La Medialuna

Ninguno de los andaba de buen humor, tiempo teníamos de sobra y considerando las variables, pensé sería buena idea sentarse unos 20 minutos en un bar conocido que malo por conocer. Mis variables: 1. Tiempo de espera 2. Calefacción 3. Calidad 4. Atención 5. Limpieza. Nos sentamos en uno de esos lugares característicos de la ciudad que a falta de originalidad se ponen nombre de monumento cosa que sirva como recurso mnemotécnico.

-Buenas, ya sabemos lo que vamos a ordenar, tres panchos, dos con muzzarella y uno con panceta. Para ella una medialuna.

-Para tomar?

-Coca y sprite.

Como si el mundo conspirara en mi contra…, al segundo cubiertazo encuentro un trozo de nylon entre el pan de mi medialuna y el jamón, allí a la vista de un pueblo, no quiero decir que era enorme porque estaría exagernado, era grande transparente y brillaba, con eso me bastaba. Indignada, levanté  la mano a dos dedos cual adolescente en concierto.

-Disculpame

-Si?

-Te podrías llevar ésto por favor, lo único que te pido es que no me la cobres. Traeme la cuenta.

-“Le pido disculpas, hay algo más que le pueda ofrecer? un postre a cuenta de la casa?” Esto fue lo que el imberbe tendría que haber dicho en vez de desaparecer como mago en escena.

P.D.: Estaban ricos los panchos.

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