Concurso – Confesiones de un bastardo – Participante 23

“Aquel ansiado día había llegado, nos dormiríamos, descansaríamos y
seguro soñaríamos. Marta me acompañaría, era lógico, no podía faltar a
la cita del acontecimiento más importante de mi vida. ¿Qué  verdad se
ocultaría en aquel papel? ¿Cómo leerían aquel resultado? Demasiadas
preguntas, me hacía… Y sin ninguna conversación previa con ella para
que no se preocupara aún más, me recosté en la cama, era primavera y
apetece como aquella tarde soñar despierto…

Tumbado sobre el heno del granero escuché como los pájaros iban y
venían haciendo los nidos para cuando sus crías nacieran. Aquella y no
otra era mi ilusión, formar una familia y vivir allí en la granja de
mis abuelos, un hábitat en el que por muchos años había sido feliz.
Pero las cosas nunca son como uno desea que sean…
Mi abuela me había criado a la muerte de mis padres en aquel trágico
accidente, cuando regresaban del baile. En aquella catástrofe ocurrida
un sábado por la noche perecieron los dos. Fui un niño feliz pero
introvertido por la desgracia, no es lo mismo crecer en un ambiente
joven que en uno maduro y casi extinguido de una ambiciosa vida.
En estas mis confesiones antes de saber la verdad sobre aquel secreto
que podría cambiar mi vida por completo, se revelaran sin duda algunos
enigmas que con sigilo se escondieron, para el bien, dijeron de
nosotros mismos y  que al día de hoy me traen todavía al descubrirlos,
la duda de que si soy o no el hijo bastardo y el mismo que lleva años
cometiendo incesto.
Ensimismado en aquel recuerdo que recree en el instante en el que
Marta se tumbaba a mi lado despacio para no despertarme, ignorando que
mi sedación era consecuencia de mis pensamientos, viví el año en el
que ella mi amiga de toda la vida, la que se había ido del pueblo con
sus padres, justo cuando los míos, sus mejores amigos, morían en el
accidente, regreso a pasar unas vacaciones. Nos volvíamos a encontrar,
teníamos la misma edad, salimos varias tardes a la sierra, recorrimos
aquellos senderos en los que ya de niños fueron testigos de nuestros
besos, nos habíamos querido siempre esas vacaciones no fueron
distintas a las que cada vez que Marta regresaba al pueblo. Ninguno de
los dos sospechábamos nada, ni tampoco hacíamos visible nuestro amor,
por lo que quien supiese algo podría frenar nuestros impulsos. Hacía
ahora dos años que vivíamos juntos, volvieron a mudarse al pueblo
cuando su padre enfermó mentalmente y ya no recordaba nada, su madre
se ocupaba de él y jamás vi nada extraño en ella cuando Marta se vino
a mi casa a vivir. Eramos muy felices, viviendo de cerca aquel amor
durante tantos años alejado. Cuando aquel día despertamos, y mandaron
llamarnos, su padre se moría y en su mejoría de la muerte pidió a su
mujer que leyese una nota que escondía detrás de un cuadro. Aquel
hombre no sabía revelando aquello, el daño que hacía puesto que la
nota apuntaba claramente una declaración firmada de puño y letra de mi
madre y jurando de que él era mi padre. El escenario en el que nos
encontrábamos era un valle de lágrimas, todos llorábamos y todos
coincidíamos en ese instante en el que el padre de Marta moría, pero
también porque tendría que morir nuestra unión. Ramón al que aún no
puedo llamar padre, era enterrado allí en el cementerio del pueblo y
también moría allí su secreto… Para nosotros, ya que nadie sabría
nunca del desliz de mi madre con el padre de Marta…
Unos meses después justo ayer hizo dos semanas Marta había vuelto con
su madre, yo estaba destrozado, no podía vivir sin ella,
constantemente la llamaba al móvil diciendo  cuanto la quería y que
nadie lo sabía así que podíamos continuar viviendo como pareja, podría
llegar a levantar más sospecha si continuamos separados. Pero ella no
me escuchaba solo decía que teníamos que sufrir el pecado, que lo
nuestro ya no podía ser. Yo no la entendía, le decía que jamás la ame
como hermana que había sido mi chica siempre y que siempre la querría.
Llegue hasta el punto de intentar suicidarme, pero fui un cobarde y no
logré mis intenciones.
En uno de esos días en los que ellas habían regresado su madre me
invito a comer para guardar las apariencias de que lo nuestro no era
una separación en regla. Y sentados en la mesa comenzó a contar una
historia en la que nos daba vida, y descubre en ella que Marta era
hija de mi padre, pero no el que recientemente había muerto. ¡No
éramos hermanos!
Ya podíamos seguir viviendo nuestro amor, ya nada impedía nuestra
vida juntos… Pero para tranquilizar nuestras conciencias, nos
hicimos una prueba de ADN la que en unas horas vamos a recoger y que
sin duda cambiaría nuestra vida…
Entonces llamaron a la puerta, era la madre de Marta, subió y dijo:
Podéis descansar he ido yo a recoger la prueba podéis estar
tranquilos, no sois hermanos ya os lo dije… -Dejo sobre la mesa los
papeles que lo acreditaban…
No sabemos que hacer, nuestra alegría es tal que saltamos de alegría,
gritamos, reímos y hasta le contagiamos nuestras lágrimas y llora con
nosotros la necesaria noticia, tomándonos de las manos y dándonos un
beso se despide… Nosotros seguimos celebrando, nuestra alegría, no
tiene fin, estamos verdaderamente enamorados…
A los dos días decidimos salir a la calle e ir a casa de la madre de
Marta, no nos abre la puerta, tenemos que llamar a la policía, al
entrar la encontramos tendida en la cama con un frasco de pastillas
vacío a su lado… Aquella misma noche se había suicidado… Dejando
una nota que decía: Ahora que Dios me perdone.”

Conocé más sobre el autor y su obra en: https://hazmepoeta.com

Info sobre el concurso: Concurso – Confesiones de un bastardo

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