Concurso Fin de Año – Participante 12

Llegó la calma

Al fin algo de tranquilidad, los invitados se van retirando. Llevo todo el día entre gente bien vestida, en general ellos van de traje y corbata, y ellas con vestido de chaqueta, pañuelos y joyas a “tutiplén”, todo muy formal y con “glamour”. En cuanto me ven se acercan y me saludan, todos muy correctos, incluso algunos hombres me dan dos besos, claro, como soy chica.

Las conversaciones son de lo más variopintas, siendo sincera les diré que algunas parecen sacadas del manual de conversaciones para los momentos de ascensor, son breves, genéricas, “el tiempo” aparece claro está, para seguir por las preguntas triviales sobre los “niños”, que en su mayoría pasan ya de los 30. Es normal, muchos de ellos no se han visto desde hace años, sólo coinciden cuando hay algún acontecimiento.

Entre tanta pregunta y respuesta, y sonrisas muchas veces forzadas, el rato va pasando aunque muy lentamente, me voy sintiendo cada vez más cansada. Si no fuese porque soy la anfitriona me iría a dar una vuelta, a que me diera un poco el aire refrescante en la cara, lo estoy echando en falta. Al menos el lugar está muy bien acondicionado y la temperatura está perfecta, quizás un poco fresquita como a mí me gusta.

La verdad es que el rato más agradable se ha producido esta mañana cuando únicamente estábamos los familiares más cercanos y habituales, las conversaciones eran más naturales y se apreciaba el cariño mutuo que nos tenemos, pero a medida que se acercaba el mediodía iba llegando cada vez más gente, familiares más lejanos, amigos y algunos compañeros de trabajo. Todos en fila venían a saludarme y tenía la sensación de ser la protagonista de un “besamanos”.

La sala donde se celebraba la reunión era amplia, con buena luz, estaba muy bien decorada con algunos ramos de flores, además se escuchaba levemente música relajante, y en algunas zonas disponía de un pequeño catering para que los invitados tomaran café o algún refresco y pudieran “picar” algo. Cuando llegué por la mañana no pude ver cómo eran las salas contiguas, aunque no sé por qué me dio la impresión de que debían ser parecidas.

Poco a poco transcurría el tiempo, entraba y salía gente para después volver a entrar, todos se saludaban aunque realmente no se conocieran o recordaran quienes eran, y continuaban las conversaciones que a veces se transformaban en sonrisas y otras en alguna lágrima. Supongo que es lo habitual cuando algunas personas llevan la emoción a flor de piel.

Se acercaba la hora fijada para el final de la celebración y se palpaba en el ambiente la sensación de no saber qué hacer, si despedirse o esperar. Estaba expectante y también agradecida al ver la cantidad de invitados que habían acudido a mi cita, aunque sólo pensaba en el viaje que me esperaba mañana.

Al fin llegó un funcionario,

—Escuchen por favor, en 5 minutos se cierra la sala, deben ir saliendo. El entierro será mañana a las 12 horas en el cementerio municipal.

Todos fueron saliendo y allí me quedé yo, la anfitriona, tan ricamente tumbada en mi caja. Por fin llegó la calma.

 

Info sobre el Concurso aquí

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