diga que todo ha sido una pesadilla y a su lado no me pasará nada malo. Pero ya no puedo volver atrás.

Cojo aire y lo arrojo de golpe, alargo el dedo índice de la mano derecha y pulso el botón de inicio. Espero, con los hombros contraídos y la mandíbula apretada. Escucho un siseo que me detiene el pulso. Me escuecen los ojos ante la ausencia de parpadeo. Advierto que una cascada de agua cae hasta el centro del dispositivo y de repente se para. Retengo la respiración. Entonces, el compartimento donde metí mi ropa comienza a girar. ¡Sí! ¡Lo conseguí! ¡He puesto una lavadora! Relajo los hombros, destenso la mandíbula y una enorme sonrisa me pliega los mofletes.

Ha desaparecido el miedo y con él se ha despejado mi duda: era hora de ser independiente. Me recreo en mi victoria mirando la ropa mojada y revuelta girar;  y me pregunto cómo demonios hará ese aparato para sacarla limpia, planchada y doblada.


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Concurso Independiente – Participante 11

Conversaciones conmigo mismo

Vas, vuelves, repites de nuevo, das otra vuelta, no paras un instante. Comienzas a parecerte a él.

Tu cerebro te manda, te ordena y tú…obedeces sin más, sin dudar, sin plantearle una acción distinta, sin enfrentarte.

No tiene sentido, siempre igual ¿por qué no te plantas? ¿A qué esperas para decirle cuatro verdades? ¿No te das cuenta de que te lleva por donde quiere? ¿Acaso le temes?

Fatal, lo estás haciendo muy mal ¡valórate! hazle ver quien decide y no te dejes llevar por todas las ideas que te cuenta. Solo quiere despistarte, confundirte y que no te puedas centrar en nada, ni tan siquiera en ti mismo. ¿No te das cuenta? no descansa ni un momento, es una máquina de emitir pensamientos, emociones, ideas, posibilidades, y de hablar y hablar, y antes de acabar de contarte algo ya está cambiando de tema. Es una verdadera locura ¿cómo lo soportas?

Deberías intentar tener ideas propias, tuyas y de nadie más, sin que él se dé cuenta y sin que, ni mucho menos, intervenga. ¿No lo ves posible? ¿No te gustaría? es muy difícil, claro, pero sería la solución, tu solución, seguro que en poco tiempo lo podrías controlar, y dirigirlo tú a él. Pero para eso tienes que conseguir aislarte, inhibirte, no escucharle por más que lo siga intentando, no reaccionar a lo que le puedas oír.

Si te decides a hacerlo llegarás a ser tú mismo. ¿Te atreves a intentarlo? para estar seguro de conseguirlo es fundamental que elijas un camino y sepas hacia dónde quieres ir.

¿Qué me dirías si te preguntara qué quieres ser?

«Sólo quiero ser independiente…de él»

Empezamos bien, ese es el camino.


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Concurso Independiente – Participante 10

La última elección…tú momento para ser independiente del exterior y situarte en el interior…

Ha pasado tiempo, y has tenido miles de oportunidades para abrir y cerrar puertas sin quedarte con ninguna.

Ha pasado el tiempo, y tu casa se ha ido deteriorando poco a poco.

Muchas veces pensaste que hacías lo correcto, otras veces fuiste ruin y egoísta, tal vez fue por el impetuoso y estúpido deseo de tener razón… seguías cerrando puertas… las ventanas ya no abrían, dejaste de ventilar tu alma… el aire ya no acariciaba tu cuerpo y se fue marchitando poco a poco deseoso de beber el agua del manantial de la verdad.

Pero de repente te miraste al espejo, y vivías encerrado en aquella vieja casa, sin ventanas ni puertas, te percibiste hostil, desagradable y sucio… decidiste dejar de mirar fuera de la casa… saliste de aquella oscura habitación, comenzaste a ver luz… irás limpiando poco a poco tu casa… caminarás por aquel pasillo cubierto de hojas secas que dejaron sin fin de otoños, pero cada hoja te hará recordar que todo lo que ha deteriorado tu casa ha sido simplemente la oportunidad de cruzar el pasillo y mover las hojas que cubren la llave que abre la puerta principal de una nueva reforma; la reforma de vivir con intensidad y de ser independiente. Pinta cada pared con un color, cubre cada espacio con retratos que marcaron tu corazón y tu vida… coloca alfombras que ayuden a suavizar tus pasos y una silla para sentarte a meditar tus pensamientos. Algunas veces comerás palabras con sabor amargo, pero otras veces respirarás dulzura. Permite que tus pasos te guíen a la verdad de tu vida y a descubrir el secreto de la razón de existir.

Tu cuerpo es la estructura de tu casa… tu mente es el confidente que te permite perder la razón o morir en la ecuanimidad de la tibia ilusión de creer en lo que ves.

Es momento de reconstruir tu casa… sanar los agujeros y aromatizar el ambiente con momentos de armonía y paz…

Es tu casa, es la autenticidad de tu verdad y de tu alma…. confía en ti.


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Concurso Independiente – Participante 9

SÉ ESA MUJER

Ya no recibe un beso al despertar, él se va sin decir adiós. Hace tiempo que no es feliz, lágrimas caen al suelo, veinte años casados, diez desde que él una mañana fría se fue al trabajo sin mirarla.
Y no cambia, no ha cambiado, ella no existe, se siente invisible, un fantasma vagando entre las paredes de aquella casa.
Piensa en irse, en sentir de nuevo unos brazos amantes, todas las mañanas lo piensa.
Pero nunca hace nada; se sienta y toma el primer café de la mañana.
Ya no hay magia, en realidad no queda nada, pero sin quererlo ella sigue teniendo esperanza.
Oye una voz en su cabeza: ¡Vete! No hagas ni la maleta; sal a la calle, respira, haz de este día un rayo de sol, deja de ser una mujer triste, agachada, levanta la cabeza y corre hacia la esperanza. Con el alma quebrada y la boca vacía de besos, mira por la ventana y esa voz agridulce le susurra:
Sé esa mujer que se libera de los grilletes.
Sé esa mujer que sonríe y besa.

Sé esa mujer independiente que no calla.


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Concurso Independiente – Participante 8

DEPENDE, ¿DE QUÉ DEPENDE?

–¿Y tú?, ¿qué quieres ser de mayor? –preguntó el profesor.
Independiente –respondió Marisa provocando una carcajada en el profesor.
Como no entendió la reacción de su profesor, Marisa buscó en el diccionario la definición de la palabra independiente: Que no tiene dependencia, que no depende de otro.Siguió sin comprender qué había de cómico en su respuesta. Fue años más tarde cuando, al echar la vista atrás (y también hacia delante), por fin resolvió el misterio de la carcajada de su profesor y escribió en un trozo de papel los puntos en los que basaba su teoría:
  • Durante la infancia somos dependientes a la fuerza. Dependemos de nuestros padres para sobrevivir.
  • Durante la juventud, cuando ya creemos que nos hemos independizado solo por el hecho de abandonar el nido familiar, dependemos del dinero. Sin dinero es imposible independizarse. Y este punto nos lleva al siguiente.
  • Dependemos de nuestros jefes. En cualquier trabajo dependes de la persona que te contrata y si decides ser autónomo y trabajar por tu cuenta dependes de la gente que contrata tus servicios.
  • También dependemos de la sociedad y de las personas que la gobiernan. Según sus decisiones nos irá mejor o peor, podremos hacer unas cosas u otras.
  • En la vejez puede que pensemos que es cuando llega la verdadera independencia, pero no es así. Dependerá de si hemos conseguido una buena jubilación, de si nuestro cuerpo sigue fuerte y nos permite hacer lo que queramos sin ayuda.
Marisa lanzó el bolígrafo con furia y utilizó el trozo de papel como posa-vasos. La cerveza estaba tan fría que empezaba a sudar y a manchar la mesa de caoba que había conseguido comprar gracias a su independencia. Soltó una carcajada muy parecida a la de su profesor y gritó:
–¡La independencia llegará cuando esté bajo los cipreses!
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