Concurso Enero – La sombra dorada – Participante 12

¿CULPABLE O INOCENTE? ─Júzgalo tú─

Dorada era la tarde de aquel tenebroso día. Lo vi allí, tirado, y de pronto, parecía un animalito asustado. Los rayos candentes del sol de mediodía caían como dardos hirientes sobre su angustiada cara, y así  como se refleja la luz sobre las aguas, reproducían  en su sudado rostro su sombra dorada. Sus ojos lagarteados, me miraron fríamente, quizás en su último hálito  de vida; pero pude notar en aquellos ojos sin ternura una chispa de agradecimiento por tanto interesarme en sus andanzas.

Allí, tirado, de espada contra el suelo, se veía más pequeño que nunca. Su cuerpo se agitaba entre jadeantes suspiros apenas perceptibles. Su pequeño cuerpo, que no llego a crecer lo necesario, por falta, quizás, de los nutrientes imprescindibles, porque en él solo creció el abandono, la miseria  y el dolor… y quizás, la rebeldía; sí, la rebeldía que lo hizo muchas veces defenderse como fiera, cuando por la indignidad y las injusticias era acosado, o abusado otras veces. Hombre antes de tiempo, pues debía procurarse su sustento y cubrir sus necesidades de la manera que le fuera posible, debido a la falta de la protección paterna y del cuidado materno en la difícil etapa de su niñez.

Consejo, no le falto nunca, pero quizás le falto el consejo más importante ─el consejo de la madre─, ese que llega hondo en cualquier tiempo y siempre llega; más, él jamás lo tuvo. Ella no se ocupó de él, nunca le importo su destino,  aun sabiendo que su apoyo era imprescindible para que creciera como un hombre correcto. ─Es duro de seso─, siempre dijo, y lo abandono a su suerte desde muy chico.

─ ¡Era apenas un niño, Lo mato la inclemencia de la vida!─, comentaba el gentío que se iba aglomerando consternado, alrededor del cadáver.

Con el llanto contenido  y el rostro ensombrecido por la pena, pregunte: ─ ¿Cómo sucedió?─ Alguien del público expectante parado frente a mi  contesto en tono quedo: “Fue sorprendido sustrayendo pan en el supermercado de la esquina y los guardianes lo persiguieron por las calles”.

Alguien más del público comento: “¡Pobre muchacho, corría tan agitado con la boca llena y el resto del pan apretado fuertemente en la mano!”. Entonces,  alguien más del público exclamo con dolor: ¡Oh, que horrible, tenía hambre!

─Sí, contesto el primero, tenía hambre cuando la bala ciega del enfurecido guardián atravesó su corazón. ─ ¡Miren cómo cayo, con el pan en la mano y el bocado atragantado en su garganta!─

─ ¡sah, Pobre chico abandonado!─, exclame con tristeza mientras me volvía a mi interlocutor─ Y ahora, yo te pregunto: ¿Fue culpable o inocente?──Júzgalo tú─

Tienen todo el mes de enero para participar.

Conocé más sobre el autor y su obra en: https://lordalceblog.wordpress.com/

Más sobre el concurso: Concurso Enero – La sombra dorada

*Recuerden respetar el anonimato

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