Concurso Enero – La sombra dorada – Participante 11

El Hombre Vestido de Armani

Desciendo al primer piso con rapidez, tengo el tiempo contado para llegar al trabajo, preparo mi taza con café como de costumbre y enjuago la cucharilla de plata dejando caer un chorro de agua escuálido sobre ella. Veo por la ventana que las primeras camelias plantadas en el jardín tienen algunos retoños nuevos. Me las trajo Gideon, se ven hermosas – me digo y sonrío – Un rayo de luz delgado como un hilo, se escurre a través de ella iluminando la taza dorada que me regalaron días atrás en la oficina.  Se forma una sombra multicolor sobre el mesón por el golpe de luz que se escabulle, sobre esa mancha me reflejo yo también.  Miro el reloj, -todavía estoy a tiempo– pienso.  Procedo a tomar el café y cuando trago el primer sorbo revisando la correspondencia, un olor nauseabundo aparece en el ambiente, es tan fuerte que caigo de rodillas vomitando un líquido verdoso, agrio y salado que sale a bocanadas.

Me siento perdida, no sé qué me pasa, siento que mi cuerpo se desvanece y flota. El tiempo parece detenerse de modo indefinido cargándome y envolviéndome en un túnel frio. Despierto en mi cama, no sé cómo llegué a mi recamara, solo sé que estoy aquí y que sentada frente a mí esta una figura de cabellos blancos y mechones azules, una figura femenina de piernas largas que emite un canturreo penoso.  Sé que estoy en mi apartamento, todo sigue como la noche anterior, mis libros sobre la mesa de noche, mi pijama en el suelo, la pintura en la que estaba trabajando sigue ahí, en su lugar.  Puedo ver que todo, absolutamente todo está en el mismo sitio como cuando desperté en la mañana para ir a trabajar.

Miro con asombro y pánico a esa mujer inmóvil que tararea, hay algo en ella que me parece familiar y me provoca tal pavor que se me eriza la piel.  La mujer   me mira pero, en su rostro no hay   expresiones. Empiezo a temblar, mi cuerpo se sacude de a poco y luego cada vez más fuerte sin poder controlarlo, observo cómo mi vientre crece sin explicación alguna.

Siento un algo dentro de mi cuerpo, ese algo en mis adentros comienza a morderme las entrañas, advierto sus uñas puntiagudas hiriéndome y pateando con fuerza como queriendo romper el cascarón que lo   sofoca. El dolor es insoportable, de mis piernas chorreaba un río gelatinoso y sanguinolento. Yo grito, mis gritos desorientados parecen no tener resonancia o, al menos parecen no perturbar   a la mujer   que sigue inmóvil a mis pies, en la misma posición, sentada con sus ojos clavados en mi cuerpo deforme. Pido ayuda, lloro, me retuerzo en la cama pero mi cuerpo está pegado como un imán, mis caderas se ensanchan, los huesos crujen cric crac, cric crac a medida que ese algo trata de salir al mundo. Sudo, mi sudor es un caudal pesaroso que se invade toda mi piel, mis órganos se descuelgan de a pedazos por el dolor, -eso creo– , de pronto mi respiración se anuda en un solo pujo involuntario expulsando un cuerpo cetrino, de ojos grises que rápidamente se escurre como una babosa. Los    chillidos ensordecedores me aturden, pero bajan su tono cuando ese ser inalterable de piernas largas sentada a mis pies lo envuelve con unas sabanillas que ha sacado del bolsillo de su vestido. Estoy petrificada por el miedo y el cansancio, percibo un vaho a manglar recorre la estancia y las náuseas se apoderan de mí otra vez, sin embargo no puedo expulsar nada, son solo arcadas, son continuas y en intervalos traen consigo otro olor, uno que me recuerda a Gideon, el hombre seductor, de sonrisa blanca, grande, de nariz recta, de manos suaves y piel mediterránea que se viste de Armani y que lleva meses pasando una noche si y otra no conmigo.

 Su olor es ese, olor a dulce y a sal, olor a raíz, a aroma tropical, a nostalgia y a ansiedad.  Pero de dónde viene?, de mis sábanas?, de mis pijamas?  –me pregunto desorientada entre la conmoción de mis pensamientos-

La mujer de cabellos blancos y mechones azules ha dejado a ese algo que salió de mi sobre el sillón de tapiz bizantino al otro lado de la habitación, lentamente   se acerca a mí , se acerca tanto que posa su boca se en mi boca . El sabor de sus labios son los de Gideon, cierro los ojos y lágrimas robustas corren por mis mejillas, trato de respirar calmadamente pero no puedo. He  cerrado  los ojos para comprobar que estoy soñando, lamentablemente cuando vuelvo a abrirlos me miro en la vista de lince amarilla de mi amante ocasional. – Me estoy volviendo loca, es una pesadilla me digo a mi misma – Ella, se pega a mi como una sanguijuela,   siento su aliento hueco y caliente mientras mi corazón se comprime secándose como una uva al sol. No tengo el valor suficiente para separarla de mí,    me doblego ante su fuerza invisible.  M e dejo ir hundiéndome en mis pensamientos, hundiéndome en mi sombra multicolor reflejada en el mesón y mi taza dorada con café humeante.  Los labios extraños se alejan y a medida que me vuelvo más liviana, una voz conocida me susurra – gracias, me has regalado tu alma y un hijo – . En mi último aliento, ya sin fuerzas, observo Gideon vestido de Armani, llevándose a la criatura cetrina y chillona despidiéndose a la distancia con aquella mirada impenetrable y misteriosa que me conquisto.

Tienen todo el mes de enero para participar.

Conocé más sobre el autor y su obra en: https://lordalceblog.wordpress.com/

Más sobre el concurso: Concurso Enero – La sombra dorada

*Recuerden respetar el anonimato

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