God Save The Bus

51 comentarios

Sé que la gran mayoría no va a concordar conmigo, pero bueno… es lógico, ¿a quién mierda le puede parecer bueno tomarse el autobús? ¡Y a diario! Para ser sincera, creo que a varios, hay mucho masoquista suelto.

Pero en serio me gusta y no lo digo deliberadamente, tengo mis razones y ninguna de ellas es la envidia. No, no los envidio por sus autos cinco puertas… birrodados, monociclos u etc. Ahora, tampoco les tengo lástima porque no anden en autobús durante tres horas de lunes a viernes, en pleno verano cuando sube la horda de hippies que rechaza el desodorante o durante el invierno cuando las ventanas permanecen herméticas en presencia de cincuenta y nueve personas fermentando calor dentro del ecosistema cerrado. ¡Oh yeah!

Lo que quiero decir primero que nada, es que espero que nadie me culpe por haber vendido su automóvil y volver a viajar en autobús luego de la siguiente desorbitante opinión.

Volviendo al tema. Tengo dos argumentos por los cuales me declaro a favor del uso del transporte público: el primero es que sirve como termómetro social, y el segundo es que refuerza el sistema inmunológico. ¡Eureka!

Argumentando desde el final. Pruebas empíricas han dictaminado que me enfermo el doble de veces que cuando no lo usaba, aunque considerando factores como: el período de exposición a los gérmenes y la diversidad de bacterias presentes en un mismo ambiente… estadísticamente hablando, si antes me enfermaba una vez por año y hoy en día dos, eso quiere decir que tengo un sistema inmunológico ciertamente envidiable, alcanzado técnicamente, por las largas horas de exposición sobre el transporte público.

Pero el mayor provecho a este padecimiento placentero se ve reflejado en lo que yo llamo termómetro social y que me sirve como estudio antropológico para los artículos de este blog. Por ejemplo, existe una relación directa entre el cobro de haberes y el humor de los usuarios; si la gente está agresiva y despotrican los unos contra otros, seguro estemos a fin de mes y los billetes escaseen; si la gente está feliz, lo más probable es que acaben de cobrar el sueldo y ahí es cuando les importa un carajo qué aliento o posible flatulencia pulule a su alrededor; si están indiferentes, seguro hayan subido el precio del boleto y estén tratando de hacer un esfuerzo para ignorarlo (al boleto y a todo el mundo); y por último, si están sumamente condescendientes, en el peor de los casos sea porque perdimos en el mundial o algo por el estilo… o al menos así pasa en mi país.

¡Ah! Y además la mayoría de las entradas nacen allí, en la segunda hilera de asientos laterales, el mejor lugar para estar de frente al problema (la gente) y el peor para viajar alcoholizado.

 

Plural: 51 comentarios en “God Save The Bus”

  1. ajjajaj… yo soy fan también del transporte público. En coche con los atascos llego ya enfadada al trabajo sin embargo en el autobús me duermo y llego a mi parada tranquilita. Me gusta menos la vuelta a casa, cuando en coche tardaría 15 minutos porque ya no hay tráfico y entre metro, bus, etc tardo 3 veces más. Besos!!!

  2. Me has quitado la ganas de ir en autobús, si alguna vez las tuve, ajaj, en Granada que es una ciudad no muy grande, está saturada de autobuses, la verdad son lo último, muy modernos y tal, pero no me gustan, así que normalmente voy andando a todos sitios.
    Besos primor.

  3. Gracias Paula, una entrada educativa siempre se agradece. Con una conclusión evidente: Las autoridades pertinentes, léase Paula de Grei, advierten que residir en las grandes ciudades puede ser peligroso para su salud. Las toallitas desinfectantes van caras por ahí?

  4. Por supuesto, comparto tus argumentos (seamos realistas, es de los pocos casos en que aplica que lo que no te mata, te hace más fuerte). El problema es que esto responde fundamentalmente a que va lleno de gente, y si hay algo que detesto es la gente (ojo, que esto es tan culpa de ellos como lo es mía).

    Pero también es fuente de demasiados sentimientos encontrados. Odio tomármelo, pero a menos que haga mucho calor, una vez que estoy arriba no tengo ganas de bajarme nunca; detesto depender del vehículo de otro, pero me encanta tener el regreso a casa garantizado independientemente del niver de intoxicación; me enferma la cantidad de gente que sube a regalar actos circenses en vez de dejarme dormir, pero el valor documental es infinitamente superior al History, Discovery y Animal Planet combinados, aun en sus mejores épocas.

    Podría seguir, pero en fin, coincido: el bus es de esas cosas que llenan las pelotas pero aportan para la experiencia de vivir. God Save The Bus carajo.

    1. Eso quiere decir que nunca te comprarías un auto? No te quiero meter demasiadas ideas en la cabeza; creo que vas a tener que dejar de leerme por un tiempo, amigo.
      Fuera de joda, si no le veo el lado positivo no hay quien me levante de la cama un lunes de invierno con 5 grados bajo cero, y menos si estoy en posición cucharita.

  5. Como en mi ciudad tengo un tranvía que, cuando necesito el transporte público, me suele venir muy bien para ir donde tengo que ir, me gusta usarlo. Ahora bien, el autobús, sin embargo… frecuencias irregulares, conducciones temerarias, pésimo mantenimiento (ayer mismo ardió uno mientras estaba de servicio, ¡en serio!). Pues eso.

  6. Totalmente de acuerdo. Debería ser el medio natural de viajar al menos en las ciudades. El transporte público nos humaniza y nos hace más sociables, mientras que el vehículo privado saca a relucir nuestros peores instintos.

  7. Muy buena reflexión, Paula, me has convencido: abogo firmemente por que tú sigas viajando en autobús.
    (Yo también lo uso, no muy a menudo porque mi pueblo es pequeñito y a pata me apaño bien, de hecho hasta el año pasado no había autobús urbano).
    Un besote
    P.D.: El desodorante está sobrevalorado. Y del de pies ya no hablo…

    1. Panegírico de las pequeñas poblaciones. utilizamos el auto sólo en caso de extrema necesidad, acá tenemos caballos de la raza sanfernando. Nos llevan un rato a píe y otro caminando. En bus el viaje tarda más, por esa razón lo suelen «coger» los enfermos. Un besazo.
      Quedé un poco nostálgico, pero quedo con buena salud.

    2. ¿Un pueblo sin autobús? ¡Vivís en el paraíso! Lo que daría yo por no sufrir de contaminación sonora y andar en bicicleta. Ya podés ver que soy una romántica bárbara…
      Me diste una idea, voy a hablar con el Ministerio de Salud Pública, a ver si además de los preservativos gratis pueden repartir una barrita de jabón jajaj

      1. Ahora hay un autobús, dos, en concreto, hacen la misma línea pero cada uno en un sentido.
        Se llama Oñati, por si te apetece googlear unas fotos 🙂
        Tenemos huerto, yeguas y abejas. Viví en una ciudad bastantes años (pequeña, pero ciudad, al fin y al cabo), y no cambio esto ni loca.

  8. Hola Paula,
    Releída hoy tu entrada añadiré que, además de la buena argumentación, me he reído de lo lindo 😂 tiene un extraordinario sentido del humor!
    (sólo he sentido penita al ver más arriba la foto de Antonio)
    Gracias, Paula
    Feliz domingo

    1. ¡Misión cumplida! Muchas gracias, Úrsula.
      Entiendo lo que decís, el amigo Antonio y El Peris fueron dos blogueros asiduos al sitio que hemos perdido pero que siempre recordaremos.
      Un beso y buen domingo para vos también.

  9. Siempre he sido defensor del transporte público, pero donde vivo tardo menos en coche a mi trabajo que en tren y metro que sería mi combinación natural: 35 minutos frente a 1hora 15 minutos. que sería lo mínimo si se dan bien las comunicaciones. Eso sí madrugando un huevo, cuando aún hay calles que no están ni puestas jejeje. Como dirían Les Luthiers a veces creo que soy alérgico a la ¡¡¡gente!!! Buen domingo Pau

    1. Comparto tu razonamiento y agrego: mi línea hace 12 KM por hora, cosa que no solo fomenta el uso del coche como instrumento de transporte principal, sino que además termina siendo redituable monetaria y psicológicamente. Un hecho, somos sociables en muestras discretas, por eso mis conversaciones matutinas son todas mentales je.

  10. Tengo la suerte de vivir cerca del centro y puedo acercarme caminando (a golpe de 20 o 30 minutos) pero cuando toca subirse al autobús porque diluvia, hace mucho frío para caminar o porque estoy vaga… uffff la de historias que se pueden contar dentro de un autobús, sin ir más lejos, las de las señoras que reservan sitio para sus bolsos o las de las madres con sus hijos corriendo por todo el autobús, o la del conductor al que le regalaron la licencia y conduce dando frenazos y haciendo que media población acabe con contracturas en el cuello… ¡Oh, yeah! como dices tú xD Un saludo, guapa!

    1. Me resulta increíble cómo se repiten comportamientos básicos cuando culturalmente podemos ser tan diferentes, ¿no? Aquí pasa exactamente lo mismo, así que entiendo tu frustración, aunque creo que podemos sacarle algo bueno a todo esto y es que ejercitamos la paciencia, algo que muy pocos la tienen bien puesta.
      Un besote!!!

  11. Como científica loca que soy, aunque no pueda superar a Rick en ningún sentido, me gustó que hayas insertado a la estadística en este tema tan sensible como es la utilización o no, del bondi. Estaré esperando ansiosa los gráficos correspondientes.
    Sin nada más por añadir, le dejo un cordial saludo.

  12. Aquí, en Venezuela, el trasporte público es fatal. El metro se paraliza por falta de electricidad y se vive escena muy curiosas, todavía no lamentable, que se puede guardar para un buen relato. Me gustó leerte.

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