Concurso 2018 – Participante 9

A  tú manera (prosa poética)

Tus melancolía(s) me enamoraron vida mía, me hicieron entender la belleza de tus labios, me llenaron de enseñanzas y tiernas alegorías, muchas cosas tengo que aprender contigo, en un viaje que comenzamos desde hace muchas vida(s), te he amado sin reparo, y sin embargo sigues pensando que te he sido infiel cuando mi pensamiento te pertenece desde el amanecer hasta el anochecer, no quiero pintar mi vida, en lienzo(s) diferentes,  pues la vida contigo es ahora, y solo quiero soñarte y amarte de modo diferente al que he vivido hasta ahora. Sin ti el viaje, sería obscuro y vacío, porque me tienes volando a tu manera, el viaje cariño mío, solo contigo, eso sí a tú manera.

Participá del Concurso Marzo 2018

Concurso Marzo 2018 – Participante 8

EL LIGUE

—Es una maravilla, ¿verdad?

Miré hacia la voz que me había sacado de mi ensimismamiento. Me encontré con unos ojos azules impresionantes, rodeados de un rostro de adonis. Mi cerebro pensaba algo inteligente que contestar, pero mi boca fue más rápida:

—¿Eh?

—El cuadro que observas. Es un prodigio.

Claro. El cuadro. Qué iba a ser si no. Tonta, tonta, tonta. Estábamos en la inauguración de una exposición y yo delante de una de las pinturas.

—Una verdadera obra de arte —continuó—. La artista ha sido capaz de darle vida al lienzo con una maestría exquisita. Los colores y las formas hablan por sí solos. Ha plasmado la historia de una existencia; desde el nacimiento hasta la muerte, con sus etapas de felicidad, tristeza, melancolía, confusión… ¿No crees?

—Sí… sí. Justo eso estaba pensando antes —mentí mientras observaba ese revoltijo de rayas y colores que podría haber pintado un niño de tres años.

Mi interlocutor se alejó unos pasos para coger un par de copas de champán de una de las mesas altas del catering. Momento que aproveché para constatar que a su atractiva cara le acompañaba un atlético cuerpo. Y además parecía inteligente. ¿Por qué me hacía caso? Qué más daba. Lo importante es que venía hacia mí con una sonrisa y una bebida.

—Por cierto, me llamo Paolo. Soy redactor de la revista Arte al Cuadrado.

Yo… yo soy Erika. Hermana de Ana.

—¿Ana Montehermoso? ¿Eres la hermana de la artista?

—Así es. —Entonces era cuando me pedía que se la presentara y se olvidaba de mí.

—Estarás orgullosa de ella. Será emocionante compartir la apertura de su exposición.

—Claro. Mi hermanita. Siempre confié en que llegaría lejos. —Bueno, en realidad me reía de ella y le preguntaba si pintaba con los ojos cerrados, pero no parecía buena idea contárselo.

—¿Vendrás también mañana?

—No lo creo. Solo traen canapés hoy.

—Ja, ja. Guapa y graciosa. Me gusta.

Vaya, para una vez que decía la verdad y quedé bien. O tal vez esa no era su primera copa y su sentido de la realidad estaba distorsionado. ¿Y qué decía yo ahora?

—Yo sí volveré mañana. —Gracias, señor, por hacer que hablara él antes—. Aunque puedo venir a primera hora y así tengo tiempo para ir a tomar algo luego.

—¿Conmigo? —Sí, antes de terminar de decirlo ya me había arrepentido.

—Eso es lo que me gustaría, ja, ja. Voy a dar una vuelta y a tomar unas notas, tengo que trabajar. ¿Nos vemos mañana, aquí a las seis?

—Perfecto —respondí con una sonrisa, que pretendía no fuera demasiado amplia, para no parecer una adolescente ilusionada.

En cuanto mi inesperado ¿ligue? se alejó, se acercó mi hermana.

—Tía, Erika, ese era Paolo, el de Arte al Cuadrado. Parecíais muy… melosos.

—Sí, y venga, suelta ya dónde está el truco. ¿Es gay? ¿Está casado? ¿Tiene halitosis? ¿Ronca? ¿Le has pagado?

—Qué va. A mí también me alucina que te haga caso. Tiene a todas loquitas pero es muy selectivo.

—Pues me ha invitado a tomar algo mañana —dije hinchada como un pavo (a lo que también habían ayudado los canapés y las copas).

—Chica, no lo entiendo, que le hayas llamado la atención con ese vestido del mercadillo de los miércoles.

—Es del de los sábados, que tiene más glamour. Y si tú puedes tener éxito con tus garabatos, no entiendo por qué yo no puedo triunfar con mi Dolce y Gabarra.

—Vale, vale. Pero ese no te aguanta ni tres meses. Te apuesto mis Jimmy Choo.

¡Me encantan esos zapatos! Hecho.

Mira por dónde que gané la apuesta, y anda que no estoy elegantísima con los zapatos de mi hermana, hasta cuando voy en chándal. Paolo me dejó a los tres meses y medio, por una rubia de su oficina; una que los fines de semana trabaja de gogó en no sé qué discoteca. Por lo visto ella entiende más de cuadros que yo.

Participá del Concurso Marzo 2018

 

Concurso Marzo 2018 – Participante 7

Fist Man.

Tengo una mano por cabeza. A partir de ahora mi «Mano», con mayúscula, para distinguirla de las otras dos.

Todos creen que por tener una mano por cabeza no soy capaz de pensar. Pero sí que pienso. Y oigo, y veo. Eso sí, no me preguntes cómo lo hago. No sabría explicártelo. Ni siquiera sabría explicar por qué hay alguien como yo.

Siendo estrictos, no se puede decir que como. No hay agujeros en mi cabeza. Pero la piel de mi Mano es permeable. Y, de algún modo, absorbo los alimentos al sumergirla en agua, leche, papillas, purés, mermelada o mantequilla de cacahuete. Sobre esto no quiero extenderme. Es así y punto.

¿Me has visto contar? Eso les encanta. Con el índice de mi mano derecha voy señalando los dedos de arriba. Uno, dos, tres… Cálculo digital. Cuenta de memoria, han dicho. Pero eso no es lo más grande que he hecho, claro. Lo más grande, por orden de importancia, es haber portado la antorcha olímpica. Verla llevada por una Mano que también es la cabeza de alguien les pareció una especie de giro sublime, y a la vez grotesco, de la Creación. Una puesta en cuestión de los límites del Hombre. ¿Quizá lo estoy llevando muy lejos? Bueno, es que yo soy así. Mi esencia es llevar.

Los había que lloraban viéndome trotar con la antorcha. Y los había que no salían de su asombro, cautivos del fuerte impacto visual. En la tele no impresiona tanto. Es como ver hacer payasadas a una mascota de la NBA. Más o menos.

Quizá lo segundo más importante fue cuando me contrataron para despedir aquel transatlántico. El «Júpiter». Una réplica nostálgica del Titanic, pero aún más grande y más retorcidamente vintage. Querían que la primera vez que zarpara yo estuviera allí y dijera adiós desde el muelle.

No les pareció suficiente que lo hiciera agitando la Mano. Querían que moviera las tres. Cuando hago eso los críos saltan, ríen y chillan extasiados.

Me llamaron también para desbloquear un iPhone X gigante con la huella digital del pulgar de mi cabeza, ante cientos de personas, en medio de un centro comercial.

¿Qué más? Ah, sí. Versace hizo un guante para mi cabeza. Desfilé en París.

Y hay un cómic basado en mí. Fist Man.

¿Que por qué pongo en mis fotos de perfil siempre una mano? ¡Es mi cara!

Chócala. No, esa no, la de arriba. La grande.

Sí. Mis días son de circo. No pasa uno sin que tenga que rechazar entrevistas, apariciones en películas o en series de televisión.

Mi mejor peinado es cruzar los dedos. No doy cabezazos, doy puñetazos.

Generalmente, cuando extiendo mis dedos, la gente suele interpretar que estoy contento. Y cuando tengo la Mano cerrada creen que es síntoma de enfado o melancolía.

Me corto las uñas con una podadera.

Sé que hay artistas que pintan lienzos con los pies y hasta con la boca. Verme pintar a mí con la Mano… guau. Eso sí es espectacular.

La cantidad de Chupa-Chups que puedo agarrar con mi cabeza es la unidad de medida del Sweet Candy Megapack de 2016.

A veces me piden, claro está, que haga ese gesto grosero con mi dedo más largo y más alto. Pero yo les amenazo con la bofetada de su vida. No pienso ser esclavo de nadie. Ni andar por ahí con la Mano atada.

Bueno, tengo que reconocer que una vez me enamoré. No sé si ella me quería. No me dejaba abrazarla. Prefería que la agarrase. Y, cuando lo conseguía, se hacía selfies todo el rato.

Nunca llevo anillos en la Mano, porque es como si fuera a jugar al tenis o hacer aerobic.

He soportado mi destino medianamente bien hasta hace unos meses, cuando me crucé en la calle con aquella señora. Y pitonisa. Se quedó espantada mirándome a la cara. ¿Acaso no sabía yo leer las líneas de mi Mano? Que era terrible, dijo.

Me muero. Soy joven, pero me muero. Me lo advirtió aquella señora y pitonisa después de leer las líneas de mi cara. Así que he tenido tiempo para prepararme. Soltar lento, poco a poco, mi insólita existencia.

Pero… también me da rabia, porque es paradójico. Tengo más manos que los demás y justo lo que los dioses me prohíben es aferrarme; a esta maldita Vida.

Para pegarse un tiro en la Mano.

FistMan

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Concurso Marzo 2018 – Participante 6

Rebeldía punzante

Mis pies descalzos caminan por la casa familiar. Entro y salgo de cada habitación acompañada de la soledad, el llanto y el lamento. Asomo mi rostro por los ventanales que siguen enmarcando el LIENZO verde de la plantación tapizada de musgos y sauces llorones, los favoritos de mi madre. Analizo las paredes con mis manos. Sus grietas cuentan la historia de VIDAS que ya no le pertenecen. Hace mucho que las risas y las travesuras se mudaron a la gran ciudad dejando sola a la casona de la infancia.

Trato de emular los pasos de un viejo chachachá que suena en el tocadiscos de la abuela. Manuela mi nana, lo ha puesto para alegrarme el día pero, mis pies torpemente se tropiezan y caigo junto a los retratos familiares dejándome ver los rostros de mis pobres muertos. Desde aquí abajo observo como la vida sigue su curso.

La MELANCOLÍA se apodera de mi mente provocando lágrimas tristes y cansadas por los recuerdos… de mañanas cálidas con olor a café y de cielo pintado de azul, de carreras entre los surcos en la plantación, de paseos de carnaval en aquella camioneta Ford verde, de 1966, que descansa desvencijada a la entrada, de baños de río y pesca de truchas en la temporada… pero más que todo, de ese aroma inconfundible a geranios y rosas que se desprendía de la piel morena de mi madre cuando se abanicaba en los días calientes de verano. Todas estas memorias que revolotean en mi cabeza, como lo hacen las mariposas monarcas que están alrededor de los pinos y oyameles, me consumen y me someten.

El chachachá que suena todavía, termina con la frase “muchacha bonita, mi linda Cachita, Cachita está alborota ahora baila el chachachá”, sin embargo no lo he podido bailar, no he logrado coordinar mis pasos al ritmo acelerado y rumbero de Eddie Palmieri y eso me produce frustración. Estoy como está esta casa, sola y llena de evocaciones pasadas. Todos se han ido, menos Manuela. Ella continúa aferrándose a existir a pesar de la vida misma. Ella cree en la fuerza de las palabras y de las remembranzas de los momentos tanto gratos como ingratos.

Vaya ¡qué locura! ¿Quién quiere recordar momentos desagradables? ¿De qué sirve? Solo Manuela puede creer que algo bueno sacamos de ello… mi vieja y fiel Manuela, mi acompañante de sabiduría montubia.

Mientras observo los rostros en blanco y negro de los míos, el viento de la tarde, que ha terminado de jugar con las cortinas del salón, se dirige al horizonte dejándose caer en su vegetación herbácea. Lo siento desaparecer y extenderse a lo lejos llevándose consigo su silbido, y yo sigo descalza reflejándome entre tantos instantes en los cauces de una memoria a la que le abruma el paso del tiempo.

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Concurso Marzo 2018 – Participante 5

Sillas, mesas, pordioseros y otras gentes

     Contemplo desde serena distancia, apoyado en una gélida pared, mientras apuro, azorado por viento helado un pitillo, en la puerta de un bar que el frio ha condenado, tan temprano, tanto frio sin ninguna misericordia  hacia un sufrimiento que se aprecia en los mudos lamentos, que de las sillas y que de las mesas surgen, tan abandonadas a su suerte, distribuidas por azar caprichoso en aquella desolada terraza.

     Más aun me soliviantan todas esas personas, somnolientas todavía, indolentes, sumidas en la melancolía por lo que no les deparará el futuro, tan inmisericordes como egoístas, que pasan por su lado, sillas y mesas, camino de sus trabajos, sin ni siquiera una mirada, volver la vista hacía sus sombras, sentirlas, o al menos, mostrar compasión ante tanto   frio en acero convertido.

     El incesante padecer de esas sillas, con sus mesas por compañeras, que en la terraza de éste o cualquier otro bar, tanto da, en todos es igual,  en hora tan temprana, recién puestas las calles, retando a la oscuridad, bajo manto tan  gélido, sufriendo en su espíritu inanimado temperatura de tan cruel, insana, me acongoja.

    Lo que más me desespera, que si tanta indiferencia se presume ante objetos que piensan inanimados, sin sentimientos ni emociones, cuán dura será su postura cuando quien sufre de soledad es ser animado, sea animal desamparado, abandonado por ingratos dueños, sea mendigo desgraciado, que ha forjado su desventura enfrentándose con sus miserias a la vida, con armas tan fútiles, por inútiles y traicioneras, alcohol y  drogas, que en vez de servirle, arruinaron su vida, que en vez de ser salvavidas, fueron una pesada losa  aferrada a su cuello que los sumergió en la más despiadada indigencia.

     A esos míseros seres, los pordioseros, los “sin techo”, que parecen remedos urbanos, errantes de tan ignoradas que son, observo cada noche cuando me protege su sueño, paseando entre sus misérrimas camas sobre la dureza de su colchón de cemento, protegidos por raídas mantas, con piojos por compañeros de pesadilla, a los que todos desdeñan como si fueran apestados, con el lienzo de un rostro que demuestra sus batallas, convertidas en inhumanas derrotas.

     Mirándolos sin verlos, invisibles en éste caso también, displicentes, sin compasión, como si fueran  sillas y mesas, tornando la cabeza para otro lado para no ver la nada que para ellos son.

    Las más de las veces ni eso, porque ni se han enterado de su penosa existencia, no se han percatado de su dolor.

    Pero, la vida es vengativa, ellos son también sin saberlo, parias de esta sociedad tan dura, víctimas de la crueldad de ciudades intransigentes, implacables con el que su debilidad les demuestra, sean mesas, sean silla, sean pordioseros… sean gentes sin alma.

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Concurso Marzo 2018 – Participante 4

Numen

Por primera vez en su vida las palabras se agolparon en su garganta, se corrompieron al chocar en su propia contradicción, en el deseo punzante que le provocaba el abrazo de ella y la necesidad acuciante de huir. Pero su sentido común había huido antes.

─ Espera –le dijo con un tono suplicante.

Y en esa única palabra cabía toda la melancolía de la palabra ausencia, el vacío infinito que deja la pasión insatisfecha, un grito hueco, desesperado e invisible que quedó suspendido en el aire como el humo de un cigarro que dibuja un signo de interrogación.

Los ojos de ella se abrieron un poco, lo suficiente para marcar en sus labios el comienzo de una leve sonrisa llena de sarcasmo. Pero como concediendo el último deseo a un condenado entornó la mirada y se giró hacia el sillón.

Comenzó a desvestirse con marcada parsimonia, de espaldas a él, y se acomodó de forma obscena con una sonrisa burlona en sus labios. Él se giró, frenético, buscando el lienzo que descansaba en blanco en un rincón. Su mano temblorosa se calmó al coger el pincel, y comenzó a pintar en un estado casi místico, poseído por una fuerza interna que trataba de plasmar en apenas un instante la mezcla de sentimientos que le provocaba ella. Los trazos firmes que delineaban la curva de su cuerpo se fundían a continuación con los colores más intensos de su paleta cromática. El tiempo pareció detenerse, como otras veces en las que la mirada de él se quebraba en los pliegues de la piel de ella, buscando la combinación ideal de luces, colores y sombras que pudiera dejar indefectiblemente unida a la realidad del lienzo aquel mágico destello de perfección absoluta.

Justo un segundo antes de terminar supo que aquel sería el último cuadro que merecería la pena haber pintado en su vida. Giró la mirada a tiempo de verla un vez más. Calíope cerró la puerta de golpe al salir.

Participá del Concurso Marzo 2018

Concurso Marzo 2018 – Participante 2

LIBERÁNDOME

Las tres de la tarde de sábado y María estaba tirada en la cama, con su largo cabello castaño enredado y cubriéndole la cara, estaba ahogada en melancolía y los ojos totalmente rojos; estiró la mano sobre la mesita de noche y tomó una pastilla, la trago casi sin pensarlo, intentó dormir para no pensar en nada, se retorció en la cama por un tiempo, dando vueltas de un lado a otro, se cubría y se destapaba, hasta que no pudo más y se paró de golpe, corrió al baño y metiéndose los dedos a la boca comenzó a vomitar, con dolor y llanto arrojó lo poco que le quedaba en el estómago.

Regresó arrastrando los pies por la alfombra, el aire de la habitación estaba añejo, olía mal y ella ya ni siquiera lo notaba, estaba a obscuras, llevaba dos días en aquella obscuridad. Cogió el móvil e hizo una llamada.

—Consultorio del Doctor Sáenz. — La voz era amable, sin embargo a ella le irritaba.

—Soy María. — Se escuchó el susurro de la enfermera y un par de instrucciones de parte de él; pudo escuchar los tacones salir y la puerta cerrarse tras ella.

— ¿Qué pasa? ¿Has tomado ya las pastillas?

—Sí, pero no puedo más, no quiero hacerlo, me he provocado el vómito.

— ¡Te he dicho que es por tu bien maldita sea!, ¡esto no es un juego!— un breve silencio y las lágrimas de María caían ya involuntariamente. — Escucha, esto es lo que harás, tomarás de nuevo las pastillas y dormirás hasta que yo llegue a casa cielo, no te provoques el vómito, solo tómalas, piensa que es una simple jaqueca y estas tomando un par de analgésicos, te prometo que después todo estará bien, pero si no lo haces me iré, voy a dejarte y no volveré.

—No puedes hacerme esto.

—Claro que puedo, vives conmigo, pero si no me haces feliz puedo largarme con otra, y tú, no creo que encuentres algo mejor que yo, que te dé lo que yo te doy, así que se buena y has lo que te digo.

— ¿Quieres irte con otra?

— No corazón, yo te amo, es solo que tú haces todo más difícil, me heces la vida difícil, toma tus pastillas y déjame amarte, déjame ser feliz contigo, no compliques las cosas.

Con las manos temblorosas y el llanto desatado colgó sin decir una palabra más, estaba débil, la cara hinchada de tanto llorar, se acercó a la ventana y movió levemente la cortina, pequeños rastros de luz se colaron lastimando sus ojos. Se volvió hacia la cama.

Habían pasado casi dos horas desde que lo había llamado, y él no la había buscado, ni si quiera para saber cómo estaba, o al menos para asegurarse de que había tomado las pastillas. María lo comprendió, llevaba dos días sintiendo que el mundo la aplastaba lentamente arrancándole las ganas de respirar, y él seguía como si nada. Se metió al baño de nuevo, esta vez para darse un baño; al salir vio en el espejo algo difícil de reconocer, sus ojos hinchados de tanto llorar, lucia pálida y demacrada, esa no era ella, no podía seguir así, no podía vivir así. Metió en un bolso un poco de ropa, abrió sus cajones y sobre un lienzo envolvió todas sus joyas, las joyas que él le había dado cada aniversario, cada cumpleaños, cada disculpa; se puso unas gafas obscuras y salió de la casa dejando una nota en la entrada.

«Lo hice, me he tomado las pastillas. Te juro que ni tu primogénito ni yo, te arruinaremos la vida«.

Cuando Jorge llegó a casa y vio la nota, pensó que se trataba de una rabieta, ya regresaría más tarde, entonces él la abrazaría, le prepararía la cena y todo estaría bien; tomó una cerveza del refrigerador y se sentó a ver la televisión; sin darse cuenta se quedó dormido. Al despertar notó que eran las dos de la mañana, María no había regresado. Intentó llamarle un par de veces, pero ella no contestó; llamó a la hermana de María.

— Llego aquí por la tarde, la he llevado al doctor, le han hecho un legrado y ahora está en el hospital, esta devastada y llora mucho, no la molestes por ahora.

Fue todo lo que le dijo y colgó, Jorge pensó que era lo mejor, que pasara unos días con su hermana y ya después iría a buscarla.

Para el fin de semana la casa estaba llena de luz, la muchacha había limpiado la habitación y Jorge abrió todas las cortinas para darle vida a la casa, compró flores y las colocó en la habitación, se puso su mejor fragancia y fue en busca de María.

Cuando llegó a la casa de su hermana no vio el carro de María. Llamó a la puerta y lo único que recibió fue un sobre dirigido a él y un portazo en la cara. Sin entender lo que sucedía abrió el sobre:

«Te prometí que ni tu hijo ni yo te arruinaríamos la vida y así será, tu plan funcionó, las pastillas me hicieron abortar y yo, ya no quiero verte nunca más, para cuando tu leas esto yo ya estaré fuera del país. Que la vida te cobre el daño que me hiciste.

Hasta Nunca.

María.»

Pasaron días y meses sin saber de ella, su móvil había sido cancelado, no tenía forma de comunicarse con ella. Así que el tiempo pasó sin volver a verla.

Cuatro años más tarde, Jorge vacacionaba en la playa con su esposa, un chica diez años menor que él, a pesar de su delgadez se le notaban perfectamente un avanzado embarazo; se encontraban sentados en una silla plegable, ella recargada en él, comía un helado y a ratos lo acercaba a su boca para convidarle, le acariciaba el rostro mostrando una gran devoción por él y dejando ver sus costosos anillos, de compromiso y matrimonio juntos; mientras se acurrucaba a él vio pasar a un niño pequeño con una gran pelota de playa.

—Mira querido, ese niño es igual a ti cuando eras pequeño, seguro nuestro hijo será así.

Jorge observó detenidamente al niño comprobando lo que su esposa le decía. Sintió un vuelco en el estómago y su corazón se aceleró al ver que detrás aquel niño caminaba una mujer de cabello castaño, iba del brazo de un hombre con barba quien llevaba en el canguro a un niño más pequeño que en nada se parecía al primero.

Cuando el pequeño paso cerca de Jorge éste le tomó del brazo, casi aventando a su esposa y haciendo que la pelota rodara hasta el mar.

Su madre soltó un grito y el hombre con el bebé corrió a rescatar al pequeño, en cuanto vio de frente a Jorge supo de quién se trataba, el parecido con el pequeño era innegable.

— ¡Suelte a MI HIJO!. Exigió aquel hombre con vos firme y mirada retadora, estaba dispuesto a golpearlo si era necesario.

— ¡Querido! ¿Pero qué te pasa?

— Pensé que había tropezado e intenté detenerlo. — Había temor en su voz, sabía que su reacción había sido impulsiva y no sabía que decir, tenía la vista clavada en aquella mujer que había llegado corriendo a sostener a su hijo.

El hombre con barba, apartó con brusquedad la mano de Jorge lanzándole una mirada retadora, la mujer abrazó fuertemente al niño y aquella familia se alejó a toda prisa. Jorge los vio alejarse, aquel hombre los abrazaba amorosamente. Sudor frío caía por su frente y las piernas le temblaban, sintió un enorme peso en el pecho y el deseo de correr tras ellos, pero su dulce esposa se acercó a él para darle un poco más de helado.

Participá del Concurso Marzo 2018

Concurso Marzo 2018 – Participante 1

Inevitables y eternas

Veré de que
Puedo escribir,
No prometo
Sentimientos
Que ya he suprimido,
La musa corre
A zancadas estelares
Destellando su huella
Como oscuras
Acuarelas
Que te nombran
En un lienzo.

 

Si expando mi mente
Estas volutas
Me llevan a tu lado,
El pasado a veces
Forja suspiros
Desesperanzados, lascivos;
Del poeta
El tedio
Es acompañante
Y yo todas
Mis penas y rabias
Las olvidé en tu cama.

 

Las ninfas danza
Sobre prados
Vírgenes,
Tejen melancolías
Hablando bajito entre ellas,
Se niegan
A entregar
El primer poema,
Llorando
En un bosque
De soledad
La angustia a dormir llega.

 

Despierto entre
Una ronda,
Llueven hojas
Llenas de apuntes,
Epitomes de la vida
Y de ojerosos intentos;
No te hablan,
No te encuentro,
Las ninfas
Ahora se reúnen, bostezan
Se estiran
Y entre ellas se besan.

Participá del Concurso Marzo 2018

Concurso Marzo 2018

¡Bienvenidos al 7º Concurso Internacional que se celebra en este blog!

En esta oportunidad son tres las obras que están formando parte de la primera convocatoria del año y que ustedes podrán adquirir a cambio de lo que más les gusta hacer… o lo segundo: Escribir 😀

Los monstruitos son: Spleen Spleen (Seis años y quizás un día)Las vidas que pudimos vivir y Lienzos de Invierno.

 

PREMIOS
(todos ellos cortesía de l@s autor@s)

Primer premio:

Segundo premio:

Tercer premio

 

BASES PARA PARTICIPAR

1. Compartir ESTA publicación en cualquier red social: WordPress, Facebook, Twitter, etc.
2. Enviar un e-mail a pauladegrei@gmail.com con el asunto “Concurso Marzo 2018“, y en el cuerpo del mensaje un texto inédito (de cualquier género) que contenga las palabras: «Lienzo(s)», «Melancolía(s)» y «Vida(s)».
3. En el correo deberán incluir el link a la red social en donde compartieron la iniciativa del concurso y su blog/sitio en caso de tenerlo.
4. No podrán publicar ni compartir su texto, o cualquier texto que participe mientras dure el concurso (por favor respeten el anonimato, no le digan a la abuela que los vote).

Recepción de los textos:

  • Desde el 01/03 hasta el 24/03 inclusive.
  • Los textos se publicarán no más de tres al día.

Resultados:

  • Los ganadores serán los tres textos que tengan mayor cantidad de votos y se darán a conocer el Domingo 01/04 (en caso de empate se procederá a una segunda votación entre los finalistas).

Votación:

  • Se podrá votar mediante Me gusta desde el blog (no se contabilizarán votos de “sitios fantasma” ni desde otras redes sociales).
  • Los votos por comentario quedan solo habilitados a personas que sigan el blog por correo electrónico y con anterioridad al lanzamiento de este concurso.

Respetemos a nuestros colegas; recuerden que soy la CSI de Internet 😀

¡Feliz Concurso!

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