Concurso: Independiente – Participante 1

Difícil Descubrimiento

Común no era exactamente una de las palabras que la definían, desde temprana edad, mostraba indicios de ser ”diferente” al resto, mientras que la mayoría de las niñas que iban al colegio con ella, se desvivían por una muñeca con ropa de la última moda, y maquillaje inocente, la mayor parte de sus pensamientos lo ocupaban el deseo casi exagerado de ganar dinero con sus propias manos y esfuerzo, once años tenía, pero una inteligencia y habilidad que impresionaban a cualquiera.

A los quince años una sonrisa se asomó por su rostro al conseguir su primer trabajo, una librería con gran fama la esperaba con las puertas abiertas para ser atendida por ella, estaba llena de entusiasmo por iniciar en ese mundo tan desconocido de los empleos, pero tan mágico de los libros, no podía pedir más a la vida, el destino la condujo a ese lugar encantador, y estaba consciente de ello.

Su vida se dividía en diferentes facetas, bibliotecaria, chef por la noche, y escritora de ciencia ficción; nunca por su mente se cruzó la idea de hacer tantas cosas simultáneamente, siempre se vió de diferente forma, con perfil bajo y en escenarios de fracaso. Las experiencias le ayudaron a aprender, que sólo era suficiente con desearlo con todas las fuerzas, y trabajarlo con todo el cuerpo, para ver materializadas todas aquellas ilusiones culpables de sus noches de insomnio, y sueños irreales.

Desafortunadamente sólo en la parte económica era absolutamente autosuficiente, luego de los quince años jamás tuvo que volver a pedirle ni un centavo a su padre, pero en cambio sí debía acudir a él cuando un problema grande la colapsaba. Amigos a pesar de su personalidad un tanto extraña tenía muchos, los diferentes lugares que había recorrido con sus pies habían hecho esto posible, junto con su brillante capacidad de entablar conversaciones interesantes con cualquier persona que le brindase confianza, siempre ante cualquier deseo de salir, ver una película de estreno, o ir al teatro a deleitarse con una nueva obra, marcaba por lo menos diez de los números de los más íntimos, pidiendo compañía, por supuesto muchas veces obteniendo un no como respuesta, y un pinchazo en el corazón. Necesitaba de alguien, la soledad le aterraba.

Una noche de Abril luego de pensar largamente sobre sí misma, sus logros, fracasos, tristezas, alegrías y demás, se encontró con una dura verdad, mientras sentada en el sofá de su sala, miraba ansiosa su celular esperando una llamada o un texto de quien fuese pues quería sentir que era importante y recordada por alguien, sus ojos se perdían entre las fotos de su grado como chef, de las diferentes personas que emocionadas entraban a la librería en busca del libro de sus sueños y salían con uno en sus manos, muchas veces se tomó el atrevimiento de pedirles una fotografía para dejar un recuerdo para siempre de sus ventas, también junto a esos pocos pero intensos amores que en sus veintiocho años había vivido. Una lágrima se deslizó por sus ojos, y con una mano la limpió rápidamente. Esa noche  descubrió su realidad: Jamás había sido realmente independiente, siempre necesitó de alguien para disfrutar de los momentos que la vida le brindaba, quizá no se conocía lo suficiente, era hora de mirarse cara a cara.


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