Concurso Fin de Año – Participante 16

les jeux sont faits:

Se consideraba un intelectual de izquierdas aunque era más bien un viejo aburguesado y conservador que odiaba todo lo que tuviese que ver con la juventud. Pese a todo, tenía un blog en el que volcaba sus iras y frustraciones mientras escuchaba Finlandia de “Sibelius” en el “Little Bohemia”, una decadente cafetería en la que sólo se aventuraban a entrar los más mediocres y hediondos fracasados. Su nuevo ardid consistía en utilizar la escasa audiencia de su blog para promocionar lo que para él mismo sería la obra cumbre de la literatura contemporánea, su última novela.

Se trataba de un inefable relato inconexo, aburrido y falto de enigmas, romances o muertes sobre la primera persona no brasileña en viajar atrás en el tiempo titulado “Agujeritos de acero” y que según sus planes le otorgaría la inmortalidad. El helado invierno de la senectud siempre guardaba bajo su dura superficie ciertas semillas de primavera, esperanzas que aún resistían al contacto con la realidad. Aquello era lo más desolador ya que a medida que avanzaba en su periplo vital iba dejando atrás la seguridad de todo lo que conocía para enfrentarse a la verdadera existencia compleja, contradictoria y poliédrica sujeta a la decadencia, la entropía y la muerte.

Aquella promoción era su último intento para escapar del final y en el fondo de su ser estaba convencido de que no le serviría de nada. El idealismo de su juventud se había ido marchitando lentamente hasta dar paso a un resentimiento vengativo. Aquel día había vuelto a recibir una nota, caligrafía elegante y papel gramado aunque no lograba identificar su autoría, desde hacía un mes encontraba cada semana en su buzón uno de aquellos mensajes cuyo contenido era siempre el mismo: “Nadie te recordará”. Aquello estaba comenzando a afectar a su débil salud mental ya que por mucho que indagaba no lograba descubrir el por qué y el quién referido a aquellas notas que siempre repetían el mismo mensaje excepto aquella última que rezaba: “Que nunca nadie te diga como acabar la historia, solo tú lo sabes…”.

El viejo borracho y amargado en el que se había convertido parecía ser reprendido por el joven idealista que fuera antaño reclamando salud para rebelarse y decencia para mantener la rebelión pero la realidad que tanto temía se había vuelto insoportable y no sabía como acabar su historia. Aquellas inexplicables notas tenían razón, no podía escapar de la jaula del lenguaje. Nadie lo recordaría.

 

Info sobre el Concurso aquí

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