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Parámetro de sinceridad al 90%

No hace falta ser un fanático del género para ver la película de Christopher Nolan: Interstellar, más sí un poco “enfermita” para volver a reproducirla por séptima vez con la misma ilusión que la primera. ¿Alguien tiene algo para decir? ¿No? Perfecto, no me detengan.

El meollo de esta referencia es que la película tiene un intercambio de palabras que da origen al título de este post entre Cooper (uno de los protagonistas) y TARS un Robot, que es el siguiente:

Cooper: ¿Cuál es tu parámetro de sinceridad?

TARS: Noventa por ciento. Ser totalmente sincero no siempre es lo más diplomático, ni lo más seguro a la hora de comunicarse con seres emocionales.

Esta respuesta aparentemente inofensiva y certera, resuelve ninguna de mis dudas y refuerza todas mis incógnitas, ergo me fuerza a reflexionar, porque una frase así no se le puede pasar por alto a cualquiera; ergo a mí, cualquier Paula.

La sinceridad es una característica valiosa, aunque apreciada de un punto de vista equivocado, y estoy tentada a decir que no importa cuán sincera sea una persona, sino cuanto más o menos sepa mentir. ¿Qué es si no la comunicación? La traducción de un pensamiento mediante artilugios lingüísticos; la expresión a través de un filtro moderador, una estructura social, de un dato mental que se procesa en nuestros cerebros según un engreído punto de vista en común, que puede simplemente ser cultural.

Por eso, la próxima vez que una persona me comente que le gusta cómo escribo porque me expreso de forma sincera, le voy a decir que se equivoca de parámetro, que mi mayor característica es ser muy mala mentirosa y por eso escribo como lo hago, y si no me cree que le pregunte a TARS, el robot de la película.

 

 

 

Te extraño GSM

“No me cocino en el primer hervor”. Este refrán rondó mi cabeza por la mañana y no tuve más que darme la razón. Vengo a ser esa clase de fideo al huevo que necesita ser cocinado a fuego fuerte durante más de diez minutos de ebullición; lo sé porque yo cocino.

En este mundo tecnológico donde la información nos llega desfigurada, he leído a múltiples fuentes parafraseándose entre sí, sobre que los que nos ponemos viejos tendemos a sobrevalorar un pasado que de hecho no es mejor que el presente. A eso le digo: ¡patrañas!

En mi “antes”, para leer el diario tenías que levantarte temprano para ir a comprarlo.

En mi “antes”, deseabas conversar con alguien por teléfono y esperabas a que tus padres se fueran para usarlo a escondidas.

En mi “antes”, usabas Internet durante quince minutos porque era muy lento y salía muy caro.

En mi “antes”, la información oficial para la tarea del colegio provenía de la Encarta.

Puedo continuar citando eventos aislados que en aquel entonces “disfrutaba”, pero sin duda mi mejor época fue en el surgimiento del SMS, durante el apogeo de la tecnología GSM.

Si pudiera volver a esa época donde la información era accesible y discreta, donde las personas preferían comunicarse cuando realmente tenían algo para decir, cuando el teléfono fijo sonaba y era la tía de Italia que llamaba para contar un evento importante… no me sentiría tan frustrada como ahora, como cuando si digo que no tengo Facebook personal, la gente me mira como si fuera un bicho raro, o que cuando uso SMS o realizo llamadas por teléfono, la gente se toma el atrevimiento de contestarme solo por WhatsApp como si existieran razones de peso para usarlo…

SMS, volvé a mí.

 

Los fantasmas son como el spam, desaparecen si no les das pelota

¿Harto de ver la misma publicación unas quichicientas veces al día?

¿Cansada de que la propaganda te invada y ataque tu lapsus de ocio?

¿Te gustaría dejar de seguir a una persona pero te da cosita que se de cuenta?

Opción a: Anuncias en público que dejarás de seguir a esta persona y te encargas de que todos sus seguidores estén al tanto.

Opción b: Esperas a que diga que está de vacaciones y dejas de seguirlo al instante.

Opción c: Lo dejas de seguir pero sigues comentando sus entradas para dejarlo confundido.

Opción d: Experimentas problemas repentinos con la plataforma WordPress y por motivos que desconoces pierdes contacto con su blog.

Esta entrada surgió buscándole la vuelta para recordarles que estoy regalando Retorcida a cambio de reseñas/opiniones/valoraciones, pero no se me ocurrió una forma digna de hacerlo así que salió esta bizarrada. ¿Lo quieren?

¡SPAM, MALO SPAM!

Sobre la loca (biografía)

Paula tuvo una niñez muy corta.

A la joven edad de 9 años —diez según mi madre— me convertí en lo que soy, una mujer que sabe limpiar el baño… no, mentira, una mujer que sabe cocinar pizza… no, tampoco, una mujer retorcida, sí, así está mejor.

De adulta, si es que eso existe, me transformé en una loca reprimida que explota su potencial por las noches y que lo desperdicia durante el resto del día. Estudié ingeniería y eso me ha servido de mucho, aprendí que perseverar y triunfar no tienen nada que ver entre sí.

Planes a futuro, no tengo, pero mientras tanto llevo adelante un blog con 556 suscriptores de los cuales me lee menos de la mitad. Aun así y ante toda calumnia, tengo el descaro de estar creando mi segunda novela, incluso sin haber publicado la primera.

Si tiene algo que decir al respecto comuníquese a pauladegrei@gmail.com.

P.D.: Omita la parte de psicoanálisis, a esta altura es evidente que tengo dificultad para enfrentar mis propios conflictos, incluyendo la parte de escribir en tercera y primera persona dentro de un mismo texto.

Entrevista a Paula De Grei (I)

Periodista: Primero que nada, quisiera darte las gracias por concederme esta entrevista.

Paula: No hay de qué. Confieso que siempre he admirado tu trabajo.

P: Me halagan tus palabras, trataré de ser breve. ¿Solías escribir de pequeña?

P: Sí, en ocasiones, más que nada narrativa. Todavía recuerdo mi primer relato: “Viaje al centro de la tierra”, la maestra me puso un 6 por ser demasiado fantasiosa. Hasta el día de hoy estoy convencida de que no pasó del primer capítulo.

P: ¿Cuál es tu opinión sobre José Luis “El Puma” Rodríguez?

P: Prefiero reservarme el derecho a réplica. No me gusta interferir con los gustos musicales de mi madre.

P: Me parece muy respetuoso de tu parte Paula. No esperaba menos. ¿Si pudieses viajar al pasado que te dirías?

P: Que en algún momento voy a poder viajar al pasado.

P: Dígame alguna habilidad suya.

P: Precisamente le voy a decir dos. Con la cantidad justa de cervezas adquiero hiperfuerza y con la cantidad justa de Jameson me vuelvo políglota.

P: Si quieren conocer más a Paula no duden en dejar su pregunta en los comentarios. Gracias.

Santana – She’s not there

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