Concurso Marzo 2018 – Participante 5

Sillas, mesas, pordioseros y otras gentes

     Contemplo desde serena distancia, apoyado en una gélida pared, mientras apuro, azorado por viento helado un pitillo, en la puerta de un bar que el frio ha condenado, tan temprano, tanto frio sin ninguna misericordia  hacia un sufrimiento que se aprecia en los mudos lamentos, que de las sillas y que de las mesas surgen, tan abandonadas a su suerte, distribuidas por azar caprichoso en aquella desolada terraza.

     Más aun me soliviantan todas esas personas, somnolientas todavía, indolentes, sumidas en la melancolía por lo que no les deparará el futuro, tan inmisericordes como egoístas, que pasan por su lado, sillas y mesas, camino de sus trabajos, sin ni siquiera una mirada, volver la vista hacía sus sombras, sentirlas, o al menos, mostrar compasión ante tanto   frio en acero convertido.

     El incesante padecer de esas sillas, con sus mesas por compañeras, que en la terraza de éste o cualquier otro bar, tanto da, en todos es igual,  en hora tan temprana, recién puestas las calles, retando a la oscuridad, bajo manto tan  gélido, sufriendo en su espíritu inanimado temperatura de tan cruel, insana, me acongoja.

    Lo que más me desespera, que si tanta indiferencia se presume ante objetos que piensan inanimados, sin sentimientos ni emociones, cuán dura será su postura cuando quien sufre de soledad es ser animado, sea animal desamparado, abandonado por ingratos dueños, sea mendigo desgraciado, que ha forjado su desventura enfrentándose con sus miserias a la vida, con armas tan fútiles, por inútiles y traicioneras, alcohol y  drogas, que en vez de servirle, arruinaron su vida, que en vez de ser salvavidas, fueron una pesada losa  aferrada a su cuello que los sumergió en la más despiadada indigencia.

     A esos míseros seres, los pordioseros, los “sin techo”, que parecen remedos urbanos, errantes de tan ignoradas que son, observo cada noche cuando me protege su sueño, paseando entre sus misérrimas camas sobre la dureza de su colchón de cemento, protegidos por raídas mantas, con piojos por compañeros de pesadilla, a los que todos desdeñan como si fueran apestados, con el lienzo de un rostro que demuestra sus batallas, convertidas en inhumanas derrotas.

     Mirándolos sin verlos, invisibles en éste caso también, displicentes, sin compasión, como si fueran  sillas y mesas, tornando la cabeza para otro lado para no ver la nada que para ellos son.

    Las más de las veces ni eso, porque ni se han enterado de su penosa existencia, no se han percatado de su dolor.

    Pero, la vida es vengativa, ellos son también sin saberlo, parias de esta sociedad tan dura, víctimas de la crueldad de ciudades intransigentes, implacables con el que su debilidad les demuestra, sean mesas, sean silla, sean pordioseros… sean gentes sin alma.

Participá del Concurso Marzo 2018

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