Sam

40 comentarios

Sam había nacido con el fin de la dictadura, acunada entre una familia terriblemente dura.

Sam creció en silencio, en un barrio desierto de juventud, condenada a la soledad.

A Sam nadie le había enseñado a ser bella, aunque había desarrollado múltiples talentos gracias a su reflejo en el espejo, pero había aprendido a ocultados, a engañar a la sombra de sus ancestros, a esconderse de sí por el bien de ella misma.

A Sam no le importaba ser especial, ya no.

La multitud que antes anhelaba, ahora era un estorbo. Estaba cómoda en su mundo cuando estaba sola, y cuando no, trancaba su palacio y salía en cuclillas, con las medias sucias y la cara enardecida.

Le dijeron, por su bien, que al salir debía apagar las luces, y aunque Sam tenía miedo… aceptó. La oscuridad, de a poco fue invadiendo su palacio, su mente, sus ganas.

Sam se ocultó detrás de sus monstruos, que ni siquiera eran de ella, y Sam se durmió.

Plural: 40 comentarios en “Sam”

  1. Pingback: Paula De Grei
  2. Puedo releerlo una y otra vez que no me cansa, y es de esas cosas a las que se le puede atribuir varios sentidos, casi como si estuviese hecho para que el lector participe en terminar de darle forma. En fin, genial.

    Ojo, a no marearse con los halagos. En un punto escuché un ruido y pensé que era el alma que se me había caído al suelo. Ese susto no te lo voy a perdonar así nomás. Aun así, un lujo de lectura.

  3. Pobre Sam, reprimida por su familia, llega a desear la soledad para quizás ser ella misma.
    Esos monstruos mentales son a veces terribles, espero que a ella no la llevaran al final.
    Me has dejado impresionada con el relato.
    Besos primor.

  4. Muy bueno Pau! Me gustó mucho.
    Hay veces que uno termina acarreando fantasmas que no le corresponden. El tema es darse cuenta de eso.
    Un beso 🙂

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