Día de Perros

Estaba ya lejos de casa, donde las cuadras cuentan como dos…precisamente a 4 cuadras, cuando recordé que no había dejado el cargador de backup en el trabajo, seguí caminando con la intención de hacer caso omiso a mi memoria y continuar con mi día, pero lo necesitaba. Cuatro cuadras después tenía el cargador en mi cartera.

Una cuadra más tarde comenzó a llover, no quise mirar hacía arriba, más bien lo hice al horizonte, me negaba a ver la nube negra que me acompañaba ya desde entonces. Volví en busca del paraguas. Cuando salí ya no llovía.

Tras las primeras cuatro horas de trabajo, mi notebook me fue inútil, no había código que me saliera, decidí dejarla.

Las siguientes tres horas dilucidaron lo que internamente ya sabía, el cargador no me hubiera hecho falta, no me hizo falta. Con los ojos en las últimas dos horas de carga, tomé mi cartera y de todas formas saqué el cargador.

Advirtiendo que estaba teniendo un día absurdo, fuimos a comprar ropa. El sistema de la tienda había caído. 20 minutos más tarde nos fuimos.

Al menos quería comer al rico, ansiaba terminar con la racha del día. No pasó por mi mente sortearme el lugar donde comer, mejor malo conocido que bueno por conocer. No creo que volvamos a ir.

Cien metros después llovía, no me gasté en abrir el paraguas, tampoco mi acompañante lo creyó necesario, tal vez debía mojarme o mojarnos.

El coche que nos trajo de regreso era el más incómodo de la cuadra.

12 km después estabamos en casa…por suerte.

Un día de perros.

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