Concurso – Confesiones de un bastardo – Participante 12

“Amor eterno
 
¿Entiendes mujer… entiendes lo que digo? Permite a estas confesiones abrirse paso hasta llegar a la verdad.
Te vi por primera vez y quedé obnubilado. Amor a primera vista… se dice.
Quise serlo todo. Tu rey, tu príncipe, tu hombre perfecto… tu sirviente, tu lacayo… si así lo hubieras preferido.
El frenético miedo corría por mi cuerpo, carcomiéndome por dentro, amordazando mis sueños. Eras demasiado para mí, y estaba seguro que podías tener a quién quisieras. ¿Por qué yo? Habiendo galanes con dinero y hercúleos cuerpos, siempre superiores a mí ¿Por qué yo? Ante lo endiosado, invariablemente pasa lo mismo. Uno se achica para gozar aún más en la posesión. Ante lo denigrado, eternamente ocurre lo contrario, también para gozar; aunque en ningún caso la satisfacción sea sana.
¿Te acuerdas  mujer… te acuerdas?
Me diste señales inequívocas para que abriera el juego; pero dudaba… quizás sólo buscabas un amigo, me repetía.
En esa bella travesura en donde yo proponía y tú coqueteabas, al final nos dimos el primer beso. Cuánto cambió a partir de ese mágico momento.
Heme aquí, deambulado por la habitación, reiterándote mi amor. Hete allí, arrojada en la cama prestándome atención.
¡Oh Dios! Juro que desde aquel entonces, lo prometido nunca fue manchado con traición. Todo lo contrario. Tú sabes que redoblé mis esfuerzos para demostrarte mi amor eterno.
¡Cuántos recuerdos! ¿Te acuerdas?
Caminábamos tomados, siempre, de la mano. Un beso cada veinte metros. Una caricia cada diez. Un suspiro cada palpitar.
Nuestros amigos no salían del asombro “El alfeñique con ese monumento de mujer” ¿Qué me viste? ¿Mi honorabilidad, mi sinceridad, mi nobleza? Quizás mi tranquilidad, mi introversión…. o mi inocencia. ¿De ti? Creo que fue tu sonrisa y tu mundo divertido… todo eso que no formaba del mío.
¿Y cuándo te propuse ser novios? De aquello, tu memoria no sería capaz de fracasar. Porque lo que te confesé fue la columna vertebral de nuestra relación.
En aquel bar, en blanca servilleta, mi pluma transcribió lo que mi alma le dictaba “Eres como el aire que respiro, estás en mi fe y en mi conciencia, tu corazón ya late con el mío, razón de mis locuras, pasión de mi existencia”.
¡Cuán significativas fueron esas palabras! ¿Te imaginas el sufrir por asfixia? Ansiedad, desesperación, impotencia, terror, drama, y la agónica sabiduría que estás a punto de morir. Bien… así me siento cuanto tú me faltas. Y si te dije que tú eres la razón de mis locuras… pues es cierto, ¿o no te diste cuenta?
¿Hace falta que te reitere todo ello? Dame tiempo, todavía falta lo más importante. Trato de encontrar palabras exactas para denunciar al causal del fracaso.
¡Sí… eso es! Tú falta de experiencia.
Soñabas con un amor eterno… sin saber que no existe. Pues sábelo desde ya, eso sólo dura apenas unas semanas o quizás algunos meses. No soy cruel. Nadie puede seguir enamorado como la primera vez, porque todos regresan de la locura a la realidad, para recuperar cordura.
Pero tú no me viste venir. Como estaciones del año, y como ocurre en cada ciclo de la vida, tu verano fue declinando y dejaste de estar encandilada por mi presencia. Pero yo ¡No! ¿No lo advertiste? Alguien con más calle lo hubiera hecho.
Te sentiste culpable al verme más excitado y tu cada vez más anodina. Pasé a ser molestia por mi insistencia, y todos criticaron tu postura. ¡Qué estúpidos fueron!
La verdad, la única verdad, es que nunca te amé de verdad. Fuiste el madero de salvación de mi aniquilada autoestima, del manojo de complejos, de mi mente torcida, de mi inferioridad asumida, de mis miedos y de una declarada cobardía.
Por eso actué como eterno enamorado, tensando el nylon, girando la manivela del reel, y haciendo el titánico esfuerzo de atraer la caña hacia mí, para que la presa no se escape.
Fui celos, prohibiciones, gritos, mentiras, súplicas, pedidos de perdón y más celos. ¿Porque te amaba? No, no, no. Simplemente por mi más pura cobardía. Si, sí, soy un bastardo y sin ti no me sentía absolutamente nada.
¿No terminas de entenderlo? Si no estás tú, no tengo aire que respirar, y tú eres mi fe, y también mi locura.
Si intuías todo esto ¿Cómo te atreviste a decir que me abandonabas?
Allí estás, con los ojos abiertos y sin mirarme. Allí estás, en la cama, fría y tiesa. De tu boca ya no sale aliento, sólo la memoria del último grito que diste.
¿Sabes? Nadie entenderá los motivos. Nunca me denunciaste, ni tampoco he sido un hombre violento. Pero quiero que entiendas bien lo que hoy te juro; no tengo el valor de vivir solo, porque ni yo me quiero, sólo me detesto. Y en esta más pura cobardía que me arropa, tomaré la decisión de irte a buscar en cualquier otra vida, donde sea que te encuentres; para que de nuevo juntos, vivamos, este loco y mal parido amor enfermo.”

Tienen todo el mes de Abril para participar

Conocé más sobre el autor y su obra en: https://hazmepoeta.com

Info sobre el concurso: Concurso – Confesiones de un bastardo

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