Concurso: Almas y Bruja – Participante 11

Érebo
Una ventana que batía, el crujir de las maderas en el piso, el intermitente correteo de las ratas entre las vigas sobre mi cabeza, el sonido del viento silbando al colarse por algún agujero. Reconocía todos los ruidos nocturnos pero cuando la noche traía algunos nuevos tenía miedo sobre todo cuando lo único que se escuchaba parecían ser los lamentos de las almas en pena que tan bien describían los antiguos cuentos de brujas.
Cuando al fin reuní el valor para abrir los ojos pude ver el pábilo flotante de la vela derretida frente a mi cama que se inclinaba hacia la ventana para dar un último y gran resplandor antes de apagarse entre las sombras por una ráfaga de viento. Me levanté sobresaltado en la penumbra  y al llegar a la ventana entreabierta para cerrar el postigo batiente dirigí la vista hacia los desolados páramos que rodeaban la casa y tan sólo puede alcanzar a ver una misteriosa neblina oscura que se movía como si pudiera pensar. En ese instante el miedo tornado en terror invadió todo mi cuerpo y noté como aquella oscuridad me rodeaba. Una extraña sombra se acercaba como deslizándose hacia mi y aquel extraño lamento que me había desvelado se hacía más fuerte hasta estar lo suficientemente cerca como para distinguir un susurro que no alcanzaba a comprender. La sombra estaba tan cerca que pude ver dos manchas brillantes como unos ojos de fuego fijos en mi. Sentí un dolor intenso en la palma de mis manos como si metal incandescente estuviera en contacto con mi piel. El dolor pudo más que el miedo y al abrir las manos puede ver algo dos manchas brillantes como los ojos de la forma que seguía detenida entre la bruma mientras susurraba, ahora sí ya claramente: “dos monedas para el viaje”. 
Desperté sobresaltado, esta vez iluminado por el alba que clareaba la estancia. Tardé un tiempo en calmarme lo suficiente como para levantarme y convencerme de que sólo había sido un mal sueño. Cuando me apoyé en el alféizar de la ventana buscando el aire de la mañana  sentí de nuevo, atenuado, aquel dolor en las palmas de las manos y pude ver con horror como dos pequeñas manchas desaparecían ante mí.

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