Concurso: Almas y Bruja – Participante 10

900 DIAS

─No encuentro lógica que quieras hablar de mi Mariana. Mi historia tiene un principio y un final como toda historia, le digo a Mariana con voz firme.

Ella me sonríe con una sonrisa de labios finos, bien dibujados, una sonrisa que llega hasta sus ojos verde agua, como el agua de los mares de Brasil y que sube por sus cabellos largos y lisos. Mariana me toma del brazo fuerte y dice: ─Petra vamos cuéntame tu historia, ─ tú sabes que necesito tu ayuda para mi tesis. ─Franco dice que no tienen hijos porque se te quedo la pena prensada en el vientre.

La miro con ojos cansados que se esconden en lentes grandes de colores exagerados .Me gusta ser extravagante, es un gusto que me he dado siempre.

─Bueno y de que se trata tu tesis ?─ Le pregunto un poco curiosa y preocupada ─No quiero ser la burla de algún estudiante de tu facultad. Ella, me habla con voz melosa apoyando su cabeza en mi hombro, ─! No como crees, jamás lo permitiría!

Vamos caminando por la avenida Córdoba , hablamos del tiempo, del café Pin que está en la esquina que hemos dejado atrás y que me gusta porque es colorido y está a una puerta del centro cultural Borges y , que además tiene mozos de cuerpo tallado que visten jeans estrechos con hablado cantado de Medellín . Nos reímos sobre el comentario.  Vemos el edificio naval, imponente, elegante, eterno, a nuestra derecha.

Nuestras risas se mezclan con el olor del puesto de flores y del corredor largo y angosto al girar en Florida, huele a café, a miel, a manteca, a nuevo, a ciudad poblada en domingo. El corredor esta abarrotado de gente que camina a la galería Pacífico. Caminamos y escuchamos música de los músicos jóvenes y viejos que cantan canciones de mi época, de su época y que no reciben la atención de nadie. ─Una pena, tienen talento y tienen hambre. Este país está en la mierda, todavía no levanta ─comento─

Ella asienta con un movimiento ligero de cabeza y sus cabellos verdes y azules desprenden un soplo cítrico y fresco que huele a naturaleza.  Después de un suspiro que se lo lleva la mañana, con voz nostálgica y reflexiva empiezo. ─ Me quede aquí por un hombre, luego insisto, ─más bien por dos.  Mariana me mira con intriga y asombro, me toma del brazo más fuerte. Adhiero a la frase, ─también porque me gusta Palermo, San Telmo, Boca, Corrientes, el mate de vez en cuando y el choripán… y reímos otra vez está vez con risas sonoras, de esas, que salen desde el fondo de la panza.

Caminamos un tramo en silencio mirando  los árboles sobre las veredas , las mujeres jóvenes con sus mallas de ejercicios entalladas , de culos grandes y respingados , de pantorrillas de ciclistas profesionales , mirando  a las otras gentes que visitan la ciudad y que andan  sin prisa, también a los que pasean a sus perros de pedigrí .

─Creo que ya es hora de dejar ir todo lo que representa la pena, han pasado muchos años, ha corrido demasiada agua bajo el puente ─comento─

─Empecé a   morir cuando (Él) se fue. Me convertí en una solitaria, en un compendio de emociones marchitas, en una sombra.  Fueron tiempos duros Mariana , fueron 900 días envueltos en llanto, todos con sus noches interminablemente agotadoras , lentas, mudas, llenas de frio, de lunas, de estrellas, de miedo , en donde el sentimiento de sentirme vulnerable llenaba todos mis espacios.

Fue mi deseo de supervivencia el que me forzó a respirar de nuevo o, fue Dios.  Creo que fue Dios pero, no estoy segura. Quiero creer que fue Dios que se arrepintió del castigo que yo no merecía por su sola equivocación. Eso creo, creo fervientemente que Dios se quedó conmigo hasta que quise vivir. Sin embargo deje de creer en su divinidad a la muerte de mi hijo… ya no hubieron más hijos, solo libros y música.

─Todo fue muy difícil─ reitero─ y se me corta la voz.

Hago una pausa, saco mi pañuelo, limpio mis lentes y continuo caminando, más bien continuamos caminando largo por Florida, sin rumbo exacto, solo caminamos disfrutando el día que se abre al mundo con sol y brisa tenue.

─No he hablado de esto desde que conocí a Franco. No me gusta hablar del pasado que duele. Más bien ya no duele, pero el recuerdo es incómodo. ─No quiero llorar, sé que esta historia me revuelve el estómago, me deja triste.─ No me agrada la tristeza, la tristeza drena hasta que mata. No quiero morir, ya morí una vez ─finalizo─

Mariana escucha, yo continuo.  ─Nadie más que quien lo vive en carne propia sabe el dolor extremo que produce el abandono de una manera abrupta y repentina, sin explicaciones o sin excusas. Cualquier abandono duele…hay un infierno que te atrapa. Cuando es así , te quedas flotando en una nube de preguntas donde la duda te ataca implacablemente taladrando tu autoestima ─En Esos 900 días sin( Él) no hubo  más vida , no hubieron más cantos, ni lluvias, ni risas , no se puso el sol, ( Él )se fue cuando supo que traería un hijo al mundo ….se fue por qué le iba a dar un hijo, ─ Sabes ? ─le agradezco que no hubiera gritos ni reclamos. ─Se fue en la madrugada después de darme un beso largo, y un abrazo que me dejó temblando. Supe en ese instante que me dejaría, pero no lo quise advertir a plena consciencia. ─Viví por muchos tiempo en un mundo anhedonio, pedía en las noches que (Él) apareciera y me abrazara con sus brazos fuertes de hombre de ejército, quise que volvieran sus besos sus caricias…pero nunca más regresó…Perdí al bebé a los pocos días…

Mariana no hace preguntas, escucha atenta.  ─Te aclaro que  ya (Él) no tiene nombre, es decir, lo bautizaron con uno y yo lo pronuncie hasta desgastarlo, lo repetí tantas veces que se diluyó. ─Ya no lo recuerdo, no sé con qué letra del abecedario empezaba… no lo sé.

─Sola, sin ayuda de nadie, sin consejo, sin una mano que me levante recuerdo que empecé a escribir, no sé bien porque, solo sé que cogí un cuaderno y otro y otro y la tinta se fundía con las lágrimas y las letras daban vida a un cuento de horror recrudecido. Luego erradiqué poco a poco la tristeza, la depresión, el miedo a morir de amor un día a la vez, un libro a la vez, un café cortado a la vez, un tango a la vez y muchas veces, largas caminatas por Puerto Madero   justo al caer la tarde.

─Déjame aclararte que me agrada en demasía los atardeceres…me agradan las pinceladas en violeta, rojo y amarillo, convierten al cielo en un canvas sazonado de ondas cortas y largas de luz que cambian de color y se transforman en arte apacible. ─Me agrada también que los ruidos crónicos de la cuidad van decayendo y uno, se transforma poco a poco.

Mariana interrumpió, ─Petra, como superaste tanta angustia?

─Buena voluntad y orgullo, creo… y Dios en ese momento ─ dije. ─Poco a poco, fui llenando mis días de esfuerzos largos y constantes para diluir todos sus recuerdos. Peleaba una guerra entre dos mundos. ─El de los vivos y el de los muertos. ─Yo quería morir a gritos por su ausencia en esos tiempos.

Escribí para poder liberarme de ese amor maligno que rondaba en mi cabeza, para arrancar su mirada penetrante y recurrente que me perseguía desde el amanecer, escribí para desaparecer su olor cautivante y adictivo, para olvidar su voz grave, vibrante e insistente, para no sentir su piel tibia e invisible que todavía se colgaba de la mía en las noches en la que su inesperado olvido me castigaba. Escribí hasta obtener callos en las falanges de mis dedos, llenando cuadernos con sentimientos de incuria, negligencia, descuido, desidia y dejadez.

─Me purgue con la escritura, hice de ella, mi terapia.

Mucho tiempo  después ,un día como hoy , soleado , ruidoso, apetecible al cuerpo , decidí que estaba preparada para vestirme de nuevas ilusiones , entonces salí a la calle arropada  de esperanza y aspirando independencia de ese fantasma fatigante en un hermoso vestido rojo , iba camino a una presentación de Tango , al cruzar la calle  , esta misma , esta que nace llamándose Florida y termina cambiando el nombre a Perú , ese día que ahora en el tiempo es tan lejano pero que conserva su luz propia la mejor de las coincidencias me encontró . Franco Estaba sentado en el café London City, ese, que cruza en la esquina de Perú y avenida Mayo donde venden las mejores medias lunas de chocolate. ─Era un hombre cautivante, ─ todavía lo es, aún con sus años a mi Franco, la vida lo mantiene bien.

Sonrío con picardía y me acuerdo de sus manos, de las que a esta hora estarán preparando el té para cuando vuelva, grandes, de dedos largos, fuertes al apretar, nerviosas cuando acarician, me gusta recordar sus manos…

Mariana y yo nos sentamos en una banqueta acomodando nuestras nalgas contra el respaldo de fierro, ella escribe y yo hablo. Desde pequeña fue muy atenta y respetuosa de las historias de otros .Siempre ha sabido escuchar.  Me gusta su prudencia, me gusta su compañía. Mariana me escuchaba atenta, abre los ojos y luego los dejaba caer suave y sus largas pestañas se juntaban infinitas como un abanico, sus expresiones eran calmas. Sentadas en la banqueta ella tomaba nota con la letra corrida, de vocales redondas y bien formadas, de rasgos elegantes, como los que forjan las pluma fuente. Me agradó su escritura, sus A, sus C, sus V que nacían suaves y luego giraban en una punta queriendo alcanzar el cielo, ─ escribe bonito me dije ─, escribe como le enseñe cuando empezaba a ir a la escuela y también sonreí hacia adentro. La recuerdo, blanca, redonda, de pasos suaves de bailarina, de gestos precisos y amables. Ha crecido y me ha buscado a mí, una vieja que se ha encerrado entre libros y música, con sus gatos, su perro, su hombre y sus historias.

***

─Rompí el silencio diciendo, ─Ahora estoy aquí─, estoy completamente diferente. Renovada  y viva en todos los sentidos , no estoy con el hombre que me hundió en una laguna de deseos oscuros sino con el hombre que ha hecho que los momentos más álgidos sean los menos preocupantes con palabras dulces e instantes  cálidos. Cuando definitivamente perdí por completo de mis memorias eternas aquel rostro antiguo y aquellos ojos que me perseguían sin piedad, el amor encontró una oportunidad y nuevas alas. Termine la frase y deje escapar otro suspiro ─! Así tenía que ser, no de otra manera!

El amor lo cura todo, el amor lo destruye todo, el amor llega a sanar los espíritus solitarios, une a los espíritus inquietos. El amor existe y aparece con un cartel que te invita a vivirlo intensamente aunque no sea para siempre , o aunque a veces sí .

─Déjame contarte que el ser humano es un laberinto y es  siempre el producto de sus voluntades  .─ Somos almas errantes , con palabras a veces propias ,  a veces prestadas, a veces vacías.  A veces somos lagos de aguas tranquilas que aburren , a veces somos almas que se convierten en peces  y emigramos Muchas veces somos esto, somos hechizos de brujas y eso lo agradezco , porque  las pócimas de esos seres de vestidos ligeros y alhajas sonoras que ya nadie encuentra, que ya nadie cree que existen, de cabellos largos , de gorros  triangulares , de miradas profundas , que han cambiado su nombre a “experiencias” , que caminan y que ya no vuelan en escoba,   han hecho que  mi historia se pinte de colores nuevos y eleve su vuelo como el de un ave fénix para poder contarte porque me hice escritora.

Mariana limpia sus lentes, se seca la boca con el dorso de la mano, me mira incrédula, luego dice con su voz grave ─En esos 900 días aprendiste a   perdonar al pecador, perdonar es un trabajo de temple.

─Alejaste tus demonios, te permitiste fallar y resurgiste Petra.

Se acurruca bajo mi abrazo y nos quedamos escuchando el viaje del aire que acaricia los ficus de la avenida mayor. Acompañadas de gente, de brujas, de duendes, de peces, de agua, de letras, de historias, de almas que se permiten ver en la vasta distancia, enterramos una pena.


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