Concurso – Confesiones de un bastardo – Participante 20

Falsa e idiota memoria

   Aun me cuesta recordar, o quizá no quiera recordarlo. Solo sé que los caminos se cruzan y se entrelazan, es cuando se empieza a conocer el poco sentido que tiene la vida. Miro a mi alrededor, así como si el mundo no fuera mío, podría decir, podría incluso hacer confesiones falsas, simplemente por gusto, pero no, no puedo hablar. Hace ya mucho tiempo yo no era un viejo callado y torpe, tenía una casa en un bosque, al que todos llamaban “El bosque bastardo”, hoy ya no existe, eran un lugar mágico, libre, sin dueño. Había una leyenda sobre aquella tierra, eso sí lo recuerdo.
   Se decía que hace mucho tiempo, todas las brujas del mundo se reunían bajo el árbol mas grande del bosque y que todos los habitantes del lugar se acercaban a ese árbol cuando querían tener pareja estable. Solo tenían que coger una rama del viejo pino impregnado de resina siempre, desnudarse ante el y frotarse el cuerpo entero con la rama, gritando el nombre del elegido o la elegida, después había que degustar tan asqueroso palito y ser comido en tres minutos, luego la persona se vestía. Al día siguiente, las primeras heces que expulsara tenía que llevarlas al árbol y dejarlas al lado del tronco, si a las dos horas estaban intactas, sin ningún tipo de bicho ni nada, tenía que declararse a la persona elegida y no podía negarse, si se negaba a ser su pareja, toda su vida se llenaría de desgracias.
   Yo cometí un error, me negué a casarme con Palmira, una mujer horrible y mal fachada, ella hizo el conjuro y me buscó, recordaré siempre ese momento, a esa señora sin dientes con diez hijos detrás de ella babeando… No sé si lo que me sucedió después tendrá algo que ver, pero jamás he sido feliz.
   Un día mi casa se incendió, ardió todo el bosque, yo luché solo, pero en poco tiempo no quedaba nada. Me quedé ciego y mudo por el efecto del humo en mis cuerdas vocales o por la maldición, no lo sé, sí sé que mis ojos se quemaron como el bosque bastardo. Lo mas extraño de todo es que el viejo pino sigue ahí desafiante, lo sé porque estoy sentado apoyado en su tronco. Esta es ahora mi casa, los habitantes de la aldea me traen comida y agua, yo no quiero irme, estoy esperando a Palmira, pero nunca viene a traerme nada. Ahora ya soy viejo, no tengo nada, solo escucho a las brujas de vez en cuando que se rien de mí, a veces recuerdo cosas y otras no recuerdo o no quiero recordar.”

Tienen todo el mes de Abril para participar

Conocé más sobre el autor y su obra en: https://hazmepoeta.com

Info sobre el concurso: Concurso – Confesiones de un bastardo

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