Concurso – Confesiones de un bastardo – Participante 4

“Amor a primera vista

(o “¿Pueden ustedes creerlo?”)

Cuatro son las montañas que rodean a la única casa del valle donde justamente yo vivo: la Fragoso, Mi primo el más pequeño, Qué diablos viene esto al cuento, y Así pasó. Establecido el parte geográfico necesario para entender mi drama, vengan ahora mis confesiones para poder desahogarme a gusto:

La cabra salió aullando su libertad, colgada al cuello la bufanda que le regaló su tío Roque (el cabrón) y calzando las sandalias de cuero que había encontrado al pie del río Jacinto, bello lugar donde las gardenias beben de lo lindo y el atardecer se detiene para platicar historias maravillosas a los árboles dorados.

Valga el momento para aclarar que el río Jacinto pasa entre las veredas de Mi primo el más pequeño, convirtiéndose así, en primo de todos y en el río más bello de la región. Mi primo Jacinto, el más grande de todos, regularmente se baña ahí, pero a veces se va más lejos: agarra camino hacia Qué diablos viene esto al cuento para nadar a sus anchas en la laguna de Susanchas (llamada así porque fue descubierta por Susana Anchas Lenguas Prietas, allá por el año del no me acuerdo en el día que ya se me olvidó). Y así pasó.

Pero regresando a la cabrita: se fue saltando de lo lindo medio de lado de tanta alegría, y la muy cabrona nos dejó varados a mi primo Jacinto y a mí en esta casucha perdida entre las montañas y los cencerros.

¡Qué ironía! La historia resultó al revés: yo siempre creí que pasaría un hermoso ranchero y me llevaría llena de ensoñación y lujuria sobre las redondeadas nalgas de su caballo. En cambió, me quedé en este lugar de mierda con un hermano mocoso y chillón, mientras veía largarse a la cabrita dando saltos de alegría sobre las sonrosadas nalgas del marrano cimarrón que conducía el chivo prieto de los Artemios.

Ya sabía yo que ese chivo bastardo no era de fiar y por eso nunca se los compraron… Llegó caminando solito, como quien no quiere la cosa, hasta su rancho y ahí se quedó para siempre: nomás de muestra. ¿Por qué? ¡Pues por cabrón aunque fuera chivo! Los Artemios viven más allá de la Fragoso y más acá de Así pasó, pero ya ven, las distancias no son nada en cuestiones del amor, y para las ironías, mucho peor.

Así que aquí me tienen: varada en esta casucha con un hermano chillón y mi primo Jacinto, el más grande de todos, que se baña regularmente en el río Jacinto de Mi primo el más pequeño.

Yo ya sabía que esta vida era así de extraña, que da sus vuelcos imprevistos, que siempre sucede lo inesperado, y que, a veces, hasta las tormentas se forman por sólo vociferar con el índice en lo alto. Pero de todo ello, a que una maldita cabra y un mugroso chivo, se enamorisquen y se encuentren prohibidamente a media noche todos los sábados para acabar fugándose de casa sin permiso de sus amos, eso ya son extravagancias que sólo suceden en malos cuentos de algún escritor sin madre.

¿Pueden ustedes creerlo?”

Tienen todo el mes de Abril para participar

Conocé más sobre el autor y su obra en: https://hazmepoeta.com

Info sobre el concurso: Concurso – Confesiones de un bastardo

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