Ádh mór

El primer día no me animé a preguntarle la sandez que estaba pensando, y es que me sentía una tonta por confiar en ella luego de todas las estupideces que había leído y que yo misma creía.

Al otro día la incógnita me carcomía, hice de todo para ignorarla, hasta cociné una especie de receta gourmet que encontré en internet (quedó bastante bien) tratando de evitar cualquier arrebato errático que me llevara a la cercanía de su presencia…

Pero a la noche de ese mismo día, luego de 400 lagartijas, 3 películas, un paquete de lays y 2 litros de helado mezclado con uno de agua, fui hasta su lugar, me posé frente a ella y con un arrebato de locura la tomé por sus curvas, la sacudí vigorosamente y le pregunté con voz firme:

—¿Voy a tener suerte?

Y la maldita cayó de canto.

Ah… las bolas mágicas están llenas de carácter.

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