Cómo ser una pelotuda y hacer gala de ello

No quiero dejar la palabra “pelotudo” a libre interpretación porque me da miedo de que aprecien mal la definición epistemológica del término y que cuando vayan al médico le digan que están pelotudos y los terminen palpando en lugares indebidos, ya sea en ganglios o canicas, y la culpable termine siendo yo. Insólito. No puedo cargar con más culpas de las que tengo encima, lo siento. Búsquense otra gila que los aguante.

Un pelotudo no se define con palabras, se define con hechos, así que abajo he recopilado una lista de circunstancias que un pelotudo pone en práctica a lo largo de su pelotuda carrera, y lo bueno de este catálogo es que es extensivo, quiero decir que no tiene cota; es acumulativo, como los impuestos.

Voy a partir de la base de que todos en mayor o menor medida somos pelotudos, y voy a intentar demostrarlo por el absurdo de que, si no fuéramos pelotudos, no seríamos otra cosa.

Entonces, prosiguiendo con el razonamiento matemático (lo del absurdo): No hay pelotudos en esta vida.

No hay quién:

  • Deje la heladera abierta
  • Llegue tarde a trabajar
  • Se bañe día por medio
  • Reutilice las medias en invierno
  • Se ofenda por cualquier pavada

Ahora bien, es imposible que alguien no se ofenda por una pavada, o no reutilice las medias un par de días de corrido porque “hace frío y no me suda el pie”, o no se pegue un “baño polaco” de vez en cuando porque soy testigo… mi abuelo lo hacía, o llegue en hora al trabajo todos los días, o deje la heladera abierta porque, me consta, se me descongeló todo el freezer la semana pasada.

Por lo tanto, concluyo, que siempre va a existir una pelotuda que se ofenda por alguna tontería, que tampoco está tan mal reutilizar las medias en invierno, que si sos adolescente tenés problemas existenciales superiores al de tu propia higiene, que para los impuntuales no hay prima por presentismo que les venga bien, y que siempre va a haber alguna pelotuda como yo que deje la heladera abierta y despilfarre, no solo dinero, sino también esos 2 litros de helado de dulce de leche granizado que se perdieron en el blanco impoluto del piso de la cocina.

Soy una pelotuda de escala dudosa y ustedes también.

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