Concurso: Almas y Bruja – Participante 14

Giro de tuerca

Sonó el timbre. Extrañado, dirigió su mirada al reloj colgado en la pared y pensó quién podría ser a esta hora, ya que era razonablemente tarde. El timbre volvió a sonar por segunda vez, sacándolo de su ensimismamiento. Fue hacia la puerta y la abrió.

Ella entró con tanta velocidad y lo abrazó con tal fuerza que lo tomó desprevenido. No llegaba a entender qué era lo que estaba ocurriendo, sólo notaba su camisa un poco húmeda, allí en el lugar donde ella escondía su cara. La abrazó con uno de sus brazos y, con la otra mano, intentó cerrar la puerta. Lo logró al segundo intento.

Callado, no se atrevía a preguntar. Dejó pasar los minutos, hasta que ella se separó un poco de él y lo miró, con los ojos llorosos.

-Soy una estúpida..-Murmuró débilmente- No pude ayudarla.

Él frunció el ceño, comprendiéndolo todo.- ¿Qué decís? Por favor, no me hagas enojar.

Ella, volvió a insistir.- Sí, porque lo peor es que sabía que esto iba a terminar sucediendo, y soy estúpida al no poder impedirlo -Bufó- Hay veces en las que siento que soy bruja, porque termino adivinándolo todo, sabiéndolo de alguna manera. Y, sin embargo, eso no sirve de nada.

-Hay cosas que van más allá de nosotros, lo sabés -Suspiró- Hicieses lo que hicieses, dijeras lo que dijeras, la decisión fue de ella y no tenés la culpa por eso, hiciste todo lo que pudiste. No te castigues. Ella fue la que se decidió por las malas compañías.

Ella comenzó a negar con la cabeza, negándose a creerle, mientras algunas lágrimas escapaban de sus ojos, una vez más.- Siento que podría haber hecho algo más, me siento una persona horrible.-Susurró, limpiándose las mejillas con la manga de su sweater.

Se le encogió el corazón el verla así. Sin embargo, no pudo evitar sentir una ternura infinita por ella, al ver ese gesto. -No, eso no es verdad -La miró serio, con intensidad- Sos una persona increíble, en todas tus formas. No se me ocurre una palabra mejor para describirte, sos como esas almas puras de las cuales la gente habla y que nunca nadie encuentra, porque son muy pocas. Sos perfecta.

-Sabés bien que eso no es verdad..-Murmuró, rodando sus ojos como para quitarle importancia al asunto- Soy despistada, charlatana, y, cuando me lo propongo, curiosa e insistente -Comenzó a enumerar con sus dedos- Entre muchos otros defectos.

-Sos perfecta para mí -Susurró él, acercándose a ella.

Ella abrió mucho los ojos, sorprendida, y se sonrojó.- ¿Qué? -Bajó la mirada, escondiéndose de él.

-No te hagas la distraída -Murmuró, llevando su mano izquierda a la barbilla de ella, para que sus miradas se encontrasen. La miró a los ojos y se acercó un poco más.- Que me escuchaste muy bien -Y, suavemente, terminó de acortar la distancia entre ellos, besándola. Sus labios estaban salados debido a las lágrimas, pero no le importaba. Él estaba feliz.

Juntaron sus frentes, al separarse. Ella se animó a hablar.- Bueno.. ¿Quién iba a decir que iba a salir algo tan lindo de algo tan feo? Creeme que esta no era mi idea al venir a tu casa -Soltó una risita- ¡El día definitivamente mejoró con creces! -Sonrió, tímidamente.

Él no pudo contagiarse de su sonrisa, al escucharla.- Sí, creo que no nos podemos quejar..-Y, antes de que ella le respondiese, la volvió a besar.

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