La rebelión de los zuecos

Años, no… décadas atrás, apreciaba los pies de mi madre y lloraba. No lo hacía particularmente por el rechazo inminente que cualquier pie mal formado despierta en cualquier cerebro trastornado, pues la genética había beneficiado a mi madre con la mejor estructura ósea dentro de la familia en cuanto a pies hablamos; lloraba porque vestía con unos zuecos blancos de suela de madera y agujeros diminutos. Eran un espanto.

Años, no… décadas después, cuando la moda de los 90 había (por suerte) quedado en la memoria, conozco, por un evento desafortunado de la vida cotidiana (ir de compras), una tienda de zapatos que además de alpargatas, sandalias, botas y que sé yo, ofrecía un objeto inerte, de goma y mal formado, que automáticamente catalogué como otro de los más grandes fracasos de la moda, y esperé que desaparecieran en no más de una temporada, ¿quién mierda iba a comprar un zueco, y de goma?

Una temporada más tarde, las famosas crocs no solo se habían diseminado de tienda en tienda, a cual modelo matemático de propagación de bacterias, sino que, a la siguiente temporada, ya disponían de local propio y habían en colores, formatos, estampados y gomas diferentes…

Definitivamente las crocs habían conquistado al mundo, pero no a mí.

Y yo aquí preguntándome… ¿no les saca olor a pata?

83 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s