Concurso – Confesiones de un bastardo – Participante 3

“LA CENA

Ahí estaban de nuevo, un año más, esta vez para celebrar los 10 años de la victoria sobre las tropas de Clímio del Norte.

El Rey Nero presidía la celebración junto a su esposa Lebet en la cabecera de una gran mesa rectangular construida para la ocasión. La fiesta tenía lugar en el Salón del Homenaje, en la zona oeste del castillo, y estaban invitados los nobles del reino y algunos de los miembros más respetables de la corte.

Después de semanas de preparativos y de envío de emisarios convocando a los invitados, todo estaba ya listo y los asistentes se iban acomodando alrededor de la mesa a medida que entraban en el salón.

Entre tan magna asistencia destacaban los dos caballeros preferidos del Rey sentados muy cerca de él, Velefón el “guerrero”, cuya participación fue decisiva en la batalla final gracias a sus habilidades como estratega, y Airus el “bastardo” que tenía amigos hasta en el infierno, lo que había permitido conocer con antelación los movimientos de su enemigo del Norte.

Algo más alejados de la presidencia de la mesa se encontraban el Conde de Taranz, quien siempre había apoyado decididamente al Rey en todas sus andaduras y batallas, que no fueron pocas, y el Marqués de la Sarra, sin cuyas tropas perfectamente entrenadas no hubiera sido posible la hazaña ocurrida hacía 10 años.

En el otro extremo se hallaba aposentado el Capellán real, dispensado por una vez de tomar sus habituales confesiones, y a su lado el Senescal, cuya experiencia y sabiduría le hacían ser el mejor consejero del Rey.

Todos los congregados lucían sus mejores vestimentas de gala, con terciopelos, sedas, encajes, y bordados, cubriendo sus cabezas con sombreros y diademas lujosamente engarzadas con piedras y metales preciosos, a lo que los caballeros unían sus resplandecientes espadas.

Una vez que estaban todos situados, el Rey alzó la mano derecha, y a su señal los sirvientes entraron repartiendo buenas viandas y otros manjares, no faltando unas apetecibles y numerosas jarras de vino, y sin más comenzó la gran cena.

Como era de esperar, a medida que avanzaba el banquete, entre gritos, risas y vino, los caballeros describían sus batallas ganadas, sus grandes gestas, y los soldados enemigos caídos (cuyo número aumentaba a cada minuto que pasaba). Pero también hablaban los nobles, no con tanto alboroto, de los rumores sobre conspiraciones que se escuchaban en el reino.

Al otro lado de la mesa, entre mordisco a la pierna de venado y trago de vino, el capellán no perdía la oportunidad ante el senescal de alabar sus logros espirituales en el reino, informándole del aumento producido en el número de conversos, y de la necesidad de más fondos para construir otro monasterio a mayor gloria del Rey.

Y a todo esto el Rey, que estaba alerta y vigilante, no perdía ojo a las caras y gestos de sus invitados, intentando adivinar si entre tanto amigo y alegría podía tener algo que temer.

En esta algarabía andaban cuando de repente…..

se fue la luz!!    increíble!!

En un segundo, comenzaron a aparecer las linternas de los móviles que todos portaban (hasta el mismo Rey), intentando llegar al cuadro eléctrico para ver qué había pasado y, al final, lo de siempre, lo de todos los años, y ya van diez: muchos focos, y la instalación no da para tanto.

Y surgió un grito unánime: el próximo carnaval nos vamos a otro sitio!!”

Tienen todo el mes de Abril para participar

Conocé más sobre el autor y su obra en: https://hazmepoeta.com

Info sobre el concurso: Concurso – Confesiones de un bastardo

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