Experiencia para-normal

30 comentarios

Que el 31 con tu familia, que el primero con la mía, que el próximo año lo hacemos al revés o simplemente organizamos la fiesta en casa para cambiar la rutina y juntar a las dos familias. Así comienzan mis diciembres.

Sin embargo, cuatro veranos atrás, habíamos decidido recibir el año a nuestra manera, solos, sin las constantes demandas familiares que ejercen las fiestas sobre cada uno. Retirados de todo.

Nuestro destino: la playa. Nada nos parecía mejor idea que recibir el año nuevo sentados frente al océano bajo la luz de la luna. Románticos como pocas veces.

Esa noche antes que dieran las doce en un balneario del Este, llevamos nuestra botella de Chardonnay y dos vasos que tomamos de la cristalería de la cabaña que nos servirían como copas improvisadas.

El silencio de la noche dejaba entreoír los murmullos de otras cabañas que reflejaban las sombras de las familias que habían decidido permanecer unidas. Una ráfaga de nostalgia inesperada, supongo por la rutina, me invadió por un instante. Puras sensiblerías de un momento que parecía trascendente.

Como la noche estaba algo fresca, nos acomodamos al reparo de unas rocas que decoraban el borde de la bahía, completamente solos.

El sonido de las olas acompañaba nuestras voces mientras nuestros ojos se fundían en la inmensidad del lejano, oscuro y desconocido cielo.

Pudo haber sido antes o después de las doce cuando cinco estrellas se encendieron ante nuestros ojos, o tal vez fueron cinco bengalas perdidas cuando comenzaron a desplazarse, o capaz cinco drones cuando la velocidad y su trayectoria cobraron fuerza en dirección recta, o puede ser tan solo que cinco naves fueran desapareciendo una a una en el mismo punto de coordenadas claramente visible. No lo sé, pero las sospechas nunca fueron más certidumbres.

Si pasás por acá no seas chúcar@ y dejá un comentario.

Plural: 30 comentarios en “Experiencia para-normal”

  1. Yo creo que eran cinco naves alienígenas que venían a invadirnos, pero se asustaron al ver el panorama y dieron la vuelta.
    Una buena manera de comenzar el año. A mí las navidades me estresan.
    Besotes 🙂

      1. No soy nada romántico, por lo que nunca he compartido con alguien momentos así. No obstante, si me hallara en esa situación, me inclinaría más hacia la explicación de Pumba en el Rey León: bolas de gas quemándose a millones de kilómetros de allí 😛

      1. Pues sí, algo parecido. Fue en Navidades de hace unos años, en pleno festejo familiar, salí a la terraza a airearme bien abrigado y de repente las ví. Me creí alguien afortunado y especial, hasta que al día siguiente en las noticias me enteré que se llaman Úrsidas y que las había visto mucha gente. No fue exclusivo pero me seguí sintiendo afortunado. Ahhhh y yo ya había dado cuenta del Rioja jejeje

  2. Nunca me ha pasado nada parecido, y mira que me he pasado noches en la playa, quizás como dices fueran estrellas que os visitaron para iluminar esa noche mágica.

    Besos negri.

  3. Nunca me ha pasado algo así, ni siquiera pasar una Navidad en la playa… sería maravilloso. Es mucho más romántico pensar que eran unos extraterrestres que habían venido a tomarse las doce uvas y volvían a casa, que pensar en bengalas.
    Me gustaría vivir alguna experiencia así, así me entretendría horas buscando cien mil explicaciones razonables.
    Un beso, Paula.

    1. Son de esas cosas que deseas que te pasen y cuando lo hacen, se asimilan tan naturalmente que hasta parece cotidiano. Es eso o tenemos una capacidad de adaptación extraordinaria.
      Más besos

  4. Un momento romántico, unas copas de espumoso al socaire de un rincón oscuro y dos que se pierden los siete penúltimos segundos del fin de año. Lo extraño es que no acabaran viendo lucecitas. Un besazo.

      1. ¡Te creo, pero conste que si formara parte de la tripulación, no te librabas de una abducción! Por si acaso en la próxima sales corriendo, no sea que te cambien es carácter. Por cierto qué los que se ven por aquí cambian de color. Jajaja. Tampoco me quieren a bordo. ¿Porqué será? Un besazo.

  5. Zombies voladores, ¡te digo que eran zombies voladores! (No, en serio, yo que vos metía la cabeza en la arena por las dudas).

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